“Este blog es un espacio para todo lo que es Católico. En lo temporal, podemos decir que somos políticamente incorrectos, por lo tanto no hay lugar para aquellos que creyendo luchar por la Verdad siguen apoyando sistemas políticos anticristianos y al Nuevo Orden Mundial”. Publicaremos artículos y noticias que valgan la pena y algunas otras que nos dan pena, pero siempre sin mirar quien lo dice, sino más bien lo que dice, como escribe Tomás de Kempis en su Imitación de Cristo.”

PERON Y SU FORMACION MILITAR
ResponderEliminarDos vocaciones tuvo Juan Domingo Perón, la medicina y la ingeniería. Sin embargo la carrera militar fue la forja definitiva de su carácter. Sobre la medicina recuerda James L. Poppen, neurocirujano estadounidense, una humorada que le comentó Perón: “Debí ser médico, pero me convertí en soldado y eso fue positivo, porque como médico no hubiera estado jamás en condiciones de decir lo que en este momento puedo asegurar: que nunca he matado a nadie.” (13)
–Sobre la educación militar: “Era una pedagogía bárbara que también reinaba en la educación civil de esa época fenicia, y que parecía destinada sólo a falsear la índole natural de cada uno de nosotros. Sin embargo yo pasé por esa prueba salvando todo lo que había en mí de montaraz: la espontaneidad y el repentismo puramente campesinos que son, precisamente, apreciables virtudes naturales de nuestra raza criolla, muy aprovechables en lo militar.” (14)
–Más sobre la educación militar: ”Estoy persuadido de que no se puede construir un ejército como una entidad sin alma, pura disciplina, sin conexiones con el ser nacional, a menos de referirnos a un cuerpo de mercenarios, que se instrumenta ciegamente, como una máquina de autómatas. Y eso que yo no me incorporé al ejército en su peor época.” (15)
–Sobre la vida en el Colegio Militar: ”Una de las cosas más lindas que tuvo para mí el Colegio Militar fue la camaradería, la siembra de buenos amigos. He seguido manteniendo esa amistad a lo largo de los años. La mayor parte de aquellos compañeros de promoción colaboró conmigo en el gobierno. De ellos, uno de mis más estrechos amigos es el general Isidro Martín, que también hizo la Escuela de Guerra conmigo. A los únicos que he tuteado, aparte de mi familia, es a los compañeros de estudios: es una consecuencia de las costumbres del Ejército.” (16)
–Sobre la educación militar, todavía más. Refiriéndose a las fallas que contiene la educación militar que le tocó en suerte en su adolescencia, dice: “Todas esas fallas provienen del hecho de haber adquirido el militar una mentalidad deformada. A la mentalidad humanística que trae el cadete de su hogar, sucede una educación de pura impostura, donde prevalece un carácter falseado. En el Colegio Militar, apenas el alumno insinúa ‘yo pienso….’, le replican: ‘Cállese la boca. Aténgase al reglamento’. Una orden que es hechura del sindicato militar germano. En efecto, estas órdenes no contemplan nuestra mentalidad ni nuestro temperamento. Cuando el cadete responde: ‘Entendido, mi teniente’, ya está barruntando cómo puede burlar o evadir el disparate que le mandan hacer, porque siempre se considera más vivo que sus superiores.”
–Sobre las miserias fisiológicas y sociales. Refiriéndose a la primera unidad en la que revistó después de su egreso como subteniente de infantería, dice: “Fui destinado al Regimiento de 12 de Infantería de Línea, en Paraná. En la Primera Compañía, recibí una sección de ochenta soldados y diez suboficiales. Fue mi primer contacto con la realidad humana que contemplé con preocupación no exenta de emoción. Allí vi por primera vez, y a conciencia, las miserias fisiológicas y sociales. En un país con cincuenta millones de vacas, el treinta por ciento de los conscriptos era rechazado del servicio por debilidad constitucional, y los que se incorporaban venían semidesnudos, como provenientes de la mayor miseria. Ese impacto sobre mi sensibilidad de entonces estaba destinado a perdurar toda mi vida. Porque en aquel momento comencé entonces a concebir el patriotismo no como el amor a la tierra de nuestros mayores, ni a sus riquezas, ni a sus ciudades o sus pueblos, sino a nuestros hermanos argentinos, que son los que más merecen y necesitan”.
ResponderEliminarNos llamaba hermanos. Según el testimonio de un camarada suyo, el capitán Fernández Olguín: “No nos llamaba por los nombres, sino que nos decía ‘hermano’, como lo hace todavía”.
–Sobre la dedicación. A un amigo suyo que lo visita en el Reg. 12 de Paraná: “Cada uno de nosotros posee la llave del más resonante triunfo. Busque usted antes de que sea demasiado tarde la disciplina que más la guste y dedíquele dos horas diarias. Al cabo de los años será usted invencible”.
Pavón Pereyra, E.-Perón el Hombre del Destino