domingo, 13 de mayo de 2018

A 101 AÑOS DE LA ÚLTIMA MANIFESTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA A LA HUMANIDAD OCURRIDA EN FÁTIMA PORTUGAL


Hoy Domingo 13 de Mayo se conmemora los 101 años de los prodigiosos acontecimientos ocurridos en Fátima pequeña localidad de Portugal, cuando la Virgen María se presentó a los tres pequeños visionarios pastorcitos.
Decimos que estas fueron las últimas manifestaciones de la Virgen María, ya que así lo cree la Santa Iglesia de Dios; después de estos acontecimientos marianos, ocurrido en 1917 ya  la Santísima Virgen no se ha manifestado a la humanidad, puede ser, lo más probable, porque no se ha obedecido ni hecho caso alguno a sus pedidos, y que ni el Papa Pío XI, ni el Papa Pío XII cumplieron  de consagrar a Rusia a su Inmaculado Corazón, para que no se esparcieran los errores marxistas y materialistas ateos por el resto del mundo; tampoco la humanidad obedeció al pedido del rezo del Santo Rosario para conseguir la paz del mundo.
Desde este humilde blog queremos dejar en claro que todas las "consagraciones" que se han hecho son todas nulas y falsas 1° por haber sido hechas por impostores y no Papas católicos y 2° porque nadie lo ha realizado según el pedido de Nuestra Señora.
También queremos dejar en claro que la Virgen no se ha manifestado más después de los acontecimientos de Fátima, así lo confirma la Santa Iglesia de Dios. Por lo tanto todas las otras manifestaciones que han salido a la luz, son falsas o de ser verdad, son diabólicas ya que son ambiguas y presentan a la Virgen como una charlatana, embaucadora y reconocedora del sexteto de pseudos-papas- del Vaticanos Segundo;  -caso San Nicolas de los Arroyos en Argentina- Garabandal España, Akita en Japón, Medjugorje en Bosnia y así, cientos de manifestaciones falsas.


ORACIÓN 
A LA VIRGEN DE FÁTIMA

Oh Virgen Santísima, Vos os aparecisteis repetidas veces a los niños; yo también quisiera veros, oír vuestra voz y deciros: Madre mía, llevadme al Cielo. Confiando en vuestro amor, os pido me alcancéis de vuestro Hijo Jesús una fe viva, inteligencia para conocerle y amarle, paciencia y gracia para servirle a Él a mis hermanos, y un día poder unirnos con Vos allí en el Cielo.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Madre mía también os pido por mis padres, para que vivan unidos en el amor; por mis hermanos, familiares y amigos, para que viviendo unidos en familia un día podamos gozar con Vos en la vida eterna.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Os pido de un modo especial por la conversión de los pecadores y la paz del mundo; por los niños, para que nunca les falten los auxilios divinos y lo necesario para sus cuerpos, y un día conseguir la vida eterna.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Oh Madre mía, sé que escucharás, y me conseguirás estas y cuantas gracias te pida, pues las pido por el amor que tienes de tu Hijo Jesús. Amén.
¡Madre mía, aquí tienes a tu hijo, sé tu mi Madre!
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

3 comentarios:

  1. "No debemos esperar un lla­mado al mundo que venga de Roma, de parte del Santo Padre, para hacer penitencia. Ni debemos esperar que el llamado a penitencia venga de los Obispos de nuestras diócesis, ni de las congregaciones religiosas. ¡No! Nuestro Señor ya ha usado muy a menudo estos medios y el mundo no ha prestado atención. Por eso ahora es necesario a cada uno de nosotros comenzar a reformarnos espiritualmente. Cada persona debe, no solamente salvar su propia alma, sino también todas las almas que Dios ha puesto en su camino...."

    Sor Lucía, vidente de Fátima, al P. Agustín Fuentes, 26 de diciembre de 1957

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  2. Alejandro Miranda14 de mayo de 2018, 6:43

    PRIMERA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN FÁTIMA, 13 DE MAYO DEL AÑO 1917 Relato de Sor Lucía, vidente de Fátima

    Estando jugando con Jacinta y Francisco en lo alto, junto a Cova de Iría, haciendo una pared de piedras alrededor de una mata de retamas, de repente vimos una luz como de un relámpago.

    –Está relampagueando –dije–. Puede venir una tormenta. Es mejor que nos vayamos a casa.

    –¡Oh, sí, está bien! –contestaron mis primos.

    Comenzamos a bajar del cerro llevando las ovejas hacia el camino. Cuando llegamos a menos de la mitad de la pendiente, cerca de una encina, que aún existe, vimos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos más vimos sobre la encina una Señora vestida de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos más ardientes del sol.

    Nos paramos, sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella irradiaba, tal vez a metro y medio de distancia. Entonces la Señora nos dijo:

    –No tengáis miedo. No os hago daño.

    Yo la pregunté:

    –¿De dónde es usted?

    –Soy del cielo.

    –¿Qué es lo que usted me quiere?

    –He venido para pediros que vengáis aquí seis meses seguidos el día 13 a esta misma hora. Después diré quién soy y lo que quiero. Volveré aquí una séptima vez.

    Pregunté entonces:

    –¿Yo iré al cielo?

    –Sí, irás.

    –¿Y Jacinta?

    –Irá también.

    –¿Y Francisco?

    –También irá, pero tiene que rezar antes muchos Rosarios.

    Entonces me acordé de preguntar por dos niñas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías y solían venir a casa para aprender a tejer con mi hermana mayor.

    –¿Está María de las Nieves en el cielo?

    –Sí, está.

    Tenía cerca de dieciséis años.

    –¿Y Amelia?

    –Pues estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.

    Me parece tenía entre dieciocho y veinte años.

    –¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

    –Sí, queremos.

    –Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios os fortalecerá.

    Diciendo estas palabras, la gracia de Dios, etc., la Virgen abrió sus manos por primera vez, comunicándonos una luz muy intensa que parecía fluir de sus manos y penetraba en lo más íntimo de nuestro pecho y de nuestros corazones, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior que nos fue comunicado también, caímos de rodillas, repitiendo humildemente:

    –Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento.

    Después de pasados unos momentos Nuestra Señora agregó:

    –Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra.

    Acto seguido comenzó a elevarse serenamente subiendo en dirección al Levante hasta desaparecer en la inmensidad del espacio. La luz que la circundaba parecía abrirle el camino a través de los astros, motivo por el que algunas veces decíamos que vimos abrirse el cielo.

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  3. La Santísima madre, el primer cristiano, el primer santo, el primer tabernáculo humano de Dios.

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