OBISPO VIGANÒ / CRISTO ES REY. MENSAJE A LOS JÓVENES CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES
SURGE LA EVIDENCIA DE UN ÚNICO GUIÓN BAJO UNA ÚNICA DIRECCIÓN, ESCRITO POR QUIENES NO OCULTAN SU DESEO DE DESPOBLAR EL PLANETA Y ESCLAVIZAR A LA PARTE RESTANTE DE LA HUMANIDAD
ENCONTRAMOS UNA JERARQUÍA CATÓLICA QUE PROPAGA ERRORES DOCTRINALES Y MORALES, PONIENDO EN PELIGRO LA VIDA ETERNA DE LOS FIELES; Y GOBIERNOS QUE DESTRUYEN EL TEJIDO SOCIAL DE LAS NACIONES Y PERSIGUEN A SUS PROPIOS CIUDADANOS, FOMENTANDO LA INMIGRACIÓN, LA DELINCUENCIA, LA PERVERSIÓN DE LA MORAL A TRAVÉS DE LA HOMOSEXUALIDAD Y LA IDEOLOGÍA LGBTQ+, EL EMPOBRECIMIENTO DE LAS FAMILIAS Y LAS EMPRESAS, Y EL CONTROL DE LAS MASAS.
LA RAZÓN ES EL ABANDONO DE DIOS EN NOMBRE DE UNA HERMANDAD QUE NIEGA Y RECHAZA SU PATERNIDAD DIVINA
Queridos amigos:
Es una alegría para mí poder dirigirme a ustedes, reunidos en Tampa con figuras del mundo católico tradicional. Muchos de ustedes conocen bien la grave crisis institucional que estamos viviendo, tanto en el ámbito civil como en el eclesiástico. Es desde las más altas esferas de las autoridades estatales y eclesiásticas desde donde comienza el ataque contra los ciudadanos y los fieles, un cambio de rumbo en sus propios objetivos. Otros viven estos momentos con consternación, aún incrédulos de que quienes ostentan la autoridad puedan actuar a sabiendas para destruir las instituciones que presiden. Hay quienes, especialmente entre los llamados "moderados", aún creen que las acciones de políticos y obispos son fruto de la inexperiencia, la ingenuidad o la incomprensión. Sin embargo, apenas unos años después del inicio de la farsa psicopandémica que marcó una fase crucial de este ataque, surge la evidencia de un único guión bajo una única dirección, escrito por quienes no ocultan su deseo de despoblar el planeta y esclavizar a la parte restante de la humanidad.
Este guion no distingue entre el mundo secular y el eclesiástico: abarca dos esferas de la vida que el pensamiento liberal y anticatólico ha separado artificialmente. En el orden social cristiano, la Iglesia y el Estado están sujetos a la autoridad suprema de Dios, autor de la naturaleza y de la Gracia, quien ha establecido que la Iglesia asegurará la santificación de sus miembros para la salvación eterna, y que el Estado asegurará a sus ciudadanos una vida ordenada, próspera y segura. Es, de hecho, Cristo mismo, a través de sus vicarios terrenales, quien ejerce su realeza en la sociedad civil y su sumo sacerdocio en la sociedad eclesiástica.
La Revolución ha trastocado estos objetivos: encontramos una jerarquía católica que propaga errores doctrinales y morales, poniendo en peligro la vida eterna de los fieles; y gobiernos que destruyen el tejido social de las naciones y persiguen a sus propios ciudadanos, fomentando la inmigración, la delincuencia, la perversión de la moral a través de la homosexualidad y la ideología LGBTQ+, el empobrecimiento de las familias y las empresas, y el control de las masas.
Esta traición solo pudo ocurrir por una razón, que, lamentablemente, la mentalidad contemporánea no comprende, tras haber sido adoctrinada por siglos de ideologías antihumanas y anticristianas. La razón es el abandono de Dios en nombre de una hermandad que niega y rechaza su paternidad divina; el abandono de Nuestro Señor Jesucristo, Rey y Pontífice, a quien las sociedades terrenales —Estado e Iglesia— le han arrebatado la corona y el cetro, con la ilusión de que puede haber paz, armonía y prosperidad donde reina Satanás.
Si deseáis actuar como católicos y estadounidenses dignos de ese nombre, debéis tener clara vuestra responsabilidad ante Dios: librar su batalla diaria para conquistar el Cielo. Una batalla en la que el Señor os proporciona las armas espirituales necesarias para ganar: la vida en estado de gracia, la oración, la frecuentación de los sacramentos, el Santo Sacrificio de la Misa, las buenas obras.
Que Cristo reine en vuestros corazones. Sed sus fieles guerreros, dispuestos a sacrificarse para servirle y triunfar con él. No permitáis que vuestras mentes se contaminen con los errores del mundo, ni vuestras voluntades con compromisos morales con el mal. Si perteneceis totalmente a Dios, será gracias a vosotros que Él se dignará renacer en vuestras comunidades y patria. Actúad con valentía, dice el Salmo: comportaos como hombres. Que vuestra rectitud y honor os hagan dignos testigos del Bautismo que habéis recibido.
Os bendigo a todos: In Nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amén.
+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
17 de enero de MMXXVI
S.cti Antonii Abbatis

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