viernes, 23 de julio de 2021

ESTA MISA, NUESTRA MISA, DEBE SER REALMENTE PARA NOSOTROS COMO LA PERLA DEL EVANGELIO POR LA QUE RENUNCIAMOS A TODO, POR LA QUE ESTAMOS DISPUESTOS A VENDERLO TODO.



Queridos miembros y amigos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X:

El motu proprio Traditionis custodes y la carta que lo acompaña causaron gran revuelo en el llamado ámbito tradicionalista. Puede observarse, con toda lógica, que la era de la hermenéutica de la continuidad, con sus ambigüedades, ilusiones y esfuerzos imposibles, ha terminado drásticamente, barrida de un revés. Estas medidas tan claras y directas no afectan directamente a la Fraternidad San Pío X, pero deben ser para nosotros la ocasión de una profunda reflexión. Para ello, hemos de elevarnos a los principios y plantearnos una cuestión a la vez antigua y nueva: ¿Por qué la Misa Tridentina sigue siendo la manzana de la discordia después de cincuenta años?

Ante todo, debemos recordar que la Santa Misa es la continuación, en el tiempo, de la lucha más encarnizada que jamás haya existido: la batalla entre el reino de Dios y el reino de Satanás, esa guerra que alcanzó su punto culminante en el Calvario, por el triunfo de Nuestro Señor. Para esta lucha y para esta victoria se encarnó. Y puesto que la victoria de Nuestro Señor tuvo lugar a través de la cruz y de su sangre, es comprensible que su perpetuación también se realice a través de luchas y contradicciones. Todo cristiano está llamado a esta lucha: Nuestro Señor nos lo recuerda cuando dice que vino «a traer la espada a la tierra» (Mt 10, 34). No es de extrañar que la Misa eterna, que expresa perfectamente la victoria final de Nuestro Señor sobre el pecado a través de su sacrificio expiatorio, sea en sí misma un signo de contradicción.

Pero ¿por qué esta Misa se ha convertido en un signo de contradicción dentro de la misma Iglesia? La respuesta es simple y cada vez más clara. Después de cincuenta años, los elementos de respuesta son evidentes para todos los cristianos de buena voluntad: la Misa tridentina expresa y transmite una concepción de la vida cristiana y, por consiguiente, una concepción de la Iglesia, absolutamente incompatible con la eclesiología salida del Concilio Vaticano II. El problema no es simplemente litúrgico o estético, ni puramente formal. El problema es a la vez doctrinal, moral, espiritual, eclesiológico y litúrgico. En definitiva, es un problema que afecta a todos los aspectos de la vida de la Iglesia sin excepción: es una cuestión de fe.

De un lado está la Misa de siempre, estandarte de una Iglesia que desafía al mundo y que está segura de la victoria, porque su batalla no es otra que la continuación de la que llevó Nuestro Señor para destruir el pecado y el reino de Satanás. Es por la Misa y a través de la Misa como Nuestro Señor alista a las almas cristianas en su propia lucha, haciéndolas partícipes tanto de su cruz como de su victoria. De todo esto se deriva una concepción de la vida cristiana profundamente militante. Dos notas la caracterizan: el espíritu de sacrificio y una esperanza inquebrantable.

Del otro lado está la Misa de Pablo VI, expresión auténtica de una Iglesia que quiere estar en armonía con el mundo, que presta oídos a los reclamos del mundo; una Iglesia que, en definitiva, ya no tiene que luchar contra el mundo, porque ya no tiene nada que reprocharle; una Iglesia que ya no tiene nada que enseñar, porque está a la escucha de los poderes de este mundo; una Iglesia que ya no necesita el sacrificio de Nuestro Señor, porque, habiendo perdido la noción del pecado, ya no tiene nada que expiar; una Iglesia que ya no tiene la misión de restaurar la realeza universal de Nuestro Señor, puesto que quiere contribuir al desarrollo de un mundo mejor, más libre, más igualitario, más eco-responsable; y todo esto con medios puramente humanos. A esta misión humanista que los hombres de Iglesia se han adjudicado debe corresponder necesariamente una liturgia igualmente humanista y profanada.

La batalla de estos últimos cincuenta años, que el 16 de julio acaba de experimentar un momento ciertamente significativo, no es la guerra entre dos ritos: es de hecho la guerra entre dos concepciones diferentes y opuestas de la Iglesia y de la vida cristiana, absolutamente irreductibles e incompatibles entre sí. Parafraseando a San Agustín, podríamos decir que dos Misas construyen dos ciudades: la Misa antigua ha construido la ciudad cristiana, y la Misa Nueva pretende construir la ciudad humanista y secular.

Si Dios permite todo esto, lo hace ciertamente por un bien mayor. Ante todo para nosotros mismos, que tenemos la oportunidad inmerecida de conocer y beneficiarnos de la Misa Tridentina; estamos en posesión de un tesoro del que no siempre medimos todo su valor, y que tal vez guardamos demasiado por costumbre. Alcanzamos a medir mejor todo el valor de algo precioso justamente cuando se ve atacado o despreciado. Que este «choque» provocado por la dureza de los textos oficiales del 16 de julio sirva para que se renueve, profundice y redescubra nuestro aprecio y nuestra fidelidad a la Misa Tridentina; esta Misa, nuestra Misa, debe ser realmente para nosotros como la perla del Evangelio por la que renunciamos a todo, por la que estamos dispuestos a venderlo todo. Quien no esté dispuesto a derramar su sangre por esta Misa, no es digno de celebrarla. Quien no esté dispuesto a renunciar a todo por conservarla, no es digno de asistir a ella.

Esta debería ser nuestra primera reacción ante los acontecimientos que acaban de sacudir a la Iglesia. Que nuestra propia reacción de sacerdotes y de fieles católicos, por su profundidad y su firmeza, vaya mucho más allá de los comentarios de toda clase, inquietos y a veces desesperanzados.

Dios ciertamente tiene otro objetivo en vista al permitir este nuevo ataque a la Misa Tridentina. Nadie puede dudar que, durante estos últimos años, muchos sacerdotes y muchos fieles han descubierto esta Misa, y que a través de ella se han acercado a un nuevo horizonte espiritual y moral, que les ha abierto el camino de la santificación de sus almas. Las últimas medidas que se acaban de tomar contra la Misa obligarán a estas almas a sacar todas las consecuencias de lo que han descubierto: les toca ahora elegir –con los elementos de discernimiento que están a su disposición– lo que se impone a toda conciencia católica bien esclarecida. Muchas almas van a enfrentarse a una elección importante respecto de la fe, porque –repitámoslo– la Misa es la expresión suprema de un universo doctrinal y moral. Se trata, pues, de elegir la fe católica en su totalidad, y por ella a Nuestro Señor Jesucristo, su cruz, su sacrificio y su realeza. Se trata de elegir su Sangre, de imitar al Crucificado y de seguirlo hasta el fin con total, radical y constante fidelidad.

La Fraternidad San Pío X tiene el deber de ayudar a todas aquellas almas que se encuentran actualmente consternadas y desanimadas. Ante todo, tenemos el deber de ofrecerles, por los hechos mismos, la certeza de que la Misa Tridentina nunca podrá desaparecer de la faz de la tierra: es un signo de esperanza sumamente necesario.

Además, cada uno de nosotros, sacerdote o fiel, debe tenderles una mano amiga, porque quien no tiene el deseo de compartir los bienes de que se beneficia se hace en realidad indigno de esos bienes. Sólo así amaremos verdaderamente a las almas y a la Iglesia; porque cada alma que ganemos para la cruz de Nuestro Señor, y para el inmenso amor que El manifestó por su Sacrificio, será un alma verdaderamente ganada para su Iglesia, para la caridad que la anima y que debe ser la nuestra, especialmente en este momento.

Estas intenciones las confiamos a la Madre de los Dolores, a Ella le dirigimos nuestras oraciones, ya que nadie ha penetrado mejor que Ella el misterio del sacrificio de Nuestro Señor y de su victoria en la Cruz, por cuanto nadie ha estado tan íntimamente asociado como Ella a su sufrimiento y a su triunfo. En sus manos ha puesto Nuestro Señor toda la Iglesia; y por eso mismo, a Ella le ha sido confiado lo que la Iglesia tiene de más precioso: el testamento de Nuestro Señor, el santo sacrificio la misa.

Menzingen, 22 de julio de 2021,
fiesta de Santa María Magdalena,
Don Davide Pagliarani, Superior General

lunes, 5 de julio de 2021

LEYENDA NEGRA INVENTADA POR EL PODER JUDEOMASÓNICO EN CANADÁ CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CRISTIANDAD


Medios amarillistas, tendenciosos y anticatólicos afines a la izquierda han publicado una nota con encabezado escandaloso dando a entender el hallazgo de cientos de niños maltratados y asesinados por sacerdotes, imagen digna de la leyenda negra, cosa lejos de la realidad.
Dicha nota indica que los cuerpos de niños encontrados son de un periodo desde el siglo XIX hasta 1990. Mucho pasó en ese lapso de tiempo: Revolución Industrial; primeras ola del feminismo, que dejó a los hijos solos en casa; dos guerras mundiales; varias epidemias que fueron más letales que el COVID, como la influenza, la gran gripe española y la tuberculosis ¿Te dicen los medios eso? No, te quieren idiotizado y enojado con el cristianismo.
Esta nota está siendo usada como excusa por grupos indigenistas, de corte marxista y peones de la agenda globalista para justificar su persecución contra la Iglesia —no sé a quién se me figura— para quemar templos y perseguirla...
Lo que es ignorar su historia: Canadá fue conquistada por los calvinistas holandeses quienes pagaban tres monedas de bronce por el cuero cabelludo de un indio, y mismos que aniquilaron a los habitantes de Norteamérica.
Podemos leer bastante sobre las epidemias que causaron la muerte de más de 50,000 niños en el documento «British Columbia First Nations and the Influenza Pandemic of 1918 - 1919».
¿Y por qué encontraron tantos sepultados en territorios católicos? Porque la Iglesia les cuidaba en medida de sus posibilidades, porque convierte sus monasterios en hospitales, porque recibe niños abandonados y enfermos, PORQUE DA CRISTIANA SEPULTURA.
Recordemos que, mientras las galeras de judíos y calvinistas llegaban llenas de esclavos e indígenas, santos como San Pedro Claver «el santo de los negros» corría a socorrerlos, bañarlos, alimentarlos, bautizarlos o enterrar a los que llegaban muertos, cosa que no ha cambiado, a pesar de escándalos y católicos apáticos. Otros que llegaron a ser mártires en tierras paganas a manos de indios hurones, y contrario al talión que muchos practican, la Iglesia agradece la corona del martirio.

sábado, 3 de julio de 2021

UN GOBIERNO QUE SE DICE PERONISTA, PERO QUE EN REALIDAD SON ANTIPERONISTAS


Por: Nito Sosa
El día 1ro de Julio se conmemoró un nuevo aniversario de la muerte del General del Ejercito Argentino, Teniente General Juan Domingo Perón; quien fuera Presidente por tres periodos, creador del Movimiento Nacional Justicialista. El aniversario de su muerte fue ignorado por parte del Gobierno de Alberto Fernández y la líder política Cristina Fernández de Kirchner, Presidente y Vice respectivamente. El Presidente el día Domingo hizo un acto por las personas muertas por COVID, acto que se desarrollara, ignorando nuestras tradiciones Católica, dándole un sentido claramente masónico. Ahora se olvidó de quien dice ser su seguidor ideológico, el mentor de una linea política que lo puso en el gobierno y lo demuestran todos los días. La vice Presidente Cristina Kirchner ha expresado un odio hacia el General, profiriendo fuertes insultos hacia su persona en diversas oportunidades; claramente han utilizado la figura del General para poder llegar al gobierno, espero que el pueblo pueda desenmascarar y distinguir a estos subversivos infiltrados en el peronismo y de una buena vez sean conducidos donde deben estar, la cárcel. "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.” Abraham Lincoln, bien vale para estos impostores que se dicen peronistas.