martes, 28 de mayo de 2019

LOS HÉROES DE MANCHALÁ VUELVEN A TENER SU MONUMENTO


Los combatientes de Manchalá, muchos de ellos salteños, vuelven a ser homenajeados a través de un monumento que conmemora ese suceso que tuvo lugar durante un gobierno democrático, en lucha contra la subversión.


El Combate de Manchalá fue un enfrentamiento armado entre miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo y del Ejército Argentino el 28 de mayo de 1975 en esa localidad tucumana. El escenario fue una escuela rural, donde integrantes de la fuerza guerrillera se topó con una docena de soldados y dos suboficiales del Ejército que pintaban la misma. 
Dada la resistencia encontrada en Manchalá por un puñado de patriotas del Batallón de Ingenieros 5 con asiento en Salta, los subversivos se desbandaron dejando en el terreno bajas, abandonando sus vehículos y armamento. Esta unidad militar fue condecorada por su destacada actuación y el 15 de diciembre de 1993 se le impuso el nombre histórico pasando a denominarse Compañía de Ingenieros 5 "Combate de Manchalá" y se erigió un monumento para recordar este hecho
Sin embargo, en el año 2012, el concejal del partido Memoria y Movilización Social, Martín Ávila, presentó un proyecto por el cual solicitaba la remoción del monumento,ubicado en los cuarteles sobre Av. Arenales, aduciendo que el mismo revalorizaba al terrorismo de Estado. Al año siguiente esa medida fue cumplimentada y se decidió erigir un nuevo monumento en honor al "Soldado salteño", sin hacer referencia a Manchalá.


Teniendo en cuenta este "error histórico" que desconocía parte de nuestra historia reciente, el concejal Andrés Suriani presentó una ordenanza que fue aprobada este año, mediante la cual se dio marcha atrás con la anterior. “Hoy las familias están muy contentas de que se los haya desagraviado, porque son héroes salteños que defendieron las instituciones de la patria en un gobierno democrático”, dijo Suriani. 
Ayer, fecha en que se conmemoraba un nuevo aniversario, fue inaugurado un nuevo monumento, en el mismo lugar, pero con una nueva fisonomía.


Visto en: /informatesalta.com.ar

sábado, 25 de mayo de 2019

EN EL DÍA DE LA PATRIA UNA ORACIÓN A CRISTO REY (Oración compuesta por Mons. Victorio Manuel Bonamín)




Señor nuestro Jesucristo,
Rey de las Naciones y de los corazones,
Dios que todo lo creaste, lo redimiste,
y has hecho a nuestro pueblo cristiano;
mira con ojos benévolos a ésta nuestra querida Patria Consagrada a Tu Santísima Madre
y escucha a tus hijos que quieren volver a Ti.

¡Oh Rey! cristianos hemos nacido,
y cristianos queremos ser. 
Nuestra Patria es su historia católica,
y su destino de grandeza es el llevar
Tu nombre como Bandera. 
Atiéndenos, Señor, en esta jornada aciaga,
y, si está en Tu Santísima Voluntad,
aparta de nosotros este cáliz de amargura
dándonos la gracia de reconquistarte la Argentina.

Que tu Madre, Reina nuestra,
Conductora y Vencedora en la Lucha Final,
aplaste la cabeza del enemigo que avanza
extendiendo su Poder Internacional. 
Que el Ángel que custodia nuestro suelo
aparte de nosotros la perfidia sionista,
el terror comunista y la siniestra masonería. 
Aniquilen Tus Arcángeles a las Sectas invasoras,
y guarden a nuestras juventudes
de la corrupción mental y moral.

Pero no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya;
y si prefieres para nosotros
la noche oscura de una pasión nacional,
te pedimos, Rey de los Reyes,
no permitas que tu pueblo sea traidor,
Antes prepáranos y danos el triunfar en el martirio,
para la Gloria de Tu Divina Majestad,
en reparación por tanta historia laica,
y para que, bajo el Manto de la Virgen Soberana,
Te adoremos en la Patria Eterna,
con los que lucharon por Ti. Así sea.

jueves, 23 de mayo de 2019

A 72 AÑOS DE LA CREACIÓN DEL AGUINALDO, UNA CONQUISTA DE LOS TRABAJADORES... (esperemos que los "antiperonistas" sean honestos y no acepten semejante Ley del aguinaldo jeje)


Se recuerda la firma del decreto N° 33.302 del 20 de diciembre de 1945 cuando por impulso del Coronel Juan Perón se crea el "Instituto Nacional de Remuneraciones" y se otorga, por primera vez en forma masiva, el sueldo anual complementario.


De origen español, el aguinaldo llegó junto con los inmigrantes y sus costumbres, entre otras, sindicalistas. El aguinaldo es una gratificación, una especie de propina, correctamente dicho nació con el fin de ser un regalo de Navidad, sin embargo hoy se convirtió en un derecho adquirido.
El 1er. aguinaldo en Argentina se promulgó en Jujuy en 1924, el Colegio Electoral había consagrado gobernador a Benjamín Villafañe, quien obtuvo el apoyo de una coalición de radicales ‘disidentes’ (no eran los yrigoyenistas) y conservadores.
La ley fue propuesta por Jorge Villafañe y Arturo Palisa Mujica, 2 diputados de origen radical, pero la ley no incluía a todos los trabajadores en el cobro del aguinaldo, sino a todo el personal del servicio y ordenanzas públicos.


Por unanimidad se aprobó la Ley Nº619: “Acuérdase al personal de servicio y ordenanzas de la administración medio mes de sueldo imputando el gasto a rentas generales”.
Pasaron más de 20 años hasta 1945. La Argentina era presidida por el presidente de facto Edelmiro Farrell, quien había llegado al poder tras el golpe de Estado del año anterior, y el coronel Juan Domingo Perón, cada día más popular, se encontraba ocupando los cargos de ministro de Guerra, secretario de Trabajo y Previsión y vicepresidente de la Nación.
Por decreto N° 33.302 del 20 de diciembre de 1945 el Coronel Juan Perón crea el “Instituto Nacional de Remuneraciones”, se otorga un aumento salarial y se instituye, por primera vez, el sueldo anual complementario o aguinaldo.
Ante la reacción oligárquica, el 10 de octubre de 1945, el coronel Juan Perón es forzado a renunciar a los cargos de Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión. En un acto improvisado Perón -ya sin cargos- se despide de los trabajadores desde las antiguas oficinas de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Evita estaba presente. Allí, Perón pronuncia un célebre discurso en el que detalla un avanzado programa de reivindicaciones laborales.
Resaltó: “También dejo firmado un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico y la participación en las ganancias. Dicho decreto, que he suscripto en mi carácter de Secretario de Estado tiene las firmas de los ministros de Obras Públicas y de Marina, y beneficia no solamente a los gestores de la iniciativa -la Confederación de Empleados de Comercio-, sino a todos los trabajadores argentinos”.
Los acontecimientos después de la renuncia de Perón son conocidos: entre el 10 y el 12, estuvo clandestino, el 13 fue detenido y llevado a Martín García. Acontecería, luego la jornada histórica del 17 de octubre, con la gran movilización obrera y popular, marchando desde los barrios obreros, desde las fábricas, hacia la Plaza de Mayo. En Rosario, La Plata, Ensenada, Berisso, y en otros lugares, se dieron importantes movilizaciones populares.
La lucha para que se hiciera efectivo el Decreto continuó por varios meses. El 11 de diciembre, se realizó un acto en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, el sindicato de Empleados de Comercio y la Federación de Empleados Telefónico. El reclamo central era por la sanción del decreto.
Las movilizaciones y reclamos, dieron sus frutos cuando se dio a conocer el 20 de diciembre de 1945 el Decreto 33.302, por el cual se aumentan los salarios, se creaba el Instituto Nacional de Remuneraciones, cuya función era entre otras fijar el salario mínimo y se instituyó el sueldo anual complementario o aguinaldo.
La medida provocó gran júbilo en los sectores populares, indignó a los sectores patronales e incluso también a quienes ironizaban acerca del absurdo que significaba suponer que el año tenía trece meses, como expresaba Jorge Luis Borges. Se dejó en suspenso la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.
La Unión Industrial y la Bolsa de Comercio coincidieron en sostener la ilegalidad de la medida y que era imposible aplicarla. Unos días después, más de dos mil delegados del Comercio, la Industria y la Producción se reunieron en la Bolsa de Comercio. Allí se resolvió desconocer la medida e impulsar un lock out de tres días en todo el país del 14 al 16 de enero de 1946.
Los empresarios paralizaron el país durante tres días, mientras los trabajadores se movilizaban y realizaron varios paros reclamando que se respetara lo establecido en el Decreto 33.302 y se hiciera efectivo el pago del aguinaldo.
Con el correr de los días ante la firme respuesta de los asalariados, los patrones fueron aceptando lo establecido en el Decreto. Una vez más habían chocado los intereses de empresarios y trabajadores.
El aguinaldo o salario número 13 posteriormente fue dividido en 2 pagos anuales por la Ley Nº17.620/68. Idealmente serían el 30/06 y el 31/12, sin embargo la Cámara del Trabajo de la capital federal falló que pagar dentro de los 4 días hábiles posteriores al vencimiento de cada uno de los semestres también estaba permitido, como margen a los empleadores.
El aguinaldo se estableció como el 50% de la mayor remuneración devengada por todo concepto dentro del 1er. semestre o 2do., según corresponda. Así quedó establecido en el artículo 3º del Decreto Nº 1.078/84. Se incluye el sueldo bruto, las comisiones, horas extras, a cuenta de futuros aumentos, viáticos, premio por asistencia y premio por puntualidad, pero NO se deben incluir las asignaciones familiares, beneficios sociales, viáticos pagados contra comprobantes de gastos y rubros no remunerativos.
A fines de 1945 y comienzos de 1946 las elecciones se disputaban entre la Unión Democrática (Tamborini-Mosca) y el Laborismo (Perón-Quijano), y contra todo pronóstico, el futuro Partido Justicialista se impuso, en las elecciones del 24/02/1946, con el 53% de los votos contra el 43% que sacó la UD.
Una vez en la Presidencia, el aguinaldo fue ratificado por la Ley Nº12.921, el 20/12/1946.
El aguinaldo no es una práctica generalizada en el mundo y son pocos los que lo tienen como una ley constitucional. Es común que muchos trabajadores cobre una suerte de “bonos” a fin de año, pero estos están librados a voluntad de los gerentes y los balances de las empresas.

Visto en: www.conclusion.com.ar

lunes, 6 de mayo de 2019

SANTIFICAR EL TRABAJO, SANTIFICARSE EN EL TRABAJO, SANTIFICAR CON EL TRABAJO



La vocación divina nos da una misión, nos invita a participar en la tarea única de la Iglesia, para ser así testimonio de Cristo ante nuestros iguales los hombres y llevar todas las cosas hacia Dios.
La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía.
El trabajo acompaña inevitablemente la vida del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y de la necesidad de la redención. Pero el trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa.
Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio.
Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas. Es justo que se nos diga: ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.
El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las indicaciones, que San Pablo hace a los de Efeso, sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha supuesto en ellos su conversión, su llamada al cristianismo, encontramos ésta: el que hurtaba, no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con sus manos en alguna tarea honesta, para tener con qué ayudar a quien tiene necesidad.
Si trabajamos con este espíritu, nuestra vida, en medio de las limitaciones propias de la condición terrena, será un anticipo de la gloria del cielo, de esa comunidad con Dios y con los santos, en la que sólo reinará el amor, la entrega, la fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra ocupación profesional, ordinaria y corriente, encontraréis la materia —real, consistente, valiosa— para realizar toda la vida cristiana, para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.

Para servir, servir
Para comportarse así, para santificar la profesión, hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad humana y sobrenatural.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección.
Era José, decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. Y ¿qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Sólo trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar al día siguiente la tarea.
VISTO EN: Formacioncatolica.org