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martes, 28 de abril de 2026

FORMACIÓN PARA LA ACCIÓN...: EL 29 DE ABRIL DE 1947, se promulga la Ley N° 12978 de Enseñanza Religiosa ratificando el decreto N° 18441 de 1943.

 


Dijo Eva Perón sobre el tema, en un discurso del 14/02/1947:
"Meditemos que el fracaso de nuestra escuela es debido a que no educa, no forma y no moraliza. Se limita a instruir. De ahí la necesidad de su transformación y la ayuda indispensable de la Enseñanza Religiosa para formar hombres y mujeres cuya responsabilidad de conducta contribuya a la paz social, juntamente con una mayor Justicia Social. Esto solo puede lograrse con la buena voluntad de la Educación Cristiana, fraternal y solidaria en lo privado y lo público, y jamas con el individualismo ateo y materialista."
Además, la educación religiosa estaba presente en la capacitación de la Escuela de Enfermería de Evita.

A su vez, Juan Perón sostuvo durante su campaña presidencial, en Entrevista del 19/02/1946:
"He jurado escuchar y satisfacer los anhelos del pueblo argentino, y como el pueblo argentino, por mayoría abrumadora, quiere para sus hijos la enseñanza religiosa, he de mantenerla y acrecentarla con el mayor empeño, ya que responde, además, a una íntima convicción de mi espíritu”

EL 29 DE ABRIL DE 1947, se promulga la Ley N° 12978 de Enseñanza Religiosa ratificando el decreto N° 18441 de 1943.

sábado, 12 de mayo de 2018

PROFÉTICAS PALABRAS


"Las naciones tienen la obligación de preparar la máxima potencialidad militar que su población y riqueza les permitan, para poder presentarla en los campos de batalla, si la guerra ha llamado a sus puertas.
Los pueblos que han descuidado la preparación de sus fuerzas armadas, han pagado siempre caro su error, desapareciendo de la historia o cayendo en la más abyecta servidumbre. 
De ellos, la historia sólo se ocupa para recordar su excesivo mercantilismo, o los arqueólogos para explorar sus ruinas, descubriendo bellas muestras de una grandiosa civilización pretérita, que no supo cultivar las aptitudes guerreras de sus pueblos."

(Juan Domingo Perón. Conferencia del 10/06/1.944 al inaugurar la Cátedra de la Defensa Nacional en la Universidad Nacional de La Plata)

lunes, 13 de octubre de 2014

EVA PERON Y LA HISPANIDAD: "SOMOS LOS HIJOS DE LOS CONQUISTADORES, LOS HEREDEROS DE SU GESTA Y LA LLAMA DE SU ETERNIDAD"


La leyenda negra con la que la reforma se ingenió en denigrar la empresa más grande y más noble que conocen los siglos, como fueron el descubrimiento y la conquista, solo tuvo validez en el mercado de los tontos o de los interesados. A nadie engañó que no quisiera ser engañado. Somos, pues, no solo hijos legítimos de los descubridores y conquistadores, sino herederos de su gesta y de la llama de eternidad que ellos transportaron por sobre los mares. Seamos dignos de esa herencia inmortal multiplicando nuestra fraternidad nacional, unificando cada vez mas los objetivos superiores del pueblo y la Nación, echando abajo todas las murallas que puedan separar aún a los trabajadores de la conquista del porvenir. Ante nosotros, como ante nuestros ascendientes heroicos de la conquista, un nuevo mundo social se ofrece a los capaces de renunciar a sí mismos y a conquistar para sus hijos y sus herederos un mundo mejor. Seamos dignos de esta magnífica herencia, repito. No vacilemos ante la intriga, ante la calumnia, ante lo desconocido para los que no saben ver mas que sus intereses egoístas. Luchemos como supieron luchar los hombres de Cortés, de Mendoza, de Balboa y de Pizarro. Reeditemos su fe en Dios y en nuestros derechos a ser definitivamente dueños y soberanos de nuestro propio destino y de las generaciones venideras, como nosotros ante ellos, nos honrarán porque supimos ser dignos de nuestros mayores y renunciar para la felicidad de nuestros descendientes. Este es mi homenaje al pueblo que nos dió el ser y nos legó su espiritualidad. ¡Bendito sea!" Eva Perón. (extraído del libro "Escribe Eva Perón", 1951, colección de artículos de Evita publicados en diario "Democracia")

martes, 25 de febrero de 2014

CUANDO NUESTRA PATRIA TENIA PRESIDENTES QUE ORABAN POR ELLA Y POR SU PUEBLO

Gral Juan D. Perón
“SEÑOR: muchas veces he hablado a mi pueblo; muchas veces he compartido con él las horas alegres y las horas tristes o difíciles de sus hijos, participando de su felicidad e infundiéndoles fe. En el largo camino de mis luchas, muchas veces también he elevado mi espíritu hasta vuestro corazón, rogando por la felicidad de mi pueblo y por la grandeza de mi patria. 
“Hoy vengo, Señor, en cambio, con mi pueblo, y con él, postrado humildemente ante Vuestra Divina Majestad, os reitero públicamente mi gratitud y la gratitud de todos los argentinos por cuanto nos ha sido dado de felicidad y de grandeza en estos años que llevo al frente de los destinos de la Nación. 
“Os agradezco porque en vuestra infinita bondad nos habéis concedido la paz y las condiciones espirituales y materiales necesarias para trabajar construyendo esta Nueva Argentina. 
“Os doy gracias porque habéis tenido a bien inspirarnos desde el fondo mismo de vuestro Evangelio una doctrina de justicia y de amor y porque nos habéis ayudado a realizarla progresivamente en esta tierra y para este pueblo. 
“Os agradezco, Señor, porque vuestro amor y vuestra gracia han sido magnánimos y generosamente derramados sobre nuestro pueblo, y porque vuestra bendición ha descendido abundantemente sobre sus afanes, sus trabajos y sus sacrificios, creando así la situación de mayor bienestar en que se encuentra. 
“Quiero reiteraros, asimismo, Señor, en esta oportunidad, los ruegos que os he hecho otras veces en la intimidad de mi corazón. 
“Os pido que vuestro amor siga derramándose sobre este pueblo argentino, que os reconoce y os ama desde los comienzos mismos de su vida. 
“Os pido especialmente que lo ayudéis en las luchas que sostiene por su dignidad de Nación justa, libre y soberana por la dignidad de cada uno de sus hijos. 
“Os ruego que así como acrecentáis la fecundidad de nuestras tierras y el trigo de nuestros campos -que por vuestro amor se consume en la unidad de la eucaristía-, se acreciente más aún la fecundidad del corazón de todos los argentinos, para que sean una sola cosa en virtud del amor, que es lo único que construye.
“Os imploro el auxilio necesario para que en mis afanes y trabajos, lo mismo que en las luchas de los hombres que comparten conmigo ahora y compartan después de mí la responsabilidad del gobierno en nuestra patria, nunca se altere nuestro propósito inicial de servir lealmente al pueblo, sobre todo a sus hombres y mujeres más humildes, porque estoy seguro de que sirviéndolos con lealtad y con amor estaremos siempre muy cerca de vuestro corazón. 
“Os ruego también, Señor, por la paz y la felicidad de esta patria nuestra tan querida, y por la paz y la felicidad de todos los hombres y de todos los pueblos del mundo, para los cuales imploro vuestra misericordia y vuestro amor. 
“Para mí, Señor, no os pido otra cosa que la luz necesaria para seguir conociendo los mejores caminos de mi pueblo y la fortaleza que sea menester para conducirlo a sus altos destinos. 
“Por fin, con absoluta conciencia de la responsabilidad que asumo, y en señal de gratitud por cuanto habéis otorgado a la Nación Argentina, en la abundancia de vuestro amor, os ofrezco todo cuanto soy y cuanto poseo, vale decir, mi vida por la grandeza y la felicidad de mi patria y de mi pueblo, cuyos destinos deposito en Vuestro Divino Corazón”.

sábado, 15 de diciembre de 2012

BASES DEL HUMANISMO CRISTIANO: Discursos y Mensajes de S.S. Pío XII (1949)

El humanismo constituye hoy la orden del día. Sin duda alguna existe una gran dificultad en formar y reconocer, al través de su evolución histórica, un claro concepto de su naturaleza. Con todo, aunque el humanismo declaró por mucho tiempo estar opuesto formalmente a la edad media que le precedió, lo cierto es que todo lo que contiene de verdadero, de bueno, de grande y de eterno pertenece al mundo espiritual del más grande de los genios del Medioevo, Santo Tomás de Aquino.
El Humanismo es problema de actualidad
En líneas generales, el concepto del hombre y del mundo, trazado por la perspectiva cristiana y católica, sigue siendo esencialmente el mismo, de donde es igual en San Agustín, Santo Tomás y Dante, como sigue siendo el mismo en la filosofía cristiana moderna. La obscuridad de ciertas cuestiones filosóficas y teológicas, que han sido aclaradas y gradualmente resueltas con el transcurso de los años, no disminuye un ápice la realidad de este hecho.
Sin hacer caso a las opiniones veleidosas que han aparecido en diversos períodos de la historia, la Iglesia ha afirmado el valor de todo lo humano y de todo lo que está en conformidad con la naturaleza, y sin titubeo ninguno ha tratado de desenvolver este valor y colocarlo en su propio y evidente lugar.
Por eso no admite, por ejemplo, que el hombre sea, a los ojos de Dios, simple corrupción y pecado; por el contrario, a los ojos de la Iglesia, el pecado original no afectó íntimamente las aptitudes y las fuerzas internas del hombre, sino que, por el contrario, dejó esencialmente intactos la luz natural de su inteligencia, y su libre albedrío. Ciertamente el hombre en su ser se encuentra herido y debilitado por la pesada herencia de una naturaleza caída, privada de los dones sobrenaturales y preternaturales. Empero, él debe hacer un esfuerzo para observar la ley natural, con la poderosa ayuda de la gracia de Cristo, para que pueda vivir como el honor de Dios y su dignidad de hombre lo exigen.
La ley natural, he aquí el fundamento en que descansa la doctrina social de la Iglesia. Es precisamente su concepción cristiana de la vida lo que ha inspirado y sostenido a la Iglesia, al levantar esta doctrina sobre tales fundamentos. Cuando lucha y vence por defender su propia libertad, lo hace realmente por la verdadera libertad y por los derechos fundamentales del hombre. A sus ojos estos derechos esenciales son tan inviolables, que no hay razón de Estado ni pretexto de un bien común que puedan prevalecer contra ellos. Están protegidos y custodiados por una muralla inexpugnable, y hasta sus bases puede el bien común legislar como quiera, mas no puede traspasar esta muralla, no puede tocar siquiera estos derechos, porque constituyen lo más precioso del bien común, precisamente.
Si se hubiera respetado este principio, cuántas tragedias y catástrofes y cuántos peligros amenazadores podrían evitarse. Este simple principio podría por sí solo renovar la faz social y política del mundo.
fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Cuando ella lucha por su libertad, lucha en verdad por la libertad y los derechos humanos, que no pueden ser violados por ninguna razón de Estado ni pretexto de bien común.
Mas, ¿quién, sin embargo, va a rendir este respeto incondicional a los derechos del hombre, sino el que sabe que vive bajo la mirada omnisciente de un Dios personal?
Un sentido común sano puede hacer muchísimo cuando acepta lo que la fe cristiana enseña: puede salvar al hombre de las garras de la tecnocracia y del materialismo.
El destino del hombre no descansa en un “Geworfensein”, en un abandono absoluto. El hombre es la criatura de Dios, y vive constantemente bajo su guía y bajo la vigilancia de su Providencia paternal. Laboremos, entonces, por revivir en las nuevas generaciones la confianza en Dios, en sí mismas, y en el futuro, y de este modo, hagamos posible la aurora de un orden más tolerable y feliz.
Octubre 12. A los miembros de la Convención Internacional de Estudios Humanísticos.