miércoles, 6 de mayo de 2026

NOS HICIERON CREER QUE EL MIEDO ERA PROTECCIÓN... PERO QUIZÁ SOLO ERA LA LLAVE



Primero crean la amenaza.
Después activan el protocolo.
Y entonces la gente entrega voluntariamente derechos que jamás habría cedido por la fuerza.
Ahora hablan de nuevos virus, controles sanitarios globales y “seguridad internacional”.
Pero pocos se están dando cuenta de lo que realmente cambia detrás del escenario.
Porque bajo una “emergencia sanitaria”, un barco puede ser detenido, inspeccionado o bloqueado sin que se considere un acto de guerra.
Lo que antes habría provocado un conflicto internacional… ahora se acepta como “prevención”.
Y ahí está el verdadero experimento:
comprobar hasta dónde llega la obediencia cuando el miedo domina la mente colectiva.
Imagínalo:
ningún barco circula sin autorización,
ninguna mercancía pasa sin inspección,
ningún país recibe suministros sin el famoso “sello verde”.
Todo bajo la palabra mágica:
“protección”.
La pregunta no es si el virus existe o no.
La pregunta es:
¿qué nivel de control aceptaríamos otra vez por miedo a lo invisible?
Guarda este post.
Porque los cambios grandes siempre empiezan disfrazados de ayuda.

PARA SER REALMENTE CONFIABLE EL SEÑOR SCHNEIDER DEBERÍA PEDIR A ALGÚN OBISPO CATÓLICO QUE LO ORDENE SACERDOTE Y SI DESEA QUE LO LLAMEN MONSEÑOR, DEBERÍA HACERSE CONSAGRAR OBISPO


Desde el anuncio de las consagraciones previstas en Écône para el 1 de julio de 2026, Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana (Kazajistán), se ha distinguido por varias intervenciones en favor de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Nuevamente, a finales de marzo, lamentó los ataques de los que es objeto la obra de Mons. Marcel Lefebvre por parte de comunidades ex Ecclesia Dei. Declaró que esta actitud malintencionada le recordaba la «situación que San Basilio el Grande describe —en el siglo IV, durante la crisis arriana— como un combate naval nocturno, en medio de la niebla, en el que, en lugar de atacar a los barcos enemigos, los buenos terminan atacándose entre sí». Y añadió: «Considero que nuestra situación es la misma. ¿Por qué la Fraternidad Sacerdotal San Pedro u otras deberían atacar públicamente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, amenazarla, calificarla de cismática?» En su opinión, las comunidades ex Ecclesia Dei deberían más bien pedir al Papa que conceda el mandato apostólico para estas consagraciones episcopales, «pero en lugar de eso, atacan. Y corren el riesgo de pasar a la historia como aquellos a quienes San Basilio describía, en plena crisis, atacando a sus propios hermanos». El prelado comparte el diagnóstico de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X sobre el estado de necesidad en la Iglesia. Afirma así, sin rodeos: «Asistimos a una situación casi apocalíptica: propagación de herejías, legitimación de comportamientos contrarios a la ley natural, sincretismo religioso, indiferentismo, atentados contra la disciplina sacramental y el celibato sacerdotal, sacrilegios y pérdida de la fe. Y esto, en ocasiones, con la implicación de miembros del clero en niveles jerárquicos elevados». En esta situación dramática, ve con razón un peligro para la ley suprema que rige la Iglesia: salus animarum suprema lex, es decir, el bien de las almas. Considera que las consagraciones previstas buscan precisamente el bien de la Iglesia y de las almas. Las comunidades ex Ecclesia Dei minimizan este estado de necesidad o lo silencian, prefiriendo desacreditar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y condenar las consagraciones. Sin embargo, estas comunidades están lejos de ser unánimes, pues el estado de necesidad se ha agravado desde las consagraciones de 1988. Algunos de sus miembros y fieles —víctimas de decisiones episcopales a raíz de Traditionis Custodes— no están convencidos por este quietismo o este silencio. En la práctica, padecen la situación de precariedad en la que los mantiene el arbitrio de muchos obispos. De este modo, la «batalla naval nocturna en medio de la niebla», descrita por San Basilio, no afecta solo a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sino también a los miembros y fieles de las comunidades ex Ecclesia Dei que se niegan a ser aduladores ante estos prelados que los gobiernan con una paternidad severa. Cuando amanezca y la niebla se disipe, se verán daños fratricidas… donde menos se esperaban.
 Padre Alain Lorans