jueves, 28 de mayo de 2026

(PRESO POR EL SEÑOR) P. Christian von Wernich 25 mayo 2026


Frente a la reciente negativa judicial a las salidas transitorias que legalmente me corresponden por el tiempo de condena cumplido, deseo expresar cómo vivo esta realidad en mi cautiverio.
"Yo, pues, preso por el Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados..." (Efesios 4,1)
Al contemplar las palabras de San Pablo desde su celda en Roma, encuentro un eco profundo que da sentido a cada uno de mis días. No es la circunstancia física la que define mi existencia, sino la libertad interior que nace de la entrega voluntaria a la voluntad de Dios. Tras 22 años continuos de cautiverio, puedo dar testimonio de que las paredes no silencian el llamado, sino que lo acrisolan. En este tiempo, he descubierto que vivir de manera digna de la vocación recibida no depende de dónde se encuentren nuestros pies, sino de hacia dónde apunta el corazón.
Esta entrega se manifiesta hoy con una intensidad particular, mientras transito mis 89 años de vida. A pesar de mi avanzada edad y de una limitación motriz debidamente certificada por el Ministerio de Salud de la Nación, mi permanencia en estas condiciones no es un accidente del destino, sino la consecuencia de una respuesta firme a los designios de Aquel que me llamó por mi nombre. Decir "sí" cada mañana, en medio de la limitación física y el aislamiento, es la forma más pura de ejercer la libertad que Cristo nos ganó.
En la quietud prolongada de este tiempo, el silencio se ha transformado en un lugar sagrado de intercesión. Elevo mi oración especialmente por mis hermanos sacerdotes, en sus distintas responsabilidades y jerarquías, tanto de mi querida Argentina como del mundo entero.
Rezo por aquellos que no perdonan, por los que discriminan, por los que callan su fe por temor y por quienes excluyen debido a razones políticas. Pero, de manera muy especial, ofrezco mi oración por los miembros de mi propia "familia diocesana" que, en estos 22 años, han olvidado que tienen un hermano, ya anciano, preso. Aun en medio de este olvido fraterno, mi oración los abraza, pidiendo al Señor que sane la ceguera de quienes me niegan en la hermandad sacerdotal y olvidan que la misericordia debe ser el primer fruto de nuestro ministerio.
Bien sabemos que, para el juicio del mundo, los presos somos considerados un desecho, parias marcados por un estigma y una exclusión que persiste incluso después del cumplimiento de las penas. Sin embargo, mi sacerdocio no se detiene ante el desprecio ni ante el olvido de mis pares. Al mirar hacia atrás, no me invade la amargura, sino una profunda gratitud por la fidelidad de Dios, quien —a diferencia de los hombres— nunca me ha dejado solo. Mi compromiso sigue firme, con el corazón puesto en la promesa de Aquel que nos llamó a la luz. Al final de la jornada, lo único que permanece es el amor con el que respondemos al llamado, sabiendo que, aunque estemos presos por el Señor y olvidados por los hermanos, en Él somos verdaderamente libres para siempre.
Frente a la resolución del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata y de la Sala 1 de la Cámara Federal de Casación Penal, quiero concluir este testimonio con una solicitud, un agradecimiento, un recordatorio y una exhortación:
Solicitar: A María Santísima, nuestra Madre Universal, y a Jesucristo, Nuestro Dios y Señor, les pido que protejan y bendigan a los miembros de mi "familia de sangre" mis hermanos y hermanas y a sus respectivas familias quienes han debido soportar durante todos estos años escraches, insultos y persecuciones debido a mi situación de detención. Su presencia constante y sus visitas carcelarias, a pesar de las distancias, son un sostén invaluable.
Agradecer: A todos los que diariamente oran por nosotros y a los amigos que nos visitan y acompañan. El Señor los bendice y cuida, pues han respondido a Su mandato: "...estuve preso y me visitasteis" (Mt 25,36).
Recordar a mis hermanos en el ministerio sacerdotal: Deseo hacerles llegar esta reflexión con la esperanza de que el Espíritu Santo guíe sus responsabilidades pastorales, buscando siempre que sus acciones se orienten «para la mayor gloria del Señor». En este espíritu de fraternidad, hago un llamado a la conciencia sobre mi situación actual. Es fundamental recordar que ningún hijo de Dios, y menos aún un sacerdote, debe ser tratado bajo la lógica del "descarte". Mi proceso judicial no ha sido ajeno a las influencias políticas que —como es de público conocimiento— suelen condicionar el accionar de la justicia. Hago un respetuoso pero firme énfasis en que el juicio sobre los hombres debe ceñirse estrictamente a la ley escrita y no a interpretaciones libres influenciadas por contextos coyunturales. La fidelidad a la verdad y al derecho es, también, una forma de dar gloria a Dios.
Exhortar a los miembros del Poder Judicial: Es imperativo recordar a quienes hoy ejercen la magistratura que toda autoridad humana es transitoria. Al final del camino, cada uno deberá comparecer ante el tribunal de Aquel que es «fuente de toda razón y justicia: Dios Nuestro Señor». A diferencia de los tribunales de la tierra, la sentencia del Creador posee un carácter definitivo y perpetuo; ante ella no existen instancias de apelación ni recursos posibles. En ese momento de verdad absoluta, cualquier hombre de leyes esperaría ser juzgado bajo el rigor de la justicia objetiva y la ley escrita, y no bajo el arbitrio de decisiones cuya motivación sea más política que legal. Quienes hoy juzgan deben tener presente que la integridad de sus sentencias actuales será la medida con la que serán evaluados mañana. La verdadera justicia no se interpreta según las conveniencias de turno, sino que se aplica con la mirada puesta en la eternidad.
Agradezco el tiempo dedicado a la lectura de este escrito. Es la primera vez que comparto lo que sentí frente a una negativa judicial. Toda la historia de lo vivido durante mi capellanía en la Policía de la Provincia de Buenos Aires está escrita y depositada en una escribanía. Quien es el depositario de ese material tiene la autorización para hacerla pública diez (10) años de mi fallecimiento y cremación. Son "mis memorias" de lo que se puede contar teniendo presente "el secreto profesional" que tenemos los sacerdotes y que no se puede violar. Hubo una película, muchos años atrás, que era la historia de un sacerdote condenado por "no revelar secretos de confesión". El título de esa película es "Mi secreto me condena" .Tiene, me parece, unos 70 años o más de proyectada por primera vez.
Recordando que la oración por la Patria comienza: «Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos», lo invoco para que los bendiga y proteja ahora y siempre.
En El, con El y por Él, los saluda,
P. Christian von WERNICH
Unidad Penal 34 - Campo de Mayo (B)
Mayo 25 de 2026

jueves, 21 de mayo de 2026

CONOCIDO SACERDOTE VATICANISTA DECLARA QUE: FSSPX HACE LO CORRECTO EN CONSAGRAR OBISPOS ESTE PRIMERO DE JULIO EN ECONE SUIZA



Por: Specola
Don Murr, reconocido sacerdote y escritor, colaborador del cardenal Gagnon (autor del conocido —y ahora desaparecido— informe sobre la infiltración de la masonería en el Vaticano), concedió una entrevista a La Fe de la Iglesia , traducida por Claudio Forti y editada por Aldo Maria Valli . «Aunque no pertenezco a la Sociedad de San Pío X, les digo abierta y libremente que estoy de acuerdo con ellos . Y lo digo por una razón muy importante. Uno de sus obispos afirmó que «la Iglesia hoy está en crisis a nivel litúrgico, doctrinal y moral». Y yo digo que quienes no creen que la Iglesia esté en crisis no tienen ojos para ver ni oídos para oír. Porque es evidente. Hasta un ciego puede verlo. Estamos en una grave crisis, y cuando uno se encuentra en un estado de emergencia como el actual, la Sociedad de San Pío X debe continuar con su labor. La ley suprema de la Iglesia Católica, y también del derecho canónico, es el bien de las almas, su salvación. Y lo que la FSSPX está haciendo por la salvación de las almas en esta situación de emergencia es hacerlo bien. ¿Estamos o no estamos en estado de crisis? ¡Por supuesto! Por lo tanto, la consagración de obispos por la Sociedad es totalmente correcta».

«¡Los lefebvristas son atacados porque son católicos, punto! ¡ Así de simple! Además, conozco a muchos sacerdotes de la Sociedad de San Pío X, y puedo asegurarles que son los hombres más moderados que puedan imaginar. Al conversar con ellos, he notado que tienen un gran sentido del humor, nada resentidos. No son rígidos, ni iracundos, ni están morbosamente apegados a la tradición. ¡No, son católicos! El problema es que el mundo actual ya no sabe qué es el catolicismo. Por eso no lo reconoce. Aquí donde vivo, en España, estoy impartiendo un curso de ejercicios espirituales a sacerdotes destituidos por sus obispos. Han perdido sus parroquias, y a uno lo despidieron de su puesto de profesor universitario simplemente por defender la postura católica tradicional en sus homilías. Otro dijo que en conciencia no podía bendecir a parejas del mismo sexo, y al día siguiente recibió una suspensión de su arzobispo y cardenal, con prohibición de predicar. ¿Cuál fue su error? No exagero. Su error fue defender con vehemencia la doctrina tradicional de la Iglesia. Conozco muchos casos similares. Y así vemos claramente la crisis en la que nos encontramos».

«No sé si alguna vez te he contado la experiencia que tuvo el Cardenal Gagnon, mi gran amigo, en su encuentro con la Sociedad. En 1988, Juan Pablo II lo envió a Écône, Suiza, para hablar con el Arzobispo Lefebvre y pedirle que no consagrara a los cuatro obispos. El mes siguiente a ese encuentro, el Cardenal Gagnon se quedó conmigo una semana y me contó su experiencia. Me dijo que el Arzobispo Lefebvre le respondió al Papa: «No puedo». ¿ Y sabes lo que añadió el Cardenal Gagnon? «¿Crees que lo regañé?». No, le dijo: «Tienes razón. Tienes razón al no confiar en mí». Y cuando le pregunté a Gagnon qué impresión le había causado la visita apostólica al seminario de Écône, dijo: «Ejemplar. Podría ser un modelo».

miércoles, 6 de mayo de 2026

NOS HICIERON CREER QUE EL MIEDO ERA PROTECCIÓN... PERO QUIZÁ SOLO ERA LA LLAVE



Primero crean la amenaza.
Después activan el protocolo.
Y entonces la gente entrega voluntariamente derechos que jamás habría cedido por la fuerza.
Ahora hablan de nuevos virus, controles sanitarios globales y “seguridad internacional”.
Pero pocos se están dando cuenta de lo que realmente cambia detrás del escenario.
Porque bajo una “emergencia sanitaria”, un barco puede ser detenido, inspeccionado o bloqueado sin que se considere un acto de guerra.
Lo que antes habría provocado un conflicto internacional… ahora se acepta como “prevención”.
Y ahí está el verdadero experimento:
comprobar hasta dónde llega la obediencia cuando el miedo domina la mente colectiva.
Imagínalo:
ningún barco circula sin autorización,
ninguna mercancía pasa sin inspección,
ningún país recibe suministros sin el famoso “sello verde”.
Todo bajo la palabra mágica:
“protección”.
La pregunta no es si el virus existe o no.
La pregunta es:
¿qué nivel de control aceptaríamos otra vez por miedo a lo invisible?
Guarda este post.
Porque los cambios grandes siempre empiezan disfrazados de ayuda.

PARA SER REALMENTE CONFIABLE EL SEÑOR SCHNEIDER DEBERÍA PEDIR A ALGÚN OBISPO CATÓLICO QUE LO ORDENE SACERDOTE Y SI DESEA QUE LO LLAMEN MONSEÑOR, DEBERÍA HACERSE CONSAGRAR OBISPO


Desde el anuncio de las consagraciones previstas en Écône para el 1 de julio de 2026, Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana (Kazajistán), se ha distinguido por varias intervenciones en favor de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Nuevamente, a finales de marzo, lamentó los ataques de los que es objeto la obra de Mons. Marcel Lefebvre por parte de comunidades ex Ecclesia Dei. Declaró que esta actitud malintencionada le recordaba la «situación que San Basilio el Grande describe —en el siglo IV, durante la crisis arriana— como un combate naval nocturno, en medio de la niebla, en el que, en lugar de atacar a los barcos enemigos, los buenos terminan atacándose entre sí». Y añadió: «Considero que nuestra situación es la misma. ¿Por qué la Fraternidad Sacerdotal San Pedro u otras deberían atacar públicamente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, amenazarla, calificarla de cismática?» En su opinión, las comunidades ex Ecclesia Dei deberían más bien pedir al Papa que conceda el mandato apostólico para estas consagraciones episcopales, «pero en lugar de eso, atacan. Y corren el riesgo de pasar a la historia como aquellos a quienes San Basilio describía, en plena crisis, atacando a sus propios hermanos». El prelado comparte el diagnóstico de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X sobre el estado de necesidad en la Iglesia. Afirma así, sin rodeos: «Asistimos a una situación casi apocalíptica: propagación de herejías, legitimación de comportamientos contrarios a la ley natural, sincretismo religioso, indiferentismo, atentados contra la disciplina sacramental y el celibato sacerdotal, sacrilegios y pérdida de la fe. Y esto, en ocasiones, con la implicación de miembros del clero en niveles jerárquicos elevados». En esta situación dramática, ve con razón un peligro para la ley suprema que rige la Iglesia: salus animarum suprema lex, es decir, el bien de las almas. Considera que las consagraciones previstas buscan precisamente el bien de la Iglesia y de las almas. Las comunidades ex Ecclesia Dei minimizan este estado de necesidad o lo silencian, prefiriendo desacreditar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y condenar las consagraciones. Sin embargo, estas comunidades están lejos de ser unánimes, pues el estado de necesidad se ha agravado desde las consagraciones de 1988. Algunos de sus miembros y fieles —víctimas de decisiones episcopales a raíz de Traditionis Custodes— no están convencidos por este quietismo o este silencio. En la práctica, padecen la situación de precariedad en la que los mantiene el arbitrio de muchos obispos. De este modo, la «batalla naval nocturna en medio de la niebla», descrita por San Basilio, no afecta solo a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sino también a los miembros y fieles de las comunidades ex Ecclesia Dei que se niegan a ser aduladores ante estos prelados que los gobiernan con una paternidad severa. Cuando amanezca y la niebla se disipe, se verán daños fratricidas… donde menos se esperaban.
 Padre Alain Lorans