sábado, 17 de diciembre de 2016

ALGUNAS IMÁGENES DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL Y DIACONAL DE ESTE SÁBADO 17 DE DICIEMBRE EN EL SEMINARIO VIRGEN CORREDENTORA PERTENECIENTE A LA SSPX















7 comentarios:

  1. Tanto los edificios como la liturgia son realmente hermosos, pero eso no sirve de nada si falta lo esencial que es la Fe.

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  2. Así es Thomas Waibel y no es el caso de esta institución, por lo menos hasta que las autoridades no arreglen con la Roma apóstata.
    Nosotros creemos que es más la propaganda negativa que se le hace, de los ex-miembros y que por gracia de Dios se fueron o los fueron y que tanto daño han hecho a la FSSPX, llámese Ceriani, Méramo, Morello, Cardozo y muchos otros, personajes con mucha negatividad y fracasados de la fe.
    Da gusto ir ahora a la Reja, la caridad con que te atienden y reciben, cero celo amargo y sectarismo; no te andan señalando con el dedo si sos sedevacante, ecclesia Dei o materialiter, ahora se respira catolicidad y no locos tradicionalista

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    1. ....locos tradicionalistas, esos son prejuicios tuyos.

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    2. ...peor que ceriani son los neocones que apoyan el vaticano dos estilo Ravasi del blog que no te la cuenten.

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  3. Muy buenas las fotos y me encanta que las compartan, por lo visto ya finalizó el sectarismo antisedevacante de los tiempos de Morello que cuando íbamos recuerdo que el P. Andres nos enloquecía con el diskete de que Lefebvre era el salvador, que sin la FSSPX nadie podía salvarse y que el obispo Thuc era un lunático.
    Se terminó el capillismo.

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  4. Aunque el número no hace la Verdad, me sorprende los pocos fieles.

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  5. Esta ceremonia de Ordenaciones fue una demostración de la caridad y fortaleza del superior de la Fraternidad San Pío X, S.E.R. Mons. Bernard Fellay, que no escatimó esfuerzos para “entregar aquello que él ha recibido”, el carácter sacerdotal y la orden del diaconado, a pesar de la lesión que tuvo en días pasados.

    La ceremonia comenzó estando ya Monseñor en el trono, para que no tuviera que hacer la procesión inicial y reservar energías para el resto de la ceremonia. Mientras el coro cantaba Tercia, los Asistentes al trono le ayudaron a revestirse y, una vez terminado el oficio, el Obispo se dirigió al altar con paso decidido y ayudándose del báculo, que en esta ocasión fue de gran importancia. La primera incensación demostró que Monseñor no se dispensaría de ningún esfuerzo para dar la solemnidad debida a tan importante ceremonia.

    Continuó así la Misa hasta la ordenación al Diaconado, “Accédant qui ordinándi sunt ad Diaconátum”, entonces se adelantaron los 5 nombrados (3 Brasileños, 1 Mexicano y 1 Argentino): “Adsum”, y recibieron del Obispo la amonestación para que consideren bien el cargo que habían de recibir, luego se acercó también el ordenando al sacerdocio (Flavio de Morais, de Brasil) y se postraron todos para el canto de las letanías; de esto no se dispensó su Excelencia y poniéndose de rodillas presidió la súplica hecha a todos los santos por los ordenandos. Después del prefacio consagratorio y la imposición de manos, los revistió con estola y dalmática y les entregó el Evangelio que en el momento oportuno fue cantado por el Diacono decano, comenzando a ejercer así su sagrada función.

    A la mitad del Tracto comenzó la 1ª parte de la Ordenación Sacerdotal, donde tuvo lugar la imposición de manos del Obispo y de todos los sacerdotes presentes. Después Monseñor cantó el prefacio consagratorio e impuso los ornamentos (estola y casulla) y finalmente después de invocar al Espíritu Santo con el canto del Veni Creator, le ungió las manos y le entregó el Cáliz con la hostia como instrumentos propios de la función que se le encomendaba.

    Finalmente, terminada la Misa que el ordenado concelebró junto con el Obispo, siendo ayudado por su Padrino y habiendo comulgado, el Obispo entonó el “Jam non dicam” (ya no os diré siervos sino amigos), y desató la casulla del nuevo sacerdote, significando así su poder para desatar los pecados.

    La ceremonia concluyó con el canto del Te Deum, elocuente acción de gracias que la Iglesia reserva para los momentos más especiales y luego, a la señal, todos hicieron la genuflexión general y comenzaron la procesión, a la cual Monseñor, realizando el último esfuerzo, se unió con renovadas energías y solemne dignidad.

    Benedicamus Domino, Deo Gratias!

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