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sábado, 29 de agosto de 2026

UNAS LÍNEAS, (Calamo currente) Por: Sergio R. Castaño


El Nacionalismo Católico argentino es la forma propia que adquirió la tradición en Argentina. La forma propia, no importada ni postiza -ni menos renegada de nuestro origen y de nuestros prohombres.
No es un partido. Es un movimiento espiritual que recoge y reivindica la herencia griega, latina, hispánica, occidental y ante todo católica.
No sujeto a un molde estricto, sino albergador -sin contradicción- de distintas (pero no diversas) líneas, todas contestes en reivindicar la herencia antedicha. Entonces dentro del Nacionalismo se encuentra quien es más lefe, o menos lefe; más fascista, o menos fascista; algo "gorila", o algo "peruca" (sit venia verbo). Pero en cualquier caso esa persona está adherida al núcleo católico del Occidente cristiano y de la tradición patria, a los que no renuncia.
Ha sido, es, la "manera" argentina de vivir la tradición y el anhelo de restauración de la Cristiandad en una Patria concreta: la "manera" nuestra.
Entonces, para medir la "pertenencia" de quienes pueden ser llamados Nacionalistas argentinos cabría preguntar, entre otras cosas y a título de ejemplos no exhaustivos ni sectarios:
Ante todo: ¿es católico -y de forma mentis tradicional-?
¿Se considera, como ciudadano de esta Patria, de todas maneras parte del Occidente cristiano?
¿Exalta la tradición patria de los Austria, abjura del nefasto borbonismo, ensalza o reconoce la grandeza del prócer Juan Manuel, como uno de los hombres más grandes que ha dado Hispanoamérica (políticamente, el más grande)?
¿Deplora el triunfo mundial del anglosionismo, sobre todo tras 1945?
¿Es cipayo de Londres, París, Nueva York .... o Madrid?
¿Es anticomunista -pero sobre todo y significativamente, antiliberal-?
Junto con la tradición católica e hispánica secular, ¿reconoce la grandeza doctrinal de Maurras y/o de José Antonio?
Por eso, cuando a partir de 1930 se ha preguntado por la posición político-espiritual de alguien en Argentina:
¿Es liberal, es izquierdista, o es católico?, hasta que la Iglesia "adoptó" a la democracia cristiana, y hasta que nos trajeron los vidrios de colores de una patria mal parida por obra de 《traidores》 (sic), la identificación de la tercera alternativa era, ha venido siendo, y sigue siendo:
"AH, ES NACIONALISTA"

martes, 9 de diciembre de 2025

ALGUNAS DIRECCIONES EN DONDE SE CELEBRA LA MISA CATÓLICA EN LA REPÚBLICA ARGENTINA

 


En CABA y en la Provincia de Buenos Aires:
Ciudad de BUENOS AIRES
Capilla Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias
Venezuela 1318

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Domingos a las 9:30, 11:00 (cantada) y 19:00; lunes a las 19:00; martes a viernes a las 7:15 y 19:00; sábados a las 11:30 y 19:00

Oratorio Ntra. Sra. de Quito, En la calle Pasaje Gral. Winter 849, a dos cuadras de Plaza Irlanda. Domingos 9.30 hs puntual. barrio de Caballito CABA. Padre Juan Carlos CERIANI

GREGORIO DE LA FERRÈRE
Capilla San José

Zinny 2063 Gregorio de la Ferrére (Buenos Aires) Domingos, 10 hs.

VEDIA (Zona del noroeste de la Provincia de Bs.As. ... Junin, Lincoln, Gral. Pinto y otros)
Sociedad religiosa San Luis Rey de Francia - Capilla Virgen de Luján

Paine esquina Buenos Aires Vedia - Buenos Aires
Domingos, 10:00 hs.  Cel. (+54) 9 2355- 447068

LA PLATA
-Domingos 12:00 hs.: Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Los Hornos avenida 149 entre 62 y 64 (en Google maps aparece como Seminario Menor de Los Hornos) - Domingos , días de precepto y primeros viernes de mes: 19:00 (en verano -enero, febrero y parte de marzo- cambia a las 20:00 hs): capilla Inmaculada Concepción de María, calle 512 entre Camino Parque Centenario y calle 12, Ringuelet.

MORENO -La Reja-
Capilla del seminario Nuestra Señora Corredentora
Antofagasta y Patricios La Reja - Buenos Aires Domingos,

SAN ISIDRO
Capilla Nuestra Señora de Fátima

Rodriguez Peña 125  Martínez - Buenos Aires
Domingos: 9:00 y 11:00 (cantada); lunes, 19:00; martes a viernes, 7:30 y 19:00; sábados: 11:00

TANDIL BS. AS.
Santa Misa cada 15 días en la ciudad de Tandil , se celebra los primeros Viernes de mes hasta el Domingo q es cantada por la mañana y el sacerdote. Después de comer se va a Mar del Plata a celebrar la Misa a las 19 hras

PROVINCIA DE CÓRDOBA
ALTA GRACIA
Capilla Inmaculado Corazón de María

Esperanza 824  Alta Gracia - Córdoba
Domingos: 9 y 11 hs.; martes a viernes: 19:00. Sábados: 11 hs.

LABOULAYE prov. de Córdoba: Misa Periodicamente,,, Consulte al Tel.Cel. (+54) 9 2355- 447068

ANISACATE
Capilla del colegio del Inmaculado Corazón de María

Ruta 5 y Bosque Alegre Anisacate - Córdoba
Domingos, 8 hs. (cantada) Lunes a viernes 7:15 hs. Sábados: 11:30 hs.
Capilla San Pío V Ciudad de Córdoba
General Tomás Guido 227

Barrio San Martín
Domingos, 9 y 11 hs. Martes y jueves 19 hs. Sábados 11 hs.
Tel. 351 4592836

VILLA MARÍA
Oratorio San Miguel Arcángel

Parajón Ortiz 138 Villa María - Córdoba
Para días y horarios comunicarse al 353 4010040

PROVINCIA DE CORRIENTES Ciudad de CORRIENTES
Capilla San Miguel Arcánge
l (Paraguay 1490 (esquina Rivadavia)
Corrientes
Domingo 8 hs. y 10 hs., y de lunes de sábados, 19 hs.

CURUZÚ CUATIÁ Capilla de la Santa Cruz
Rodriguez Peña 569  Curuzú Cuatiá - Corrientes
1°, 2° y 4° domingos de cada mes: 19:30

MERCEDES CORRIENTES  Iglesia Santa Rita
Calle del Hípico y La Calandria Barrio Merceditas
Mercedes - Corrientes  1º, 2º y 4º domingos de mes, 10 hs.

PROVINCIA DE JUJUY  SAN SALVADOR DE JUJUY
Iglesia Nuestra Señora de Fátima

Barrio Bajo la Viña San Salvador de Jujuy Domingos 10:30 hs.
+54-(387) 436-5580
Correo electrónico: fsspxsalta@gmail.com

PROVINCIA DE MISIONES
Sociedad religiosa San Luis Rey de Francia -
Tel. 

Cel. (+54) 9 2355- 447068

PROVINCIA DE MENDOZA Ciudad de MENDOZA
Iglesia Nuestra Señora de la Soledad

General Mariano Balcarce 267 Godoy Cruz
Domingos, 7:30, 9:00, 10:30 (cantada) y 12:30 hs.
De lunes a sábados, 19 hs

PROVINCIA DE SALTA Ciudad de SALTA
Iglesia Nuestra Señora del Carmen (FSSPX)

Obispo Romero y Uriburu Salta
Domingos: 10:30; sábados: 9:30; martes, miércoles y jueves: 7:15; lunes a viernes: 19:00.
+54-(387) 436-5580
Correo electrónico: fsspxsalta@gmail.com

TARTAGAL  Capilla San Francisco de Asís
Barrio 9 de julio Tartagal - Salta 4º domingo de mes, 20 hs.

PROVINCIA DE SAN LUIS Ciudad de SAN LUIS
Capilla de la FSSPX

Capilla San Pío X, Calle Las Rosas 282, D 5701 Juana Koslay San Luis. Misa Dominical.

PROVINCIA DE SANTA FE ROSARIO
Iglesia de N. S. del Santísimo Rosario

Pasaje Independencia 3277 Rosario
Tercer domingo de cada mes (segundo domingo a partir de abril): misa cantada a las 10 hs.
Sábados anteriores: misa rezada a las 11 hs.

PROVINCIA DE TUCUMÁN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
Iglesia Ntra. Sra. del Carmen

Ex- ingenio San Pablo Avda. Roca y ruta 301 San Pablo - Tucumán
Domingos, 10:00 hs. y los Domingos después del primer Viernes de mes, es a las 20:00 hs.

PROVINCIA DE SANTIAGO DEL ESTERO
Ciudad de SANTIAGO DEL ESTERO Oratorio Santiago Apóstol (FSSPX)

Pueyrredon 167 La Banda - Santiago del Estero Domingos, 20 hs.

PROVINCIA DE NEUQUÉN
Llamar por telefono al Cel. (+54) 9 2355- 447068
Sociedad religiosa San Luis Rey de Francia - (PERIODICAMENTE)

miércoles, 23 de julio de 2025

BREVE CATEQUESIS SOBRE EL STO. SACRIFICIO DE LA MISA

Interesante video de Catecismo sobre la Sta. Misa, editado por ediciones Paulinas, antes del Vaticano IIº; si puede bájelo a su computadora no sea que se den cuenta que está en el youtube y lo quiten por católico

jueves, 3 de julio de 2025

JUEVES SACERDOTAL...: Oración del Santo cura de Ars por los sacerdotes


Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.
Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.
¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.
¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.
¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad. Amèn.
Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.
María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.

lunes, 9 de junio de 2025

LA APOSTASÍA Y EL FIN DEL MUNDO

El fin del mundo no llegará sin que antes se revele un hombre espantosamente malvado e impío, que San Pablo califica llamándolo el hombre del pecado, el hijo de la perdición. Y éste, a su vez, no se manifestará sino después de una apostasía general, y después de la desaparición de un obstáculo providencial sobre el que el Apóstol había instruido de viva voz a sus fieles.
¿De qué apostasía quiere hablar San Pablo? No se trata de una defección parcial; porque dice, de manera absoluta, la apostasía. No se lo puede entender, por desgracia, sino de la apostasía en masa de las sociedades cristianas, que social y civilmente renegarán de su bautismo; de la defección de estas naciones que Jesucristo, según la enérgica expresión de San Pablo, había hecho concorporales a su Iglesia (Ef. 3 6). Sólo esta apostasía hará posible la manifestación, y la dominación, del enemigo personal de Jesucristo, en una palabra, del Anticristo.
Nuestro Señor dijo: “Cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?” (Lc. 18 8). El divino Maestro veía declinar la fe en el mundo llegado a su vejez. No es que los vientos del siglo puedan hacer vacilar esta llama inextinguible, sino que las sociedades, ebrias por el bienestar material, la rechazarán como importuna.
Al renegar de Jesucristo, es preciso que caiga, mal que le pese, en las garras de Satán, a quien tan justamente se llama príncipe de las tinieblas. No puede permanecer neutro; no puede crearse una independencia. Su apostasía lo pone directamente bajo el poder del diablo y de sus satélites.
Esta apostasía comenzó con Lutero y con Calvino. Es el punto de partida. Desde entonces ha recorrido un camino espantoso. Hoy esta apostasía tiende a consumarse. Toma el nombre de Revolución, que es la insurrección del hombre contra Dios y su Cristo. Tiene por fórmula el laicismo, que es la eliminación de Dios y de su Cristo.

R.P. Emmanuel, en “El drama del fin de los tiempos”.

viernes, 16 de agosto de 2024

LO QUE EL CLERO APÁTRIDA LIBERAL Y FILOMARXISTA DE ARGENTINA NO QUIERE QUE SEPAS ... EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA Y LA.CARTA DEL PRESIDENTE JUAN PERÓN AL PAPA PÍO XII.

 


Juan D. Perón fue el ÚNICO presidente del mundo que solicitó y adhirió al establecimiento del dogma de la Asunción.
“Beatísimo Padre, mi gobierno adhirió por decreto del 16 de septiembre de 1948 al temario del Congreso Asuncionista Franciscano de América Latina, celebrado en Buenos Aires entre los días 28 de septiembre y 4 de octubre. Fundamentaron esta adhesión la catolicidad de la Nación Argentina, la inspiración evangélica de mis actos de gobierno, ordenados a promover la justicia social conforme a los principios de solidaridad cristiana y humana, de acuerdo con las enseñanzas de los sumo pontífices, y mi decidida resolución de consolidar y defender la paz interna y la convivencia internacional. También le dieron fundamento la devoción acendrada del pueblo argentino a la Virgen Santísima, y el precedente de que, el 17 de septiembre de 1946, por intermedio de la embajada de la República ante la Santa Sede, el gobierno de la Nación hizo suya la petición del venerable episcopado argentino a Vuestra Santidad, elevada en 1903, en el sentido que defina como verdad de fe divina y católica la Asunción de la Madre de Dios, en cuerpo y alma a los cielos.
Finalizadas las memorables sesiones del Congreso Asuncionista Franciscano de América Latina, que presidió el reverendísimo padre general de la Orden de San Francisco, fray Pacífico María Perantoni, huésped dilecto de mi gobierno, y escuchadas por mí las conclusiones que fueron leídas en la sesión de clausura, a la que concurrí con los ministros de mi gabinete, he concebido el deseo ferviente de implorar a Vuestra Santidad, como lo hago en nombre propio, en el de mi gobierno y en representación de toda la Nación Argentina, que accedáis a cumplir los votos formulados por el Congreso Asuncionista. Así lo espera la avidez fervorosa de quienes asisten a la lucha contra el materialismo dialéctico, que ansía borrar todo vestigio de fe y de culto de los valores espirituales; que avasalla el baluarte de los justos y pretende sojuzgar los derechos humanos. Uno mi voz a las vibraciones del Congreso Asuncionista Franciscano de América latina, suplicándole que el Año Santo de 1950 sea declarado Año Mariano, dedicado a conmemorar el decimonono centenario de la Asunción de la Virgen, en cuerpo y alma, al solio de su realeza universal, y os imploro, para mi pueblo y para mi gobierno, vuestra paternal bendición”
Juan Perón Presidente de la Nación Argentina.
Recientemente el día 15 de agosto celebramos el dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos.
Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Para que una verdad se torne en dogma, es necesario que sea propuesta de manera directa por la Iglesia Católica a los fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia.
Fue el Papa Pío XII que, el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus que proclama el dogma con estas palabras:
“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

jueves, 21 de julio de 2022

LA HERMANA MUERTE -San Francisco de Asís- ... Hemos de estar siempre espiritualmente preparados porque no sabemos cuando llegará ese día

¿Cuántos son los que piensan en su propia muerte, y en el modo en que la afrontarán, en el destino de su alma? A todos, algún día, nos tocará, nos llegará el momento ¿Por qué no convertirse hoy, de una vez para siempre, dejando pecados, vicios y defectos para una vida de mayor perfección donde se halla la verdadera Paz de Jesucristo y la Felicidad en Dios?

lunes, 27 de julio de 2020

ISABEL LA CATÓLICA REINA DE ESPAÑA, ES MODELO DE HEROICAS VIRTUDES, DE MUJER Y DE POLÍTICA VERDADERA

La permanente actividad de la Reina Isabel, sus continuos viajes a caballo a través del reino, la falta de reposo para recuperarse de sus dolencias físicas y espirituales y los muchos disgustos familiares, habían llevado a Isabel a una situación de postración, afectando a su corazón de modo importante, de tal modo que precisaba unas largas vacaciones para recuperarse de sus múltiples dolencias, pero la Reina consciente de sus obligaciones en la gobernación del reino, pensaba que sus deberes estaban muy por encima de su salud corporal y espiritual.

Ordena las honras fúnebres sean sencillas, sin colgaduras ni demasiadas velas, y que lo que había de gastarse en esos lujos funerarios se aplique en ayudar a los pobres. Pide también que se paguen todas sus deudas, y del resto que se apliquen un millón de maravedíes para dotar a jóvenes pobres en su matrimonio, y otro millón para los que deseen consagrarse a la vida religiosa. También dispone otras cantidades para rescatar cautivos.
Ordena que se la entierre en el convento de San Francisco de Granada, ciudad recuperada para la cristiandad gracias ella, y a la que tiene particular cariño. Vestida con hábito franciscano, que se haga sepultura a ras de tierra, cubierta sólo con una losa sencilla, sin ningún tipo de mausoleo. Añade con su natural respeto y a mor a su esposo: Pero quiero e mando, que si el Rey mi Señor eligiese sepultura en otra cualquiera iglesia o monasterio de cualquiera otra parte o lugar destos mis reinos, que mi cuerpo de su señoría, porque el ayuntamiento que tuvimos viviendo, e que nuestras ánimas espero en la misericordia de Dios, tendrán en el Cielo, lo tenga e representen nuestros cuerpos en el suelo.

lunes, 13 de julio de 2020

EL SACRIFICIO DE LA MISA CONSIDERADO EN SÍ MISMO, TIENE UN VALOR INFINITO... Por: R. Garrigou-Lagrange O.P.



Jesucristo, Salvador nuestro, es el Sacerdote principal del sacrificio de la Misa. La oblación interior, que fue el alma del sacrificio de la Cruz, perdura siempre en el Corazón de Cristo que quiere nuestra salvación. Él mismo ofrece todas las Misas que se celebran cada día. ¿Cuál es el valor de cada una de esas Misas? Es importante tener una idea justa, para unirse cada día al santo Sacrificio y recibir más abundantes frutos.
En la Iglesia se enseña comúnmente que el sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito, pero que el efecto que produce en nosotros es siempre finito, por elevado que sea, y proporcional a nuestras disposiciones interiores. Estos son los dos puntos de doctrina que conviene explicar.
La razón estriba en que, en sustancia, el sacrificio de la Misa es el mismo que el de la Cruz, el cual tiene un valor infinito a causa de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote que la ha ofrecido, pues es el Verbo hecho hombre quien, en la Cruz, era al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. Es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente presente, realmente ofrecida sacramentalmente inmolada. Mientras que los efectos de la Misa inmediatamente relativos a Dios, como la adoración reparadora y la acción de gracias, se producen siempre infaliblemente en su plenitud infinita, incluso sin nuestro concurso, sus efectos relativos a nosotros sólo se extienden en la medida de nuestras disposiciones interiores.
En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, y ello en razón de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, independientemente de las oraciones de la Iglesia universal y del fervor del celebrante.
Es imposible adorar a Dios, reconocer mejor su soberano dominio sobre todas las cosas, sobre todas las almas, que por la inmolación sacramental del Salvador muerto por nosotros en la Cruz. Tal adoración la expresa el Gloria: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos. Esta adoración la expresa de nuevo el Sanctus y aún más la doble Consagración. Es la más perfecta realización del precepto: Adorarás al Señor tu Dios y al Él sólo servirás. Sólo la infinita grandeza de Dios merece el culto de latría. En la Misa se le ofrece una adoración en espíritu y en verdad de valor sin medida.
En el momento de la Consagración, en la paz del santuario, hay algo así como un gran impulso de adoración que sube hacia Dios. Su preludio es el Gloria y el Sanctus, cuya belleza queda subrayada algunos días por el canto gregoriano, el más excelso, el más simple y el más puro de todos los cantos religiosos; pero cuando llega el momento de la doble Consagración, todos se callan: el silencio expresa a su manera lo que el canto ya no puede decir. Que el silencio de la Consagración sea nuestro reposo y nuestra fortaleza.
Esa adoración, que sube hacia Dios en todas las Misas cotidianas, recae, de alguna manera, como fecundo rocío, sobre nuestra pobre tierra para fertilizarla espiritualmente.
Igualmente, es imposible ofrecer a Dios una reparación más perfecta por las faltas que se cometen diariamente, como dice el Concilio de Trento. No se trata de una nueva reparación, distinta de la de la Cruz: Cristo no muere ni sufre más, pero, según el mismo Concilio, el Sacrificio del altar, siendo substancialmente el mismo que el del Calvario, agrada a Dios más que lo que le desagradan todos los pecados juntos. El imprescriptible derecho de Dios, Soberano Bien, a ser amado por encima de todo no se podría reconocer mejor por la oblación [ofrecimiento] del Cordero [Jesucristo] que quita los pecados del mundo.(Dz 940 y 950, S. Tomás, de Aquino, Suma Teológica III, 48 2).
A menudo nos olvidamos de agradecer a Dios sus gracias, como los leprosos curados por Jesús; de diez, sólo uno se lo agradeció. Conviene ofrecer con frecuencia Misas de acción de gracias. Por cada Misa celebrada, por la oblación y la inmolación sacramental del Salvador en el altar, Dios obtiene infaliblemente una adoración infinita, una reparación y una acción de gracias sin límite.
No olvidemos que el más alto fin del Santo Sacrificio es la Gloria de Dios. Sin embargo hay otros efectos que son relativos a nosotros. La Misa puede obtenernos todas las gracias necesarias para la salvación. Cristo, que siempre está vivo, no deja de interceder por nosotros, (Hebreos 7,25).

¿Cuáles son los efectos que la Misa puede producir en nosotros?
Aunque el sacrificio de la Misa tenga en sí un valor infinito, en razón de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, los efectos que produce en nosotros son siempre finitos a causa de los límites mismos de la criatura y de los límites mismos de nuestra disposición interior.
Gran número de teólogos, inspirándose en los textos de Santo Tomás, dicen: El efecto de cada Misa no está limitado por la voluntad de Cristo, sino tan sólo por la devoción de aquellos por los que se ofrece. Una sola Misa ofrecida por cien personas, puede serle provechosa a cada una, del mismo modo que si hubiese sido dicha sólo por una. La razón estriba en que la influencia de una causa universal sólo está limitada por la capacidad de los sujetos que la reciben. Así, el sol ilumina y calienta en un solo lugar tanto a mil personas como a una sola. La influencia de la Santa Misa en nosotros no está pues, limitada más que por la disposición y el fervor de quienes las reciben.
El sacrificio de la Misa, que perpetúa en sustancia el de la Cruz, es de un valor infinito para aplicarnos los méritos y las satisfacciones de la Pasión del Salvador.
Es esto lo que explica la práctica de la Iglesia, que ofrece Misas por la salvación del mundo entero, por todos los fieles vivos y difuntos, por el Soberano Pontífice, los jefes de Estado, los obispos, sin limitar sus intenciones. Actuando así, la Iglesia no piensa en modo alguno que la Misa sea menos provechosa para aquél por quien se aplica especialmente.
En la Misa Cristo sigue ofreciéndose por acto teándrico [acto divino-humano], de valor infinito para aplicarnos los frutos de su Pasión. El límite no proviene de Él, sino sólo de nosotros, de nuestras disposiciones y de nuestro fervor. Como dice Santo Tomás de Aquino, igual que uno recibe más el calor de un hogar si se aproxima a él, así nosotros nos beneficiamos tanto más de los frutos de una Misa a la que asistimos con más espíritu de fe, de confianza en Dios, de amor y de piedad.

La Misa facilita nuestra conversión
En tanto que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados; no se dicen en vano estas palabras antes de la Comunión: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. ¡Cuántos pecadores, asistiendo a Misa, han encontrado allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración de hacer una buena confesión de toda su vida!
Por razón de que la Misa facilita el arrepentimiento, se sigue que puede ser ofrecida por pecadores incluso endurecidos e impenitentes a los que no se podría dar la Comunión. El santo Sacrificio puede obtenerles suficientes gracias de luz y de conversión. Incluso puede ser ofrecido, como el de la Cruz, por todos los hombres vivos, incluso por los infieles, los cismáticos, los herejes, siempre y cuando no se ofrezca por ellos como si fuesen miembros de la Iglesia. Con esta idea, el Padre Charles de Foucauld, eremita del Sahara [África], celebraba a menudo la Misa por los musulmanes a fin de preparar sus almas para recibir más tarde la predicación del Evangelio

La Misa neutraliza al demonio
El espíritu del mal nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen a ella con espíritu de fe. Cuando el enemigo del bien choca con un obstáculo insuperable, es que en una iglesia, un sacerdote consciente de su propia debilidad y de su pobreza, ha ofrecido la omnipotente Hostia y la Sangre redentora. Hay que recordar el caso de santos que, asistiendo a Misa, en el momento de la elevación del cáliz, han visto desbordarse la preciosa Sangre y deslizarse por los brazos del sacerdote, y los ángeles venir a recogerla en copas de oro para llevarla a aquellos que tienen mayor necesidad de participar en el misterio de la Redención.

La Misa disminuye nuestro purgatorio
El sacrificio de la Misa no sólo perdona nuestros pecados, sino la pena debida a nuestros pecados perdonados, ya se trate de vivos o muertos por quienes se ofrece el sacrificio. Este efecto es infalible; sin embargo, la pena no siempre es perdonada en su totalidad, sino según la disposición de la Providencia y el grado de nuestro fervor. Así se verifican las palabras: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz.
De aquí no se sigue que los difuntos que han dejado mucho dinero para que se digan numerosas Misas por su intención, sean librados más rápidamente del purgatorio que los pobres que no han podido dejar nada o casi nada; pues esos pobres, teniendo quizá menos deudas con la Justicia divina, puede ser que hayan sido mejores cristianos y participen más del fruto de las Misas dichas por todos los difuntos y del fruto general de cada Misa.
Finalmente, el sacrificio de la Misa nos obtiene los bienes espirituales y temporales necesarios o útiles para nuestra salvación. Así, conviene, como lo recomendó el Papa Benedicto XV, celebrar Misas para obtener la gracia de una buena muerte, que es la gracia de las gracias, de la que depende nuestra salvación eterna.
Conviene que al asistir a Misa, nos unamos, con gran espíritu de fe, de confianza y de amor, al acto interior de oblación que perdura siempre en el Corazón de Cristo. Mientras más nos unamos así a Nuestro Señor en el momento de la Consagración, la esencia del sacrificio de la Misa, mejor será nuestra Comunión, que es una perfecta participación en ese sacrificio.
Ofrezcamos igualmente las contrariedades cotidianas; será la mejor manera de llevar nuestra cruz, tal como el Señor lo ha pedido.
¡Quiera Dios que tengamos el pensamiento y la fortaleza de renovar esta oblación en el momento de nuestra muerte, de unirnos entonces, por medio de un gran amor, a las Misas que se celebrarán, al sacrificio de Cristo perpetuado en el altar! ¡Podríamos hacer así, del sacrificio de nuestra vida, una oblación de adoración reparadora, de súplica y de acción de gracias, que sea verdaderamente el preludio de la vida eterna!
Los fieles que poco a poco, dejan de asistir a Misa pierden progresivamente el sentido cristiano, el sentido de las cosas superiores y de la eternidad. Hay que encomendar las parroquias y las comunidades donde no se celebra Misa sino de tarde en tarde a aquellos santos del cielo que recibieron el carácter sacerdotal, en particular al alma del Santo Cura de Ars, para que desde arriba, vele sobre los rebaños sin pastor, para que interceda y obtenga a los agonizantes que no son asistidos la gracia de la buena muerte. Hay que pensar en ello a menudo al asistir al santo Sacrificio, y puesto que cada Misa tiene un valor infinito, hay que pedir que ésa a la que asistimos resplandezca allí donde ya no se celebra, donde poco a poco se pierde la costumbre de asistir a ella. Pidamos a Nuestro Señor que haga germinar vocaciones sacerdotales en esos medios; pidámosle sacerdotes, santos sacerdotes, cada día más conscientes de la grandeza del sacerdocio de Cristo, para que sean sus celosos ministros que solo vivan para la salvación de las almas. En los periodos turbulentos la Providencia envía innumerables santos; por eso es necesario pedir al Señor que envíe al mundo santos que tengan la fe y la confianza de los Apóstoles.

"El Salvador y su amor por nosotros" - R. Garrigou-Lagrange O.P., (Colección Patmos, ed. Rialp, Cap. XIV).

domingo, 22 de septiembre de 2019

UN HEREJE Y APÓSTATA DE LA FE NO PUEDE SER NUNCA UN PAPA DE LA IGLESIA DE CRISTO


Un hereje es un bautizado que rechaza un dogma de la Iglesia Católica Romana. Un cismático es quien niega estar en comunión con el Papa verdadero o con los verdaderos católicos. Un apóstata es quien rechaza por completo la fe cristiana. Todos los herejes, cismáticos y apóstatas se separan automáticamente de la Iglesia Católica (Pío XII, encíclica Mistici corporis, 29 de junio de 1943). Por lo tanto, quien es hereje no es católico (Papa León XIII, encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896). Y la mayoría de los herejes están convencidos que no niegan dogma alguno, cuando en realidad sí lo hacen.


Pablo IV, bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de febrero de 1559 (Bula Ex cathedra (infalible) que es imposible sea abrogada por el CIC (documento FALIBLE) como muchos pretenden, para justificar su adhesión a los últimos RECLAMANTES AL PONTIFICADO CATOLICO.): “6. Agregamos, [por esta Nuestra Constitución, que debe seguir siendo válida en perpetuidad, Nos promulgamos, determinamos, decretamos y definimos:] que si en algún tiempo aconteciese que un obispo, incluso en función de arzobispo, o de patriarca, o primado; o un cardenal, incluso en función de legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la fe católica, o hubiese caído en herejía:

(I) o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto;
(ll) y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. 
(III) Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes… 
(IV) los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder…
10. Por lo tanto, a hombre alguno sea lícito infringir esta página de Nuestra Aprobación, Innovación, Sanción, Estatuto, Derogación, Voluntades, Decretos, o por temeraria osadía, contradecirlos. Pero si alguien pretendiese intentarlo, sepa que habrá de incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y en la de sus santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XV anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado
+ Yo, Pablo, obispo de la Iglesia católica…”
San Roberto Belarmino: “Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Este es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”. (De Romano Pontifice, II, 30)
Enciclopedia Católica, “Papal Elections” [Las Elecciones Papales], 1914, Vol. 11, p. 456: “Desde luego, la elección de un hereje, de un cismático, o de una mujer [como Papa] será nula e inválida”.
Notas:
[1] The Papal Encyclicals [Las Enciclicas Papales], edición inglesa,, Vol. 1 (1740-1878), p. 256
[2] Decrees of the Ecumenical Councils [Los Decretos de los Concilios Ecumenicos], edición inglesa,, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, Vol. 1, p. 479
[3] Von Pastor, History of the Popes[Historia de los Papas], edición inglesa, II, 346; citado por Warren H. Carroll, A History of Christendom[Una Historia de la Cristiandad], Vol. 3 (The Glory of Christendom[La Gloria de la Cristiandad]), edición inglesa, Front Royal, VA: Christendom Press, p. 571.

miércoles, 21 de agosto de 2019

HERMOSA ORACIÓN PIDIENDO LA SALUD


Señor, Jesús, creo que estás Vivo y Resucitado. Creo que estas realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar y en cada uno de los que en ti creemos. Te alabo y a te adoro. Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí como Pan vivo bajando del Cielo. Tú eres la plenitud de la vida. Tú eres la resurrección y la vida. Tú eres, Señor, la salud de los enfermos. Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades porque Tú eres el mismo ayer, hoy y siempre y tu mismo me alcanzas hasta donde estoy. Tu eres el Eterno presente y tu me conoces… ahora, Señor te pido que tengas compasión de mi. Visítame a través de tu Evangelio para que todos reconozcan que tu estas vivo en tu Iglesia hoy; y que se renueve mi Fe y mi Confianza en ti. Te lo suplico, Jesús. Ten compasión de mis sufrimientos físicos, de mis heridas emocionales y de cualquier enfermedad de mi alma. Ten compasión de mi, Señor. Bendíceme y haz que vuelva a encontrar la salud. Que mi fe crezca y me abra a las maravillas de tu amor, para que también sea testigo de tu Poder y de tu Compasión. Te lo pido, Jesús, por el Poder de tus Santas Llagas, por tu Santa Cruz y por tu preciosa Sangre. Sáname, Señor. Sana mi CuerpoSana mi CorazónSana mi Alma Dame Vida y Vida en Abundancia. Te lo pido por intercesión de María Santísima, tu Madre, la Virgen de los Dolores, la que estaba presente, de pie, cerca de la cruz. La que fue la primera en contemplar tus Santas Llagas y que nos diste por madre. Tu nos has revelado que ya has tomado sobre Ti, todas nuestras dolencias y por Ti hemos sido Curados. Hoy, Señor, te presento en Fe todas mis enfermedades y te pido que me sanes CompletamenteTe pido por la Gloria del Padre del Cielo, que también sanes a los enfermos de mi familia y mis amigos. Haz que crezcan en la Fe, en la Esperanza y que reciban la Salud para Gloria de tu Nombre. Para que tu Reino siga extendiéndose más y mas en los Corazones a través de los signos y prodigios de tu Amor. Todo esto te lo pido, porque tu eres Jesús. Tu eres el buen pastor y todos somos ovejas de tu rebañoEstoy tan seguro de tu Amor que aun antes de conocer el resultado de mi oración, en Fe, te digo: Gracias Jesús, por lo que tu vas a hacer en mi y en cada uno de ellos. Gracias por las enfermedades que tu estas sanando ahora, Gracias por los que tu estas visitando con tu Misericordia … Amén

martes, 4 de junio de 2019

EL ÚNICO CULTO QUE DA LA GLORIA DEBIDA A DIOS ES LA MISA CATÓLICA Y NO LA PARÓDIA DE MISA INVENTADA POR JUAN BAUTISTA MONTINI -Alias Paulo VI- , QUE ES INVÁLIDA, ILÍCITA Y NULA...





Fray Calixto
(+1751)

Esta profecía presenta la particularidad de haber sido pronunciada en alta voz el 3 de diciembre de 1751, al fin de la Misa en presencia de todos los monjes de la abadía de Cluny. Fray Calixto murió al día siguiente sin haber pronunciado otra palabra.
“La venganza de Dios se aproxima, el tiempo urge, penitencia, oh pecadores. La iniquidad ha inundado la tierra, que no es sino iniquidad. ¿A qué santos rezaremos nosotros?. La venganza celeste alcanzará todas las clases. Nosotros hemos abusado del sacrificio, el sacrificio cesará. Iglesia de Dios, tu gemirás; ministros del Señor, vos lloraréis por nuevas profanaciones. (…) sangre, se beberá Sangre, sangre, se beberá…”
“La tierra culpable será purificada por el hierro y devorará aquel que se ha sentado en la iniquidad” (M. Servant, pág. 253).

lunes, 6 de mayo de 2019

SANTIFICAR EL TRABAJO, SANTIFICARSE EN EL TRABAJO, SANTIFICAR CON EL TRABAJO



La vocación divina nos da una misión, nos invita a participar en la tarea única de la Iglesia, para ser así testimonio de Cristo ante nuestros iguales los hombres y llevar todas las cosas hacia Dios.
La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía.
El trabajo acompaña inevitablemente la vida del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y de la necesidad de la redención. Pero el trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa.
Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio.
Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas. Es justo que se nos diga: ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.
El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las indicaciones, que San Pablo hace a los de Efeso, sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha supuesto en ellos su conversión, su llamada al cristianismo, encontramos ésta: el que hurtaba, no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con sus manos en alguna tarea honesta, para tener con qué ayudar a quien tiene necesidad.
Si trabajamos con este espíritu, nuestra vida, en medio de las limitaciones propias de la condición terrena, será un anticipo de la gloria del cielo, de esa comunidad con Dios y con los santos, en la que sólo reinará el amor, la entrega, la fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra ocupación profesional, ordinaria y corriente, encontraréis la materia —real, consistente, valiosa— para realizar toda la vida cristiana, para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.

Para servir, servir
Para comportarse así, para santificar la profesión, hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad humana y sobrenatural.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección.
Era José, decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. Y ¿qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Sólo trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar al día siguiente la tarea.
VISTO EN: Formacioncatolica.org

viernes, 7 de septiembre de 2018

LLAMADO A LOS SOLDADOS DE CRISTO PARA LA GUERRA SANTA





"Levántate, soldado de Cristo; levántate, sacúdete el polvo; vuélvete al campo de batalla, de donde huiste, a pelear con mayor fortaleza después de la fuga y a triunfar con mayor gloria. Muchos son los soldados que tiene Cristo, que comenzaron con coraje y perseveraron en él, y vencieron. Muchos menos se cuentan de los que, tras haberse declarado en fuga, volvieron al peligro antes temido e hicieron huir a los enemigos que antes los habían ahuyentado. Mas como todo lo raro es precioso, me alegro de que te cuentes entre aquellos que, cuanto más escasos son, tanto más gloriosos aparecerán. Por otra parte, si te sientes demasiado tímido, ¿a qué temer en donde no hay por qué, y no temer donde verdaderamente se ha de temer? ¿O piensas que porque te fugaste de la fortaleza, evadiste las acometidas de los enemigos? Con más furor te persigue el adversario si huyes que te combatirá si resistes; con mucha más audacia te atacará por la espalda que se resistirá de frente. Hoy, creyéndote seguro, prolongas tu sueño hasta entrada la mañana, cuando a la misma hora ya Jesús se había levantado del sepulcro en su resurrección. ¿E ignoras que estando desarmado, has de hallarte tú mismo más tímido y menos terrible a los enemigos? Tropa de gente armada ha rodeado tu casa, ¿y tú duermes? Ya escalan los muros, ya derriban las defensas, ya irrumpen por las brechas. ¿Y estarás más seguro si te toman solo que si estas con tus compañeros? ¿Valdrá más te sorprendan desnudo en cama que armado en el campo? Levántate, embraza las armas, júntate a los soldados que abandonaste en tu fuga. La misma cobardía que de ellos te separó, vuélvate con ellos a juntar. ¿Por qué rehusas la aspereza y el peso de las armas, cobarde soldado? El enemigo que ya tienes encima y las saetas voladoras que te rodean disparándote al corazón, te harán olvidar lo incómodo de la loriga, lo duro del casco, lo pesado del escudo. Ciertamente al que pasa de súbito de la sombra al sol o de la ociosidad al trabajo sin transición alguna, todo le parece pesado, porque comienza. pero cuando ya va olvidándose de aquello y haciéndose a esto, la misma costumbre quita la dificultad y ve fácil lo que juzgaba imposible. Aun los soldados más bravos tiemblan muchas veces al repentino son de trompeta, antes del combate; pero en llegando a las manos, la esperanza de la victoria y el temor de ser vencidos los hace intrépidos.
Mas ¿cómo tiemblas tú, rodeado de todos tus hermanos, que te ciñen cual muro defensivo, teniendo a los ángeles que asisten a tu lado y viendo caminar delante a Cristo que anima a los suyos a la victoria, diciendo: Confiad; yo he vencido al mundo? Si Cristo está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Seguro puedes pelear allí donde estas seguro de vencer. ¡Oh victoria segura por Cristo y con Cristo, de la que nadie puede defraudarte, ni herido, ni postrado, ni hollado, ni muerto, si posible fuere, mil veces. La única causa de no alcanzarla es la fuga. Huyendo puedes perderla, muriendo no puedes. Y feliz tú, si murieses luchando, porque al punto serías coronado, pero ¡ay de ti si, rehuyendo la pelea, perdieras juntamente la victoria y la corona! No lo consienta Aquel, hijo carísimo..."

(San Bernardo, consejo a los Caballeros Templarios)

Conmovedora arenga de San Bernardo. Hoy se requieren Caballeros Templarios dispuestos a dar su vida por Cristo, nosotros los hijos de San Benito fuimos los que inspiramos a los antiguos monjes soldados del Temple, hoy seguimos inspirando nuevos Cruzados para enfrentar al anticristo.


"NON NOBIS DOMINE, 
NON NOBIS SED NOMINE, 
TUO DA GLORIAM"

(No a nosotros Señor, no a nosotros, 
sino a tu nombre da gloria)
Lema de los Caballeros Templarios

domingo, 29 de octubre de 2017

DOMINGO DE CRISTO REY



Hoy 29 de octubre, celebramos la Fiesta Cristo Rey, que se celebra el domingo anterior al día de Todos los Santos (1 de noviembre), según lo promulgó S.S. el Papa Pío XI en la Encíclica "Quas primas" el 11 de diciembre de 1925.
Esta Encíclica fué escrita con motivo del año Jubilar que marcaba el XVI Centenario del Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Nicea, en el cual se definió y proclamó el dogma de la consubstancialidad del Padre y el Hijo, y en el que se añadió al Credo la frase "y su reino no tendrá fin", estableciendo así la realeza de Nuestro Señor Jesucristo.
La Fiesta fue una respuesta al aumento de la secularización, el ateísmo y el comunismo.
Mientras que el mundo les dice cada vez más elocuentemente a los cristianos que deben compartimentar su religión y dar su mayor lealtad al gobierno, el Papa Pío XI escribió sobre la fiesta:
"Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad.
Si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía.
Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo.
Es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos.
Es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido.
Es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo, como armas de justicia para Dios, deben servir para la interna santificación del alma.
Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección".

martes, 30 de mayo de 2017

SAN FERNANDO III, REY DE CASTILLA


Fernado era hijo del rey Alfonso IX y primo hermano del rey San Luis de Francia. Fue un verdadero modelo de gobernante, de creyente, de padre, esposo y amigo. Emprendió la construcción de la bellísima Catedral de Burgos y de varias catedrales más y fue el fundador de la famosa Universidad de Salamanca.
San Fernando III protegió mucho a las comunidades religiosas y se esforzó porque los soldados de su ejército recibieran educación en la fe. Instauró el castellano como idioma oficial de la nación y se esmeró para que en su corte se le diera importancia a la música y al buen hablar literario.
Sus enfrentamientos tuvieron por fin, liberar a España de la esclavitud en la que la tenían los moros, y por ende liberar también a la religión católica del dominio árabe.
Como todos los santos fue mortificado y penitente, y su mayor penitencia consistió en tener que sufrir 24 años en guerra incesante por defender la patria y la religión.
En sus cartas se declaraba: "Caballero de Jesucristo, Siervo de la Virgen Santísima, y Alférez del Apóstol Santiago. El Papa Gregorio Nono, lo llamó: "Atleta de Cristo", y el Pontífice Inocencio IV le dio el título de "Campeón invicto de Jesucristo".
Fernando III, que propagó la devoción a la Virgen María allá por donde pasara, llevaba consigo siempre una imagen de Nuestra Señora, como protectora en sus batallas. Cuenta la leyenda que, en sueños, se le apareció la Virgen y mandó hacer una talla de su visión, que le acompañó en la Reconquista. Era la Virgen de los Reyes. Y le hacía construir capillas en acción de gracias, después de sus inmensas victorias.
Este gran guerrero logró libertar de la esclavitud de los moros a Ubeda, Córdoba, Murcia, Jaén, Cádiz y Sevilla. Para agradecer a Dios tan grandes victorias levantó la hermosa catedral de Burgos y convirtió en templo católico la mezquita de los moros en Sevilla.
El 7 de febrero de 1671, fue canonizado por el Papa Clemente X. Su cuerpo incorrupto se venera en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla a los pies de Nuestra Señora de los Reyes, patrona de la ciudad hispalense. Es patrono de la ciudad con los Santos Clemente, Isidoro, Leandro, Justa y Rufina.

jueves, 19 de enero de 2017

FUERA DE LA IGLESIA NO HAY NINGUNA SALVACIÓN...


Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc 18:8)

Pocos dogmas de fe han sido tan atacados por la marea modernista como el que reza “Extra Ecclesiam nulla salus” (fuera de la Iglesia no hay salvación). Evidentemente se trata de una de las verdades de fe que menos agradan al mundo moderno. Como dice Garrigou-Lagrange el mundo moderno pretende separarse de la Iglesia
busca, es cierto, poner freno a las bajas pasiones, luchar contra la avaricia, trabajar por las mejoras de la clase obrera; más pretende hacer esto por sus propias fuerzas, sin la ayuda de Dios, nuestro Señor y de la Iglesia; sólo se inspira en su propio juicio, en su propia razón y voluntad. [1]
Pero no es nuestra voluntad la que tenemos que hacer para ser merecedores de gracia, antes bien es la voluntad de Dios quien quiere que todos los hombres le conozcan y por conocerle y obedecerle, se puedan salvar (I Tim 2, 4). Frecuentemente escuchamos, hoy más que antes que hay salvación fuera de la Iglesia Católica. Esta tesis es mantenida por muchos que se basan en el principio de que Dios es misericordioso y bueno:
Carísimos, amémonos unos a otros porque la caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amo r (I Jn 4, 7-8)
Pero estos que malinterpretan esta hermosa frase del Discípulo Amado, olvidan que Dios es justo y que el premia y castiga a cada cual según sus méritos:
Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino y no me alojasteis; estuve desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces ellos responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisión, y no te socorrimos? Él les contestará diciendo: en verdad os digo que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo. E irán al suplicio eterno y los justos a la vida eterna.
Pero ¿Implica esto que existe una contradicción entre la bondad de Dios y su justicia? Algunos podrán decir que Dios es tan bueno que ama y perdona a todos, y que su misericordia es tan grande que por ello el infierno, de existir, está vacío. Huelga decir que esta es la herética proposición de Von Balthasar y de otros varios modernistas que en todo contradicen ad litteram la verdad revelada en las Sagradas Escrituras, muy similar a la del otro gran hereje del siglo XX Karl Barth quien declaró que todos estamos predestinados a la salvación.
Los católicos sabemos muy bien que Dios es justo y es bueno, y como es bueno perdona a quienes se arrepienten. Cualquier pecado puede perdonarse, para ello Dios Nuestro Señor instituyó a los ministros con la potestad de perdonarlos o retenerlos, instituyendo así el sacramento de la Penitencia (Jn 20: 22-23). Pero como Dios es justo bien dijeron los reverendos padres asistentes al Concilio de Quierzy (año 853):
Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven [1 Tim. 2, 4], aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos se salven, es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden. [2]

Para la salvación de los hombres, Nuestro Señor Jesucristo instituyó los Sacramentos y como custodia de esta y de toda su doctrina a la Iglesia que el fundó: la Santa Iglesia Católica
Y yo te digo a ti que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16,18)
Pero hay quienes creen que es posible salvarse fuera de la Iglesia. Que fuera de la Iglesia que Cristo fundó podemos encontrar la Vida Eterna, podemos agradarle al Padre y recibir la gracia del Espíritu Santo. ¿Esto es así? No, claro que no. Todos los Padres de la Iglesia, todos los Doctores, Teólogos y Pontífices han afirmado siempre y constantemente (salvo en los tiempos modernos, como veremos más adelante) que nadie puede salvarse fuera de la Única Iglesia de Cristo:
Y una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva, y en ella el mismo sacerdote es sacrificio, Jesucristo [3]
Pero al mismo tiempo no podemos menos que acordar a todos, grandes y pequeños, como hizo Papa San Gregorio, de la necesidad absoluta de recurrir a esta Iglesia para tener salvación eterna [4].
Esto mismo fue declarado por nuestro Señor cuando indicó que
Él que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha (Lc 10, 16)
Y si no oyere a la iglesia, tenle por pagano y publicano (Mt 18, 17)
Pero, claro, esto es muy duro para el mundo moderno. Sería mucho mejor si cada uno pudiera salvarse en la religión que más le gusta, en aquella que es más flexible, más laxa, en la que le permite hacer lo que quiera sin tener que rendir cuentas a nadie.
Friedrich Hügel sostuvo que la verdad estaba en todas las religiones, Karol Wojtila/Juan Pablo II lo creyó y lo demostró más de una vez cuando habló de ecumenismo; Joseph Ratzinger lo sostuvo en su juventud, lo sostuvo como “Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Conciliar)” y hoy como Benedicto XVI; otros grandes “maestros” del modernismo siguieron esta doctrina de que fuera de la Iglesia hay salvación: Yves Congar, Henri de Lubac, Hans Urs von Baltasar y otros tantos que podríamos llenar páginas. Todos ellos de la “Iglesia Conciliar”. No discutiremos aquí si estos son o eran verdaderos católicos o herejes y usurpadores disfrazados. Nosotros tenemos antes que nada a tenernos a la Verdad que Cristo nos reveló y es que quien no está con Él está en su contra (Mt 12, 30), y es Cristo quien está en la Iglesia y esta vive en Él
Abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, llegándonos a aquel que es nuestra cabeza, Cristo, por quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren según la operación de cada miembro, va obrando mesuradamente su crecimiento en orden a su conformación en la caridad (Ef 4, 15-16)
De nuevo, o se está con Cristo (y su Iglesia) o se está en su contra. Quienes creen que es muy dura esta verdad de fe, deberían recordar que no podemos elegir que creer y que no, sino que estamos obligados a creer con fe verdadera y divina todo lo que la Iglesia ha definido como Verdad, así fue creído siempre, tal como lo demuestra el Credo de Atanasio:
Todo el que desee salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica; pues, a menos que una persona guarde esta fe entera e inviolada, sin duda alguna se perderá para siempre.
San Agustín nos cuenta de que
[...] un tal Retorio fundó una herejía de inaudita vanidad, porque afirma que todos los herejes caminan rectamente y dicen la verdad. Lo cual es tan absurdo que me resisto a creerlo [5].
La Verdad es Una, y la Verdad es Cristo (Jn 14, 6). Para ser libres debemos someternos a la obediencia de Dios, y para obedecerle debemos estar en su Iglesia, debemos creer lo que la Iglesia cree, enseñar lo que la Iglesia enseña y rechazar lo que ella rechaza. No podemos salvarnos fuera de la Iglesia, porque ella es la Única en la que se dan las cuatro marcas:
1. Es Una, porque uno es su Fundador y Cabeza invisible: Jesucristo, el Hijo de la Santísima Virgen María, la Inmaculada Madre de Dios.
2. Ella es Santa, porque Santo es su Fundador y santos son los miembros que están en el Cielo, contemplando a Dios en la felicidad eterna; Santa además porque ella no contiene mancha ni error, no erró y no puede errar porque “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18)”.
3. Es Católica, porque su mensaje es universal, para todos los tiempos y para todos los hombres que quieran recibirlo.
4. Es Apostólica, porque sobre los Apóstoles está fundada, porque ellos transmitieron el mensaje de Nuestro Señor, la Buena Noticia de la Redención, y porque la misma Iglesia, Una, Santa y Católica fue gobernada por los Apóstoles y hoy lo es por sus sucesores, los obispos, sumos sacerdotes que mantienen la sucesión apostólica válida, quienes tienen el deber de defender la fe y combatir las herejías.
La Iglesia se mantendrá a pesar de las dificultades: no pudieron contra ella ni Nerón, ni Diocleciano, ni Juliano, ni Atila, Solimán o Napoleón, no pudo el III Reich, no pudo la Unión Soviética y tampoco la China Comunista. No podrán contra ella las pervertidas herejías de Arrio, Nestorio, Lutero, ni tampoco de los ecumenistas, de los que “aman al mundo” y al Príncipe de este Mundo. Los modernistas no podrán destruir la Iglesia de Dios. Las persecuciones han fortalecido a la Iglesia, porque la purificaron con la Sangre de los Mártires, que sirvieron y sirven de ejemplo para los fieles.


La Iglesia mantendrá siempre la verdad, será la que custodie el Mensaje que Cristo entregó. La verdad no depende de gustos, no depende del tiempo ni de los caprichos de los hombres, sino de Cristo, quien es la Verdad. La Iglesia Jamás se basó en la popularidad para proclamar lo que debía ser creído, sino en el testimonio de Cristo revelado en las Sagradas Escrituras y Transmitido en la Tradición:
En un momento de la historia de la Iglesia, sólo unos años antes de la presente predicación de Gregorio [Nazianzano] (+380 A.D.), tal vez el número de obispos Católicos en posesión de sedes, a diferencia de obispos Arrianos en posesión de sedes, fue nada más que algo entre 1% y 3% del total. Si la doctrina hubiera sido determinado por popularidad, hoy fuéremos todos negadores de Cristo y opositores del Espíritu. [6]
Esta es la Fe Católica. La fe de siempre, la que afirma que solo hay salvación en la Iglesia Católica. Fuera de esta Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica solo hay discusiones, errores y tinieblas porque solo en ella se da el Pentecostés eterno de la influencia del Espíritu Santo.

Laus Deo.
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[1] R. Garrigou-Lagrange OP, Las tres edades de la vida interior,1950.
[2] Dz 318.
[3] Inocencio III, IV Concilio de Letrán, año 1215, Dz 430.
[4] San Pío X, Iucunda sane, 1904.
[5] San Agustín, Las Herejías, 72.
[6] Guillermo Jurgens, La Fe de los Padres Antiguos, II, p., 39.

(Este artículo fue tomado del blog  SURSUM CORDA)