lunes, 17 de septiembre de 2018

INVASIÓN Y SÍNDROME DE PSEUDO-OBISPOS- EN LOS AMBIENTES TRADICIONALISTAS NO CATÓLICOS

"Papa" Kelly "consagrando" a su fiel discípulo Santay
Nuevamente nos desayunamos, como ya estamos acostumbrados, que cada dos por tres nos llega la noticia de la "consagración" de un nuevo episcopo para las sectas de los devenidos "sedevacantistas" expulsados de la FSSPX. Es natural que entre los indisciplinados y desobedientes curas expulsados o salidos de la Fraternidad lefebvriana, todos devengan en conciliares de Ecclesia Dei o convertirse al "sedevacantismo" para fundar su nueva secta con el gran dogma del "non una cum", frase mágica inventada por todos estos resentidos y creada por el dominico Guerard De Lauriers inventor de la tesis del papa materialiter y que hoy día la defienden a capa y espada todos los ex-lefebvristas que no se animan a decir claramente que Jorge Mario Bergoglio y su quinteto de predecesores son herejes formales y materiales, no papas de la Iglesia Católica.
Aquí le dejamos esta noticia venida nada menos que de la secta fundada por el "papa" Kelly en EE.UU. y que funge solo en aquel país. Demás está decir como lo aclara la nota que compartimos que los católicos fieles hemos de rechazar a todos estos sectarios y de ninguna manera recibir los sacramentos de manos de todos estos grandes confundidores y mercenarios de la Fe.
Por último, deseamos alertar a los católicos fieles a estar atentos y a no asistir a ninguna ceremonia religiosas que el falso obispo Daniel Dolan estará realizando a principios del mes de Octubre en nuestro país. http://legioncatolica.blogspot.com/2015/10/con-tristeza-nos-ha-llegado-la-noticia.html?showComment=1536800740300#c7084467060978566585

Visto en: wwwmileschristi.blogspot.com



Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

"Padre" (futuro Monseñor) James Carroll FSSPV.

La congregación sedevacantista de San Pío V (FSSPV) en Oyster Bay Cove, NY, ha anunciado el pasado día 9 de septiembre los planes para la consagración de un nuevo obispo. El 27 de diciembre de 2018, fiesta de San Juan Evangelista, S.E.R. Monseñor Joseph Santay consagrará obispo al padre James Carroll, asistido por S.E.R. Monseñor Clarence Kelly como co-consagrante. El Padre Carroll fue ordenado sacerdote por Monseñor Santay en agosto del 2007. La Congregación de San Pío V fue fundada en 1996 por Monseñor Kelly. El mismo Kelly es miembro de la Sociedad de San Pío V (FSSPV), fundada en 1983 por él mismo y otros ocho sacerdotes -Thomas Zapp, Donald Sanborn, Anthony Cekada, Daniel Dolan, William Jenkins, Eugene Berry, Joseph Collins, y Martin Skierka- (los famosos “Nueve”) expulsados de la Sociedad lefebvriana de San Pío X (un podcast gratuito con tres de los nueve clérigos originales que explican los eventos puede ser encontrado aquí). Monseñor Kelly fue consagrado obispo por Monseñor Alfredo Francisco Méndez González, C.S.C., obispo emérito de Arecibo, Puerto Rico, el 19 de octubre de 1993. La consagración fue, como tal vez recuerdan los más, misteriosa y rocambolesca, desde el momento que se realizó en modo semisecreto, por obra de un anciano obispo una cum, paciente en una casa de reposo. La consagración no fue unánimemente aceptada como válida y real por el mundo sedevacantista. A este inicio tormentoso y discutido, la Excelencia de Kelly ha después añadido un estilo de “gobierno” discutido y discutible, poniendo en vía de discusión las ordenaciones de Thuc y adentrándose en polémicas doctrinales de pequeño y medio calado con sus ex co-hermanos. Un síndrome de “o conmigo o nada” o “Alone in the sun”, muy difundido en el mundo sedevacantista de ayer y hoy. En este filón de excesos y extravagancias recordamos a SS.EE.RR. George Musey y Louis Vezelis, primerísimos obispos sedevacantistas de la línea Thuc-Carmona, que habían dado amplios ensayos sobre estos comportamientos “patriarcales” y exclusivistas en confrontación del resto del mundo sedevacantista. Monseñor Joseph Santay fue consagrado obispo por Monseñor Kelly el 28 de febrero de 2007. La Congregación de San Pío V es una realidad tipicamente estadounidense y no está difundida fuera de la Unión, mucho menos en la soñolienta y provincial península italiana. Por tanto, podemos mirar con cierta distancia este futuro evento, alegrándonos sin embargo porque la Iglesia Católica (privada de su supremo Jerarca [visible] y de verdaderos obispos sobre las sedes) tendrá en diciembre próximo un nuevo obispo. Con la esperanza de que pueda ser un obispo para toda la Iglesia y no sólo para su Congregación, ad nutum Kelly.

En la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Fuentes: CONGREGACIÓN SAN PÍO V y NOVUS ORDO WATCH.

sábado, 15 de septiembre de 2018

"OBISPO" DE LA SECTA MODERNISTA QUE LIDERA JORGE MARIO BERGOGLIO -Papa Francisco- LLAMÓ LAS COSAS POR SU NOMBRE Y AHORA LOS "POLITICAMENTE CORRECTOS" HIPOCRITAMENTE SE RASGAN LAS VESTIDURAS


Obispo de Villa María Córdoba (Argentina) contra los transexuales: “El pecado es más grave que el SIDA”



Visto en: https://laicismo.org/
“El pecado es más grave que el SIDA” y “los trans son hombres vestidos de mujer” fueron sólo algunas de las frases que pronunció Samuel Jofré Giraudo ayer en la localidad cordobesa.
Este jueves se inauguró en Villa María el refugio “Mamá Antula”, para víctimas de violencia machista. Además de las autoridades municipales, estaban presentes referentes de organizaciones que luchan contra la violencia hacia las mujeres y de la comunidad trans. También estaba el obispo de la ciudad, Samuel Jofré Giraudo, invitado por la Asociación Nazareth.
En su discurso, el obispo se despachó con frases como “Dios creó solo al hombre y a la mujer, no hay grises”; “el pecado es más grave que el SIDA” y “los trans son hombres vestidos de mujer”, lo cual provocó que varias personas se retiraran indignadas del lugar.


Fanny Bustos, integrante de la Asociación de Travestis, Transgéneros y Transexuales de Argentina (ATTTA), contó que al terminar la inauguración cuestionó al obispo en privado. “No voy a decir nada. Usted para mí es un hombre vestido de mujer igual que sus compañeros. Es más, se lo digo en la cara”, fue la respuesta que obtuvo.
Desde ATTTA y la Federación Argentina de LGBT rechazaron el discurso de odio de Jofré Giraudo. “Estamos convencidas que estos dichos vulneran a una comunidad que vive su realidad exigiendo respeto e igualdad de oportunidades y reconocimiento”, manifestaron.
No es la primera vez que Jofré Giraudo, quien fuera nombrado obispo por Benedicto XVI en el 2013, manifiesta públicamente opiniones contra la comunidad LGBT o las mujeres. De hecho, junto con los otros siete obispos de la provincia, envión una carta a los senadores cordobeses para que no votaran a favor de la legalización del aborto el 8 de agosto. En la misiva advirtieron que, de aprobarse la ley, el país “se convierte visible o encubiertamente en dictadura”.
En abril, cuando se dieron a conocer los “sueldos” que cobran los obispos y que son sostenidos por los impuestos de todos los habitantes del país más allá de la religión que profesen, el prelado se opuso terminantemente a renunciar a ese ingreso, superior a $46.000 por mes. Sostuvo que el aporte “tiene su origen histórico en Europa, con las reformas protestantes tras las cuales le confiscaron los bienes con los que la Iglesia Católica se sostenía”, para luego remarcar que el subsidio que paga el Estado a los obispos “no es un salario, no somos empleados, no recibimos aguinaldo, no hacemos aportes jubilatorios sobre esa asignación. Los obispos utilizamos ese dinero para el sostenimiento de la Iglesia según la organización de cada Diócesis”.
Como si esto fuera poco, en el 2014 el obispo aseguró que los juicios a los genocidas de la última dictadura “son juicios políticos”, y que “son discutibles porque en la Justicia se nombraron infinidad de cargos puestos a dedo que le hicieron perder credibilidad al Poder Judicial”. Siguiendo con estas afirmaciones, Jofré legitimó la teoría de los dos demonios: “Los militares no fueron los únicos culpables”. Para completar su punto de vista, dijo que “la represión hoy es una mala palabra”, aunque, según él, se la debe justificar para “terminar con el desorden, si no está la cancha libre”.
Ante los dichos nefastos de este obispo, la legisladora del PTS-FIT, Laura Vilches, afirmó: “Las declaraciones de Jofré Giraudo muestran la verdadera cara, reaccionaria y retrógrada, de la Iglesia Católica. La misma que mostraron al despedir a las docentes Romina Molina y Florencia Vega Clavero sólo por llevar el pañuelo verde en la mochila y dejar que sus estudiantes debatieran sobre el aborto legal. La misma que muestran los miles de curas pedófilos en todo el mundo, o los jugosos negociados que mantienen gracias a las exenciones impositivas. Por eso la consigna de la separación de la Iglesia del Estado es una bandera que ha sido tomada por las y los miles que participamos de las masivas movilizaciones por la legalización del aborto, por el colectivo LGTBI, por las y los jóvenes que defienden la educación pública, gratuita y laica, por quienes peleamos por la implementación efectiva de la ley de Educación Sexual en todos los establecimientos escolares. Sólo con esa fuerza vamos a terminar con injerencia de esta institución en nuestras vidas y en nuestras camas”.

lunes, 10 de septiembre de 2018

¡SUBVERSIVOS Y ENFERMOS DE ODIO!



Por: Juan Rosi
Existen agitadores, gente que quiere el snobismo por el snobismo nomás, son destructores de todo tipo de orden, quieren una sociedad corrompida, no les interesa la "MORAL", porque gente como ellos la han desterrado de la sociedad e incluso han hecho desaparecer la palabra de la vida pública para evitar que el pueblo pueda acceder y a mantener las costumbres dentro de esos parámetros fundamentales, no sólo para el orden como ya dijera sino para pacificar los espíritu y los ideologos del mal vería achicados sus espacios de acción. Estos contaron y cuentan con el apoyo desde lo mas alto del poder, el gobierno de los KK y ahora el de Macri, son los hacedores de métodos de enseñanza para poner fin a la Argentina histórica. Las consecuencias de esa revolución, que vienen de años, casi se ven plasmadas con la imposición de la Ley del Aborto por ejemplo, pero situaciones ajenas a la voluntad del pueblo hicieron que por una decisión de dirigentes no se aprobara, pero los revolucionarios no cejarán en su acción, ellos van a taladrar la inteligencia de nuestros hijos con la enseñanza sexual obligatoria en los colegios, la educación ha sido el lugar ideal y el elegido por estos agentes del odio para llevar adelante su cometido. También, como pasos inevitables quieren introducir lo que ellos llaman el "LENGUAJE INCLUSIVO" verdadero disparates de quienes buscan crear "inteligencias" que rompan con las tradiciones, con la cultura, con nuestro origen hispanoparlante y de esa manera destruir definitivamente la palabra. Argentina es un país extenso, donde existen modismos, regionalismos, que caracterizan a distintas regiones de nuestra Patria, pero eso bajo ningún aspecto ha cambiado sustancialmente nuestro idioma. El lenguaje inclusivo o lenguaje fragmentario, solo busca la disolución de nuestra cultura, nuestra lengua y definitivamente la partición territorial de nuestra Patria; esto es la revolución más profunda que jamás se haya hecho en nuestro país, es modificar las estructuras mismas de nuestro ser nacional, porque ya sabemos que modificando las palabras, se modifican los conceptos y si modificamos los conceptos definitivamente cambiamos los estilos de vida. Por supuesto que aplicando el lenguaje inclusivo, es parte de la dialectización de nuestra sociedad, imponiendo este verdadero disparate, producto de mentes totalmente enfermas, pero enfermas de odio, mentes siniestras, mentes macabras y que quieren enterrar definitivamente a nuestra Patria, sin dudas es lo que buscan desde hace tiempo y es lo que en definitiva no pudieron hacer por las armas, pero dejaron la semilla y hoy está germinando. Todo lo que vaya en contra del hombre será legalizado y el fin nuestro es cuestión de tiempo, precisamente por la falta de reacción organizada y la voluntad quebrada de un pueblo.

viernes, 7 de septiembre de 2018

VIGILIA POR LA LLEGADA DEL ANTICRISTO (Lectura recomendada para el fin de semana) Para Desasnarnos:



Conferencia pronunciada por François Bousquet en el V Coloquio del Institut Iliade,
“¡Orgullosos de ser europeos!”, París, 9 de abril de 2018.
(Traducción de Javier R. Portella.)


El arte de la guerra cultural Por François Bousquet
5 septiembre, 2018 Otras Voces Foucault, gramsci, guerra cultural, marxismo cultural
¿Qué es el poder? “¡El poder es la impotencia!”, decía de Gaulle, el de Gaulle del final. Pero al comienzo, ¿qué es el poder? Quiero decir: el verdadero poder, el poder por encima del poder, el poder de hablar ex cátedra, de hablar desde la montaña, para sí y para el mundo, urbi et orbi. Este poder sería la dominio de Moisés, de la autoridad moral, de la autoridad religiosa. Es lo que Michel Foucault denominó en su lección inaugural del Collège de France “el orden del discurso”, a través del cual cada sociedad se esfuerza por producir y controlar las creencias colectivas y las representaciones del mundo. Es eso lo que funda la soberanía. Es soberano quien dice: esto es lo bueno, lo bello y lo verdadero, por más que esta bondad sea maldad, esta belleza fealdad, y esta verdad falsedad.
El poder, con otras palabras, es la producción de la palabra autorizada; es el control de lo lícito e ilícito. Es eso que funda la sacralidad de un régimen, cualquiera que sea: la delimitación del perímetro de lo prohibido. Lo que uno tiene el derecho de decir y lo que uno no tiene el derecho de decir. Y que constituye un conjunto de prescripciones imperativas y de proscripciones inviolables. Si uno las viola alguna vez, será enviado ante un tribunal, iba a decir eclesiástico, sin ningún anticlericalismo por mi parte. Es esto lo que fundaba antaño el poder sacerdotal. Este poder por encima del poder es, pues, el encuadramiento de las creencias colectivas. Algo que les concede a los guardianes de las mismas un poder exorbitante y, en particular, un poder de policía, ya que crisparse y petrificarse está en la naturaleza de tales creencias. Sin ello, las mismas corren el riesgo de sufrir un proceso de erosión. Es por ello por lo que se transforman en dogmas. Es por ello por lo que los artículos de fe se convierten en artículos de ley. Es esto el poder, en última instancia. Hay ahí algo como religioso. Al igual que en la teología medieval, cuando lo espiritual mandaba sobre lo temporal, sobre lo político, cuando la corona imperial, heredera del Imperium Romanum, tenía que someterse al Vicario de Cristo, de rodillas, bajo la nieve, en Canossa.
Se me objetará que los tiempos han cambiado, que este poder, aunque se trate de un poder del espíritu, no es rigurosamente espiritual. Lo concedo, por más que sea un subproducto de la religión: esta palabra, “espiritual”, comporta demasiados equívocos. Hablemos más bien de poder simbólico, o por centrarme en mi tema: de poder cultural. Es éste el poder cultural que manda secretamente a todos los demás poderes; es éste el sistema de valores que fija el marco común de referencia.
Es lo que los americanos, siempre tan pragmáticos, denominan la ventana de Oberton, por el nombre de su inventor, Joseph Oberton. ¿Qué es esta ventana de Overton?
Imagínense una habitación en la que hay una sola abertura, una sola ventana. Esta ventana es el abanico de las opiniones, ideas y creencias socialmente aceptables. Todo lo demás, las opiniones, ideas y creencias socialmente inaceptables quedan fuera del marco de la ventana, están fuera de su campo. Pero esta ventana no es una ventana cualquiera, sino que tiene una particularidad: está montada sobre un raíl; es decir, se trata de una ventana deslizante que va de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha. Eso significa que lo socialmente aceptable y lo socialmente inaceptables fluctúa con el tiempo según una escala que va desde lo más o menos inaceptable hasta lo más o menos aceptable. Ello significa que una idea, ayer percibida como ignominiosa, puede acabar siendo consensuada gracias a una labor de persuasión psicológica.
El canibalismo puede ser socialmente aceptable
Veamos un ejemplo tremendamente sugestivo que tomo de un bloguero ruso particularmente inspirado. El canibalismo. ¿Cómo hacer socialmente aceptable el canibalismo?
Pues bien, organice usted en primer lugar un coloquio internacional con famosos etnólogos reunidos en un lugar prestigioso. En el menú, por así decirlo: los casos de canibalismo en Papuasia-Nueva Guinea. Una vez terminado el coloquio, sus actas serán publicadas, por supuesto, por una famosa universidad. No sólo el canibalismo obtiene con ello un aval científico, sino que se incita a que el relativismo se sume a la partida. La prohibición de consumir carne humana deja de ser esa invariante antropológica que, hasta ahora, la necedad de usted le hacía creer que era. Segunda etapa: desenclavar la problemática del canibalismo sacándola de los polvorientos círculos académicos. Para ello, no hay nada como encontrar un colectivo de exclusivos adeptos consumidores de carne humana. ¡Ya tiene usted sus activistas! Están más locos que una cabra, pero gracias a ellos la controversia puede empezar a penetrar en la sociedad civil. Pero para que haya controversia hay que ser dos. A usted le toca entonces oponer a este colectivo la idea de que el extremismo no es algo exclusivo de los caníbales: es propio también de una pandilla de oponentes, retrógrados y reaccionarios. ¡Ahí el espantajo que usted manejará!
Están reunidas las condiciones para que el canibalismo entre en la arena mediática. La prensa se ampara del tema. Philosophie Magazine publica un número fuera de serie sobre el canibalismo, con una tribuna de André Comte-Sponbille, pálida y lagrimosa, sobre la ética del canibalismo basada en Montaigne. Y el propio Aymeric Caron se interroga gravemente sobre si el canibalismo antirracista es compatible con el vegetarianismo antiespecista. ¡Ya tiene usted sus intelectuales orgánicos!
Ha llegado el momento de proceder a un trabajo de creación de eufemismos léxicos. Imponga la idea de que el significante “caníbal” es estigmatizante y despreciativo, siendo conveniente sustituirlo por otro más neutro, con menos connotaciones: la antropofagia. Algunos audaces hasta empiezan a lanzar el concepto vanguardista de antopofilia: el amor de la carne humana. Mientras tanto, la ventana de Overton va desplazándose según avanza el proceso de descriminalización del canibalismo. Es entonces cuando resulta oportuno sacar su espantajo: el grupo de oponentes al canibalismo. Es un grupo destinado a infundir miedo. Sus adeptos, sumamente caricaturescos, llevan la cabeza rapada y sienten una irrefrenable y acongojante necesidad de alzar el brazo. Son los siempre útiles fachas de servicio de alicortas ideas y menguadas entendederas. El cursor se desplaza: la desdemonización del canibalismo se hace al mismo tiempo que la demonización de los anticaníbales. La ventana de Overton no para de deslizarse.
Ahora es cuando la televisión entra en liza con una avalancha de reportajes tendenciosos y de debates truncados. Recurre a los sempiternos expertos en todo lo que sea, quienes explican, a la luz de lo crudo y lo cocido en Lévi-Strauss, que la humanidad ha practicado el canibalismo desde la noche de los tiempos. Enviado Especial dedica una emisión a la nueva ola de regímenes para adelgazar a base de proteína humana en Nueva York. Los guionistas sacan series televisivas con las que, mediante un comisario minusválido, un manco discriminado y un transexual antropófago, incrementan su cuota de diversidad. Ello cae muy bien, pues una especie de Conchita Wurst sensible al canibalismo gana el concurso de Eurovisión. ¡Bingo! El mundillo del famoseo también se ampara del tema. Resulta de pronto que el Dalai-Lama y George Clooney son antropófilos. Hasta el mismísimo Leonardo de Vinci. Por lo demás, habría correlación entre los casos de canibalismo y un alto cociente intelectual. El canibalismo es sexy, pop y está de moda. Ya ha llegado al centro de la ventana de Overton. El legislador está dispuesto a despenalizarlo.
La cultura dominante y la dominada
El ejemplo es caricaturesco, pero así es como, en líneas generales, funciona la ventana de Overton. Es ella la que fija el marco común de referencia, el campo de las representaciones colectivas comúnmente admitidas. Si es usted quien determina este marco, es que su visión del mundo es predominante. Si no es así, es usted quien está dominado y obligado a hablar el lenguaje del adversario. Tal es desgraciadamente nuestro caso. La verdad es que estamos ideológicamente dominados. Los tres medios a los que se recurre para calificarnos o, mejor dicho, para descalificarnos, son: 1) hacernos invisibles (no se habla de nosotros, es lo más sencillo: se nos convierte en fantasmas políticos, la nada nos envuelve); 2) inferiorizarnos (somos un conjunto de brutos socialmente frustrados y subescolarizados: es el retrato habitual del elector medio del Front National o del elector de Trump, por no hablar del propio Trump); 3) demonizarnos (creo que saben de sobra de lo que se trata).
Ésta es la razón de que el combate cultural revista para nosotros tanta importancia. A este respecto, hace falta detenerse un instante en la figura de Antonio Gramsci (1891-1937), que en los años treinta fue el gran teórico de este deporte de combate que es la guerra cultural. ¡Ya oigo desde aquí las críticas de los antiguos de la Nueva Derecha, entre quienes me cuento! Dirán: es bien simpático su italiano paleomarxista, pero hace tanto tiempo que llevamos hablando de él y no pasa nada… Además, ¡ya todos los partidos políticos lo citan! Es cierto, pero para enterrarlo acto seguido. Los partidos creen que pueden comprarse de tal modo una teoría de la toma del poder. Todo ello para dar la impresión —engañosa— de que Gramsci se ha convertido en un lugar común. Que nada de ello les detenga a ustedes. Gramsci es mucho más que aquello a lo que lo reducen. Sobre todo para nosotros. Para nosotros es un fabuloso recurso intelectual. Tiene que ser para nosotros lo que Carl Schmitt es para la izquierda. Un acelerador de inteligencia. Un hombre cuyos conceptos nos ayudan a pensar nuestra condición histórica. Hasta se le puede considerar como un botín de guerra, según los principios de la guerrilla cultural que quisiera desarrollar aquí.
Fue Alain de Benoist el primer que se lo hurtó a la izquierda, hace de ello unos cuarenta años, cuando puso los hitos de un gramscismo de derechas: eso que, con un término algo intimidante, se denomina el combate metapolítico. O cómo crear una mayoría ideológica antes de transformarla en mayoría política. No hay mucho que añadir a lo que dijo Alain de Benoist. Es límpido. El problema, y Alain de Benoist tomó pronto conciencia de ello, es cómo poner en práctica este concepto de hegemonía cultural. ¿Qué modalidades prácticas se requieren para obtener qué resultados efectivos? Ahí está toda la cuestión. Admitirán ustedes que el balance de este gramscismo de derechas está lleno de contrastes. Son muchas las razones de ello, y el tiempo nos impide analizarlas aquí detenidamente. Digamos, para no caer en un exceso de severidad, que durante mucho tiempo no se ha tomado suficientemente en serio este combate cultural. Sólo desde hace unos doce años ha vuelto a ser un objetivo destacado, lo cual ha acarreado numerosos e indudables éxitos, pero no por ello hemos obtenido una mayoría ideológica. Y unos doce años es poco. Hay que comprender, en efecto, que la guerra cultural es una guerra de largo alcance que se sitúa en la larga duración de los ciclos ideológicos. En el fondo, lo que debemos emprender es una nueva guerra de los Cien Años. Ahora bien, disponemos como máximo de una generación, o sea, unos 25 años, para descolonizar a Europa.
Tampoco se puede obviar una objeción de fondo contra la primacía del combate cultural. Es la siguiente: ¿son las ideas lo que dirige al mundo? Si lo dirigieran, hace tiempo que estaríamos viviendo en una austera y aburrida República de los filósofos, y sólo Platón nos envidiaría. Pero ello no constituye ninguna impugnación del combate cultural. Postulamos solamente que el mismo es condición necesaria para la toma y conservación del poder. Condición necesaria, pero no suficiente. La guerra cultural presupone la “doctrina del ciudadano omnipotente”, por hablar como el norteamericano Walter Lippmann, el teórico de las minorías inteligentes, el anti Gramsci. Considera que esta idea del ciudadano omnipotente no es más que un piadoso deseo. No es él quien domina. Nuestro mundo está dominado por la ley de hierro de la oligarquía, según la cual es siempre una minoría, cualquiera que sea le régimen, la que se impone.
Pese a esas reservas habituales, lo cierto es que son impresionantes los resultados de la caza obtenida por la guerra cultural. Gramsci pensaba en el precedente de la Iglesia, aunque ésta —convertida en hegemónicamente dominante al final del mundo antiguo, cuando Constantino la transformó en religión imperial— no aspiraba a la dominación política. Previamente había conquistado los corazones y los espíritus, gracias a su ejemplaridad, al fervor de sus discípulos, a su eficacia disciplinar, a sus mártires. Consiguieron crear las condiciones de la hegemonía ideológica.
Las guerras asimétricas
Es en esto en lo que, en resumidas cuentas, consiste el gramscismo de Gramsci, pero somos nosotros quienes debemos inventar el marco estratégico que queremos darle. Somos nosotros quienes debemos desarrollar nuestro propio arte de la guerra cultural, por parafrasear esa joya de la literatura militar que es El arte de la guerra, de Sun Tzu, un maestro del arte de la subversión. En la época de los Reinos combatientes, Sun Tzu ya presintió la configuración de lo que se denominaría más tarde la guerra asimétrica, el tipo mismo de guerra que debemos emprender. Las guerras asimétricas son guerras del débil contra el fuerte, del dominado contra el dominante. ¿Y por qué debemos escoger este terreno de la asimetría? Porque es él quien nos ha escogido a nosotros. No estamos en condiciones de emprender contra nuestro adversario una guerra convencional, una guerra regular, de igual a igual. Nuestros medios son ridículos en términos de potencia de fuego y de potencia de dinero. Si alguna vez nos aventurásemos a desafiarlo frontalmente, quedaríamos vitrificados. ¡Cualquier cosa, menos el enfrentamiento directo! Nuestro modelo estratégico tiene que ser el de David contra Goliat. Los americanos, que están apasionados por las cifras y las clasificaciones, se han entretenido en contar todas las grandes batallas disimétricas de la historia mundial. De ello resulta que David pierde dos de cada tres veces cuando adopta la estrategia de Goliat, mientras que gana dos de cada tres veces cuando la rechaza. Es el secreto de la victoria del pequeño contra el grande: desestabilizarlo cortándolo de su universo de referencia, que es un universo convencional. Es el único medio de corregir el desequilibrio de fuerzas. Es por ello por lo que se habla de guerras irregulares. Son tan antiguas como el mundo. Durante mucho tiempo, los estudios estratégicos las han descuidado olímpicamente: eran consideradas desleales, no pertenecientes a las formas nobles de la guerra, el frente a frente, el combate singular, de hombre a hombre, de ejército contra ejército. Ahora bien, se hacen guerras asimétricas desde la noche de los tiempos. En su libro La astucia y la fuerzas. Otra historia de la estrategia, Jean-Vincent Holeindre ha demostrado sobradamente hasta qué punto pertenecen a la cultura estratégica de Europa. Es la vieja lucha del león y del zorro. Las más de las veces, al menos en la cultura clásica, se ha magnificado al león, es decir, a la fuerza, en detrimento de la astucia. No ocurría así en la Grecia arcaica, la de Homero. Homero, que se cuidó de emparejar el gran poema de la fuerza, la Ilíada, con el gran poema de la astucia, la Odisea. Ulises se introduce en Troya mediante el ardid del caballo de madera; Ulises engaña al cíclope Polifemo. Los primeros griegos hablaban de la mètis, la estratagema de la astucia. Pero a partir de Platón, la filosofía va a condenar la astucia. Será tan sólo un asunto de retóricos, de sofistas, de orientales.
No les voy a negar que, al igual que ustedes, yo prefiero el león al zorro. Hasta me resulta difícil imaginarme en la piel del zorro, pero zorros tenemos que ser estratégicamente hablando. De lo contrario, nos quedaremos como los espectadores pasivos de nuestra derrota ideológica. Admito gustoso que deberíamos conquistar un medio de comunicación central, o conseguir imponer uno; que deberíamos tener ciudadelas universitarias, un grupo de prensa, etcétera. No me duelen prendas en reconocer que preferiría que, en lugar de Delpine Ernotte, fuera Jean-Yves Le Gallou quien estuviera al frente de France Télévisions. O que Alain de Benoist tuviera una cátedra en el Collège de France en lugar de Patrick Boucheron. Pero estamos muy lejos de conseguirlo. Lo cual no debe impedirnos, cuando surja una brecha en un medio de comunicación central, penetrar decididamente por ella. Pero sigo siendo gramsciano. Lo que debemos crear es una contrasociedad, una contracultura, una sociedad paralela. Privilegiar las estrategias de desvío y de sabotaje. Hagamos, por favor, un poco de memoria. Las ideas de la Ilustración se difundieron a través de los salones y las gacetas; las de la Revolución a través de los clubs y las sociedades de pensamiento estudiadas por Augustin Cochin. En cada cambio de paradigma ideológico, un nuevo médium. Los nuestros son las redes sociales. Es la Trump’s Troll Army, el ejército de los trolls de Trump. No son ellos los que han obtenido la elección de Trump, es la América periférica, pero han contribuido a ella saturando las redes sociales.
Este tipo de enfrentamiento asimétrico tiene un nombre: el de guerrilla. ¡He ahí el teatro de nuestras operaciones! Tenemos que ser guerrilleros intelectuales, partisanos intelectuales, por retomar una expresión de Carl Schmitt, el gran teórico del partisano. ¿Cuáles son las características del partisano? La movilidad, el acoso, la furtividad, la guerra de desgaste, la subversión, y sobre todo la inventiva. Tenemos que distinguirnos por nuestra capacidad de inventar y difundir una contracultura, de constituirnos como vanguardia. Sin descuidar ningún campo cultural. Ahí está la lección de Gramsci, apasionado por el folklore, por la cultura popular, por los culebrones, por Los novios, de Manzoni. La hegemonía pasa por todos estos canales. Hoy son los comics, la video, las redes sociales. Otros tantos campos culturales que debemos ocupar. La guerra cultural es un trabajo de “persuasión permanente” destinada a crear e instalar un contrapoder cultural que debe englobar el conjunto del campo cultural.
¿Qué finalidad se persigue? La de difundir por todas partes y mediante todos los medios nuestro sistema de valores y de referencias. En realidad, la asimetría es un conflicto con vistas a la legitimidad, puesto que no se reconocen las leyes tácitas del adversario. No se quiere cambiar tan sólo la correlación de fuerzas, sino la correlación de normas. Subvertirlas. Es lo que los americanos denomina el culture jamming, literalmente la interferencia cultural, el sabotaje o el secuestro cultural. Con otras palabras: subvertir los medios de comunicación centrales recurriendo a sus códigos y técnicas, razón por la cual los americanos hablan de “guerrilla semiótica”. ¿Un ejemplo? ¡Fdesouche![1] ¿Otro ejemplo? ¡Les Bobards d’or![2] ¿Otro ejemplo? ¡Lo que intentamos hace en Éléments![3] Sería necesario llevar todo esto a la potencia 10.
La asimetría es también, y sobre todo, la gran lección dada por nuestro adversario. Me refiero a las minorías que son actualmente dominantes. ¿Cómo lo han hecho? Desde los años 60-70 del pasado siglo fueron multiplicando las luchas transversales: una auténtica guerra asimétrica, del débil contra el fuerte o, más bien, del minoritario contra el mayoritario. En aquellos años se hablaba de los nuevos movimientos sociales (NMS), de las nuevas formas de activismo que rompían con el militantismo tradicional, el de los sindicatos, de las Iglesias, de los partidos, en donde el referente minoritario no tenía sitio. Fueron los trabajos de Foucault y de la French Theory los que alimentaron este activismo. Ello condujo a una nueva dinámica societal: entre las feministas, los homosexuales, los movimientos antirracistas, el movimiento de los “sin” (sin papeles, sin vivienda), SOS Racismo, las Femen, Act-up, etcétera. Si cito estos nombres no es para que ustedes se irriten, sino para que se inspiren de ellos. Aunque minoritarios, estos movimientos, estas asociaciones, estos lobbies se convirtieron en mayoritarios en las representaciones mentales. ¿Por qué? Porque lo que marca la diferencia en una configuración asimétrica no es el número, sino la movilidad y la inventiva. Ya no tiene sentido aquella famosa réplica de Stalin (“¿El Vaticano?… – ¿Cuántas divisiones?”). En lugar de decir “¿Cuántas divisiones?” ahora hay que decir “¿Cuántos comandos?”. Sí, ¿cuántos comandos podemos desplegar mañana para subvertir la cultura dominante?
El combate cultural es la estrategia del viejo topo –¡qué hermoso bestiario!, después del zorro, ahora el topo–, ese viejo topo cuya imagen Marx la tomó de Hegel, el cual la había tomado a su vez de Shakespeare. La revolución –para nosotros, el combate cultural– es como un viejo topo: trabaja primero subterráneamente, en la sombra y la oscuridad, antes de triunfar. Ahí está toda la paradoja de la guerrilla cultural: tenemos que convertirnos en un zorro, en un viejo topo, para entroncar con la grandeza francesa y el genio europeo –y recíprocamente.

LLAMADO A LOS SOLDADOS DE CRISTO PARA LA GUERRA SANTA





"Levántate, soldado de Cristo; levántate, sacúdete el polvo; vuélvete al campo de batalla, de donde huiste, a pelear con mayor fortaleza después de la fuga y a triunfar con mayor gloria. Muchos son los soldados que tiene Cristo, que comenzaron con coraje y perseveraron en él, y vencieron. Muchos menos se cuentan de los que, tras haberse declarado en fuga, volvieron al peligro antes temido e hicieron huir a los enemigos que antes los habían ahuyentado. Mas como todo lo raro es precioso, me alegro de que te cuentes entre aquellos que, cuanto más escasos son, tanto más gloriosos aparecerán. Por otra parte, si te sientes demasiado tímido, ¿a qué temer en donde no hay por qué, y no temer donde verdaderamente se ha de temer? ¿O piensas que porque te fugaste de la fortaleza, evadiste las acometidas de los enemigos? Con más furor te persigue el adversario si huyes que te combatirá si resistes; con mucha más audacia te atacará por la espalda que se resistirá de frente. Hoy, creyéndote seguro, prolongas tu sueño hasta entrada la mañana, cuando a la misma hora ya Jesús se había levantado del sepulcro en su resurrección. ¿E ignoras que estando desarmado, has de hallarte tú mismo más tímido y menos terrible a los enemigos? Tropa de gente armada ha rodeado tu casa, ¿y tú duermes? Ya escalan los muros, ya derriban las defensas, ya irrumpen por las brechas. ¿Y estarás más seguro si te toman solo que si estas con tus compañeros? ¿Valdrá más te sorprendan desnudo en cama que armado en el campo? Levántate, embraza las armas, júntate a los soldados que abandonaste en tu fuga. La misma cobardía que de ellos te separó, vuélvate con ellos a juntar. ¿Por qué rehusas la aspereza y el peso de las armas, cobarde soldado? El enemigo que ya tienes encima y las saetas voladoras que te rodean disparándote al corazón, te harán olvidar lo incómodo de la loriga, lo duro del casco, lo pesado del escudo. Ciertamente al que pasa de súbito de la sombra al sol o de la ociosidad al trabajo sin transición alguna, todo le parece pesado, porque comienza. pero cuando ya va olvidándose de aquello y haciéndose a esto, la misma costumbre quita la dificultad y ve fácil lo que juzgaba imposible. Aun los soldados más bravos tiemblan muchas veces al repentino son de trompeta, antes del combate; pero en llegando a las manos, la esperanza de la victoria y el temor de ser vencidos los hace intrépidos.
Mas ¿cómo tiemblas tú, rodeado de todos tus hermanos, que te ciñen cual muro defensivo, teniendo a los ángeles que asisten a tu lado y viendo caminar delante a Cristo que anima a los suyos a la victoria, diciendo: Confiad; yo he vencido al mundo? Si Cristo está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Seguro puedes pelear allí donde estas seguro de vencer. ¡Oh victoria segura por Cristo y con Cristo, de la que nadie puede defraudarte, ni herido, ni postrado, ni hollado, ni muerto, si posible fuere, mil veces. La única causa de no alcanzarla es la fuga. Huyendo puedes perderla, muriendo no puedes. Y feliz tú, si murieses luchando, porque al punto serías coronado, pero ¡ay de ti si, rehuyendo la pelea, perdieras juntamente la victoria y la corona! No lo consienta Aquel, hijo carísimo..."

(San Bernardo, consejo a los Caballeros Templarios)

Conmovedora arenga de San Bernardo. Hoy se requieren Caballeros Templarios dispuestos a dar su vida por Cristo, nosotros los hijos de San Benito fuimos los que inspiramos a los antiguos monjes soldados del Temple, hoy seguimos inspirando nuevos Cruzados para enfrentar al anticristo.


"NON NOBIS DOMINE, 
NON NOBIS SED NOMINE, 
TUO DA GLORIAM"

(No a nosotros Señor, no a nosotros, 
sino a tu nombre da gloria)
Lema de los Caballeros Templarios

domingo, 2 de septiembre de 2018

EL CATOLICISMO DEL RESTAURADOR DE LAS LEYES, EL BRIGADIER GENERAL DON JUAN MANUEL DE ROSAS


Brigadier Gral. Don Juan Manuel de Rosas
Por: Ricardo Díaz

Cuando en 1835 Don Juan Manuel de Rosas exige las “facultades extraordinarias” y la “suma del poder público”, no lo hace sólo para contener el caos reinante, sino también para preservar la integridad de la Iglesia Católica, que venía siendo objeto de ataques desde 1810, por la corriente revolucionaria iluminista y liberal, bajo las batutas de Moreno, Monteagudo y Rivadavia.
La Asamblea de 1813 trató de independizar la Iglesia Católica argentina de Roma, y así formar como una especie de “Iglesia Nacional”, tal como había sucedido entre los ingleses en tiempos de Enrique VIII. Se sancionaron medidas anticlericales y se llegó, incluso, a proponer el repudio al Concilio de Trento.
Luego, en 1822, la “reforma” unitaria, impuso el cierre de monasterios, la confiscación de bienes de los conventos, la nacionalización de los seminarios y del senado eclesiástico y la intervención de parroquias y órdenes religiosas.
Mas tarde, en 1826, se celebra con Inglaterra un tratado en el que, en una de sus cláusulas, se autoriza a los súbditos británicos la celebración pública del culto protestante.
Todas estas cuestiones anti-tradicionalistas de una nación cuyo origen raíz y esencia son católicas, produjo una natural reacción encabezada por Juan Manuel de Rosas, quien tras asumir el poder en 1835 por segunda vez, inmediatamente restableció la comunicación con Roma, decretó que se guardasen al obispo los honores, distinciones y prerrogativas que le acordaban las leyes de Indias; favoreció en toda forma el culto católico; prohibió la venta de libros y pinturas que ofendían la moral evangélica y las buenas costumbres; hizo obligatoria la enseñanza de la doctrina cristiana; introdujo congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza; entregó la Universidad a los jesuitas. Cuando estaba por celebrar un concordato con la Santa Sede se produjo su derrocamiento en Caseros. Con la caída del Restaurador de las Leyes el Estado argentino dejó de ser católico.
Ya en su destierro, en Southampton, Rosas se expresaba en sus cartas privadas acerca del problema que agitaba no sólo a nuestra nación, sino a todo el mundo: “Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a la que llaman libertad, invocando los derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la sociedad a no ser ofendida. Si hay algo que necesita dignidad, decencia y respeto es la libertad, porque la licencia está a un paso. Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social”.
Respecto de la paz social y la armonía internacional, Rosas escribe que se debería “reunir un Congreso de representantes de todos los países, cuyas discusiones francas y sin reservas, se publiquen tales cuales se pronuncien, día a día, para formar y escuchar la opinión de los pueblos”.
También propone el establecimiento de una “Liga de las Naciones Cristianas” presidida por el Papa, para llegar a establecer el “Tribunal de las Naciones y la paz general”.
Además se preocupa por la situación del Papa Pío IX y su entorno: “Si el Papa ha de salvar a la Iglesia Católica, necesita dar unas cuantas sacudidas con la tiara a la polilla que la carcome”. En cuanto a los problemas que afectan a las monarquías, propone que “se deben fortalecer los ejércitos, para que así, pueda ser posible, sin desmedro del orden ni del principio de autoridad, conceder pero no ceder”.
Por otra parte, señala que el medio más eficaz de alcanzar el equilibrio social y político en Europa y sostener a la Iglesia, es la unión de los reyes alrededor del Sumo Pontífice. Y respecto de la cuestión social escribe que “Es que los gravámenes continúan terribles. Los labradores y arrendatarios sin capital siguen trabajando sólo para pagar la renta y las contribuciones. Viven así, pidiendo para pagar, pagando para pedir”.
También se pronunció respecto a la organización y tendencia de “La Internacional”, señalando que es “una sociedad de guerra, de odio, que tiene por base el ateísmo y el comunismo, por objeto la destrucción del capital y el aniquilamiento de los que poseen, por medio de la fuerza brutal, del gran número que aplastará a todo cuanto intente resistirle”.
Otra cuestión que critica se refiere al divorcio entre la Iglesia y el Estado, la libertad de la enseñanza laica con lo cual “Se propagan las malas semillas de la revolución y de la impiedad”. Y también predice que “el amor a la patria se extinguirá, el gobierno constitucional será imposible, porque no encontrará la base sólida de una mayoría suficiente para seguir un sistema en medio de la opinión pública confundida, como los idiomas en la torre de Babel. Ahora mismo Francia, España y los Estados Unidos están delineando el porvenir. Las naciones, o vivirán constantemente agitadas, o tendrán que someterse al despotismo de alguno que quiera y pueda ponerlas en paz”.
Creo que ha quedado debidamente documentado que Don Juan Manuel de Rosas no luchó solamente para restaurar las leyes en su nación, sino también en las naciones europeas, igualmente de origen, raíz y esencia católicas, de lo cual, en la actualidad están renegando.
Y también ha quedado documentado que dio todo de sí hasta el fin de sus días, y entonces podemos imaginar que, como cuando fue derrocado, dijo: “Más no he podido hacer”.-

Fuente: Federico Ibarguren, “Nuestra tradición histórica”, Ed Dictio,1978, Buenos Aires