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martes, 7 de julio de 2026

HISTORIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CAR MEN.... Julio es el mes dedicado a su devoción

 

La historia de la Virgen del Carmen nace con el profeta Elías, en el Antiguo Testamento.
La Virgen del Carmen es la Virgen María, la Madre de Dios y por ello Madre Nuestra. Las distintas advocaciones que Ella recibe son producto del lugar y del mensaje que Ella nos trae.
Así en distintos momentos de la historia Ella se ha mostrado vestida de diferentes maneras, es por esta razón que se le conoce con distintos nombres o advocaciones como por ejemplo La Virgen del Carmen, que toma su nombre en alusión al Monte Carmelo.
Sobre sus orígenes, en el Primer Libro de los Reyes, se habla del profeta Elías, de la gran sequía que sufría el país y de los sacrificios ofrecidos en el Monte Carmelo.
Fue entonces que Elías prometió a Dios que el rey Ajaab y el pueblo abandonarían al dios Baal para que El terminara con la sequía que asolaba a la región.
Después de varias veces que Elías subió al monte, apareció una gran señal:
"Cuando volvió la séptima vez, subía desde el mar una nubecita no más grande que la palma de la mano"; (1 Rey 18,44).
A partir de entonces el Monte Carmelo ubicado al oeste del lago Galileo y cuyo nombre significa jardín se convirtió en un lugar sagrado, hasta donde llegaron a vivir ermitaños que se dedicaban a rezar y que con el paso de los siglos fueron llamados carmelitas.
Estos hombres que se entregaron a la oración y a la penitencia en el desierto, comenzaron con los años a invocar a María con el nombre de “Santísima Virgen del Monte Carmelo”.
En el siglo XIII, el Patriarca Alberto de Jerusalén, delegado papal en Tierra Santa, les pidió a los ermitaños del Monte Carmelo que ordenaran su estilo de vida, lo cual se concretó gracias a los Papas Honorio III e Inocencio IV.
De esta manera, nació la orden religiosa de los Padres Carmelitas, que se extendió por el mundo tanto en su rama masculina como femenina. Posteriormente en el S. XVI Santa Teresa de Jesús, reformadora del Carmelo descalzo reimpulsando la fuerza de su regla original, de oración y clausura.
Y es así como se difunde a América. En 1690, la rama femenina carmelita se extendió a América del sur-
Respecto del origen del mensaje de la Virgen del Carmen, éste está en Inglaterra.
El Domingo 16 de Julio de 1251, San Simón Stock, Superior General de los Padres Carmelitas del convento de Cambridge, estaba rezando por el destino de su orden, cuando se le apareció la Virgen María.
Estaba Ella vestida de hábito carmelita, llevaba al Niño Jesús en sus brazos y en su mano el Escapulario, que le entrega diciendo:
“Recibe hijo mío este Escapulario de tu orden, que será de hoy en adelante señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los que lo vistan.
Quien muriese con él, no padecerá el fuego eterno.Es una señal de salvación, amparo en los peligros del cuerpo y del alma, alianza de paz y pacto sempiterno ”.

jueves, 3 de julio de 2025

JUEVES SACERDOTAL...: Oración del Santo cura de Ars por los sacerdotes


Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.
Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.
¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.
¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.
¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad. Amèn.
Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.
María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.

sábado, 1 de marzo de 2025

EDIFICANTE REFLEXIÓN DE ESTE GRAN SACERDOTE, TOMADA DE LA CONFERENCIA TITULADA: LAS ILUSIONES

 

Padre Frederick William Faber
"Si los demás nos engañan, somos sus cómplices por la manera en que hablamos de nosotros mismos. Eso es aplicable, especialmente, a las conversaciones religiosas y a las confidencias sobre lo que no es personal. Aquí tenemos que escoger entre guardar más cuidadosamente el secreto de nuestra vida interior, o descorrer más su velo. Guardar un medio, es una línea de conducta falaz, y lo más prudente es no hablar de sí. Es verdad que por más bajo y miserable que sea ese defecto, no hay práctica de perfección cristiana más difícil que el evitarle. Si alguna vez hemos intentado hacerlo durante un tiempo considerable, hemos debido encontrar que hay cosas que parecen fáciles al primer golpe de vista, pero que son casi impracticables. A pesar de eso, si tuviésemos necesidad de hablar de nosotros mismos, deberíamos hacerlo por completo. Porque si decimos a las gentes que nuestro corazón arde en amor de Dios, bueno es que sepan que ese corazón no es insensible al calor de una buena comida. Si damos a conocer nuestras prácticas de piedad, ¿por qué no hemos de hablar de nuestra afición al lujo y a los adornos? Si ajustamos la cuenta del dinero y del tiempo invertidos en visitar y en socorrer a los indigentes, ¿por qué no hemos de hacer mención de nuestra falta de atención y de nuestra dureza para con nuestros criados en lo que concierne a su salud, su bienestar, y las consideraciones debidas a su genio y a sus susceptibilidades? Si hacemos público nuestro lado bueno, preciso es también presentar el reverso; de otro modo no estamos en la verdad práctica, y mostrándonos a las gentes con una grandeza de alma que no es real, somos causa, de que lleguen a ser los cómplices de nuestras ilusiones vanidosas, por sus alabanzas, sus respectos y su educación."
P. Faber

viernes, 4 de octubre de 2024

TE LO PEDIMOS SEÑOR...

Roguemos por los vivos y por los fieles difuntos


Bendecid, OH SEÑOR, a mis padres, familiares, amigos y enemigos; proteged a todos lo que me habéis dado por Superiores, tanto espirituales como temporales. Socorred a los pobres, a los afligidos, a los presos, a los viajeros, a los enfermos, a los agonizantes y a los que van a morir sin agonía. Convertir a los herejes y cismáticos, iluminad a los infieles, venced la contumacia y perfidia de los judíos.
Dios de bondad y misericordia, tened piedad de las almas de los fieles que están en el Purgatorio, especialmente de aquellas por las que estoy más obligado a rogar. Dadles el reposo y luz eterna. Amén.

viernes, 16 de agosto de 2024

LO QUE EL CLERO APÁTRIDA LIBERAL Y FILOMARXISTA DE ARGENTINA NO QUIERE QUE SEPAS ... EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA Y LA.CARTA DEL PRESIDENTE JUAN PERÓN AL PAPA PÍO XII.

 


Juan D. Perón fue el ÚNICO presidente del mundo que solicitó y adhirió al establecimiento del dogma de la Asunción.
“Beatísimo Padre, mi gobierno adhirió por decreto del 16 de septiembre de 1948 al temario del Congreso Asuncionista Franciscano de América Latina, celebrado en Buenos Aires entre los días 28 de septiembre y 4 de octubre. Fundamentaron esta adhesión la catolicidad de la Nación Argentina, la inspiración evangélica de mis actos de gobierno, ordenados a promover la justicia social conforme a los principios de solidaridad cristiana y humana, de acuerdo con las enseñanzas de los sumo pontífices, y mi decidida resolución de consolidar y defender la paz interna y la convivencia internacional. También le dieron fundamento la devoción acendrada del pueblo argentino a la Virgen Santísima, y el precedente de que, el 17 de septiembre de 1946, por intermedio de la embajada de la República ante la Santa Sede, el gobierno de la Nación hizo suya la petición del venerable episcopado argentino a Vuestra Santidad, elevada en 1903, en el sentido que defina como verdad de fe divina y católica la Asunción de la Madre de Dios, en cuerpo y alma a los cielos.
Finalizadas las memorables sesiones del Congreso Asuncionista Franciscano de América Latina, que presidió el reverendísimo padre general de la Orden de San Francisco, fray Pacífico María Perantoni, huésped dilecto de mi gobierno, y escuchadas por mí las conclusiones que fueron leídas en la sesión de clausura, a la que concurrí con los ministros de mi gabinete, he concebido el deseo ferviente de implorar a Vuestra Santidad, como lo hago en nombre propio, en el de mi gobierno y en representación de toda la Nación Argentina, que accedáis a cumplir los votos formulados por el Congreso Asuncionista. Así lo espera la avidez fervorosa de quienes asisten a la lucha contra el materialismo dialéctico, que ansía borrar todo vestigio de fe y de culto de los valores espirituales; que avasalla el baluarte de los justos y pretende sojuzgar los derechos humanos. Uno mi voz a las vibraciones del Congreso Asuncionista Franciscano de América latina, suplicándole que el Año Santo de 1950 sea declarado Año Mariano, dedicado a conmemorar el decimonono centenario de la Asunción de la Virgen, en cuerpo y alma, al solio de su realeza universal, y os imploro, para mi pueblo y para mi gobierno, vuestra paternal bendición”
Juan Perón Presidente de la Nación Argentina.
Recientemente el día 15 de agosto celebramos el dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos.
Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Para que una verdad se torne en dogma, es necesario que sea propuesta de manera directa por la Iglesia Católica a los fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia.
Fue el Papa Pío XII que, el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus que proclama el dogma con estas palabras:
“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

sábado, 24 de septiembre de 2022

¿CONOCIAS LA MARAVILLA DEL SIGNIFICADO DE LA SEÑAL DE LA CRUZ?


Es precioso por su historia, por su significado y por su poder.
Es la señal de mi fe; muestra quién soy y lo que creo. Es el resumen del Credo. Es la señal de mi agradecimiento.
Tengo que hacer con amor y emoción este gesto que me recuerda que Jesús ha muerto por mí. Es la señal de mi intención de obrar, no para la Tierra, sino para el Cielo.
Al hacerla, y pronunciando estas misteriosas palabras "EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO" me comprometo a obrar: • en el nombre del Padre que me ha creado, • en el nombre del Hijo que me ha redimido, • en el nombre del Espíritu Santo que me santifica. En una palabra: a actuar como hija o hijo de Dios. Este signo es la señal de la consagración de toda mi persona. Al tocar mi frente: «ofrezco a
Dios todos mis pensamientos. Al tocar mi pecho: consagro a Dios todos los sentimientos de mi corazón. Al tocar mi hombro izquierdo:le entrego todas mis penas y preocupaciones. Al tocar mi hombro derecho: le consagro mis acciones. La señal de la Cruz es en sí misma fuente de grandes gracias. Debo considerarla como la mejor preparación para la oración, pero ya es en sí misma una oración, y de las más impresionantes. Es una bendición. Si me emociona ser bendecido por el un Papa, por un Obispo, o un sacerdote ¡Cuánto más ser bendecido por el mismo Dios!.
Señor, concédeme la gracia de hacer de mi señal de la cruz un "Heme aquí", motivador para la oración, para la acción, para mi día entero; así como una poderosa llamada de las bendiciones del cielo sobre mí.- Amén..

jueves, 21 de julio de 2022

LA HERMANA MUERTE -San Francisco de Asís- ... Hemos de estar siempre espiritualmente preparados porque no sabemos cuando llegará ese día

¿Cuántos son los que piensan en su propia muerte, y en el modo en que la afrontarán, en el destino de su alma? A todos, algún día, nos tocará, nos llegará el momento ¿Por qué no convertirse hoy, de una vez para siempre, dejando pecados, vicios y defectos para una vida de mayor perfección donde se halla la verdadera Paz de Jesucristo y la Felicidad en Dios?

jueves, 19 de mayo de 2022

CUÁN POCOS SON LOS QUE AMAN LA CRUZ DE CRISTO



Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy poquitos que lleven su cruz.
Tiene muchos que desean su consolación, y muy pocos que quieran la tribulación.
Muchos compañeros para la mesa, y pocos para la abstinencia.
Todos quieren gozar con Cristo, mas pocos quieren sufrir algo por El.
Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan; mas pocos a beber del cáliz de la pasión.
Muchos honran sus milagros; mas pocos siguen el vituperio de la cruz.
Muchos aman a Jesús cuando no hay adversidades; muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de El consolaciones, mas si Jesús se escondiese y les dejase un poco, luego se quejarían o desesperarían.
Mas los que aman a Jesús por el mismo Jesús, y no por su propia consolación, bendícenlo en la tribulación y angustia tan bien como en la consolación.
Y si nunca les quisiese dar consolación, siempre lo alabarían y bendecirían, y harían gracias.
¡Oh cuánto puede el amor verdadero de Jesús, sin mezcla de amor propio!
Muy claro está que se pueden llamar mercenarios los que siempre buscan consolaciones.
Ciertamente más se aman a sí mismos que a Cristo los que de continuo piensan en sus ganancias y provechos
¿Dónde se hallará uno que sea tal, que quiera servir a Dios de balde?
Pocas veces se halla alguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas.
¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu, desnudo de toda criatura? De muy lejos y muy preciado es su valor.
Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada.
Si hiciere gran penitencia, aún es poco.
Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos.
Y si tuviere gran afección y muy ferviente devoción, aún le falta mucho.
Y es una cosa que ha mucho menester, que dejadas todas las cosas deje a sí mismo, y salga de sí del todo y muy del todo, que no le quede nada de amor propio.
Y cuando conociere que ha hecho todo lo que debe hacer, piense haber hecho nada, y no tenga en mucho tener de qué le puedan estimar por grande: mas llámese en verdad siervo sin provecho, como dice la verdad: Cuando hubiereis hecho todo lo que os he mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrá ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el Profeta: Uno solo y pobre soy. No hay alguno más rico, ni más libre, ni más poderoso que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Imitación de Cristo, Kempis, Libro II, Cap. XI.

lunes, 13 de julio de 2020

EL SACRIFICIO DE LA MISA CONSIDERADO EN SÍ MISMO, TIENE UN VALOR INFINITO... Por: R. Garrigou-Lagrange O.P.



Jesucristo, Salvador nuestro, es el Sacerdote principal del sacrificio de la Misa. La oblación interior, que fue el alma del sacrificio de la Cruz, perdura siempre en el Corazón de Cristo que quiere nuestra salvación. Él mismo ofrece todas las Misas que se celebran cada día. ¿Cuál es el valor de cada una de esas Misas? Es importante tener una idea justa, para unirse cada día al santo Sacrificio y recibir más abundantes frutos.
En la Iglesia se enseña comúnmente que el sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito, pero que el efecto que produce en nosotros es siempre finito, por elevado que sea, y proporcional a nuestras disposiciones interiores. Estos son los dos puntos de doctrina que conviene explicar.
La razón estriba en que, en sustancia, el sacrificio de la Misa es el mismo que el de la Cruz, el cual tiene un valor infinito a causa de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote que la ha ofrecido, pues es el Verbo hecho hombre quien, en la Cruz, era al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. Es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente presente, realmente ofrecida sacramentalmente inmolada. Mientras que los efectos de la Misa inmediatamente relativos a Dios, como la adoración reparadora y la acción de gracias, se producen siempre infaliblemente en su plenitud infinita, incluso sin nuestro concurso, sus efectos relativos a nosotros sólo se extienden en la medida de nuestras disposiciones interiores.
En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, y ello en razón de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, independientemente de las oraciones de la Iglesia universal y del fervor del celebrante.
Es imposible adorar a Dios, reconocer mejor su soberano dominio sobre todas las cosas, sobre todas las almas, que por la inmolación sacramental del Salvador muerto por nosotros en la Cruz. Tal adoración la expresa el Gloria: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos. Esta adoración la expresa de nuevo el Sanctus y aún más la doble Consagración. Es la más perfecta realización del precepto: Adorarás al Señor tu Dios y al Él sólo servirás. Sólo la infinita grandeza de Dios merece el culto de latría. En la Misa se le ofrece una adoración en espíritu y en verdad de valor sin medida.
En el momento de la Consagración, en la paz del santuario, hay algo así como un gran impulso de adoración que sube hacia Dios. Su preludio es el Gloria y el Sanctus, cuya belleza queda subrayada algunos días por el canto gregoriano, el más excelso, el más simple y el más puro de todos los cantos religiosos; pero cuando llega el momento de la doble Consagración, todos se callan: el silencio expresa a su manera lo que el canto ya no puede decir. Que el silencio de la Consagración sea nuestro reposo y nuestra fortaleza.
Esa adoración, que sube hacia Dios en todas las Misas cotidianas, recae, de alguna manera, como fecundo rocío, sobre nuestra pobre tierra para fertilizarla espiritualmente.
Igualmente, es imposible ofrecer a Dios una reparación más perfecta por las faltas que se cometen diariamente, como dice el Concilio de Trento. No se trata de una nueva reparación, distinta de la de la Cruz: Cristo no muere ni sufre más, pero, según el mismo Concilio, el Sacrificio del altar, siendo substancialmente el mismo que el del Calvario, agrada a Dios más que lo que le desagradan todos los pecados juntos. El imprescriptible derecho de Dios, Soberano Bien, a ser amado por encima de todo no se podría reconocer mejor por la oblación [ofrecimiento] del Cordero [Jesucristo] que quita los pecados del mundo.(Dz 940 y 950, S. Tomás, de Aquino, Suma Teológica III, 48 2).
A menudo nos olvidamos de agradecer a Dios sus gracias, como los leprosos curados por Jesús; de diez, sólo uno se lo agradeció. Conviene ofrecer con frecuencia Misas de acción de gracias. Por cada Misa celebrada, por la oblación y la inmolación sacramental del Salvador en el altar, Dios obtiene infaliblemente una adoración infinita, una reparación y una acción de gracias sin límite.
No olvidemos que el más alto fin del Santo Sacrificio es la Gloria de Dios. Sin embargo hay otros efectos que son relativos a nosotros. La Misa puede obtenernos todas las gracias necesarias para la salvación. Cristo, que siempre está vivo, no deja de interceder por nosotros, (Hebreos 7,25).

¿Cuáles son los efectos que la Misa puede producir en nosotros?
Aunque el sacrificio de la Misa tenga en sí un valor infinito, en razón de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, los efectos que produce en nosotros son siempre finitos a causa de los límites mismos de la criatura y de los límites mismos de nuestra disposición interior.
Gran número de teólogos, inspirándose en los textos de Santo Tomás, dicen: El efecto de cada Misa no está limitado por la voluntad de Cristo, sino tan sólo por la devoción de aquellos por los que se ofrece. Una sola Misa ofrecida por cien personas, puede serle provechosa a cada una, del mismo modo que si hubiese sido dicha sólo por una. La razón estriba en que la influencia de una causa universal sólo está limitada por la capacidad de los sujetos que la reciben. Así, el sol ilumina y calienta en un solo lugar tanto a mil personas como a una sola. La influencia de la Santa Misa en nosotros no está pues, limitada más que por la disposición y el fervor de quienes las reciben.
El sacrificio de la Misa, que perpetúa en sustancia el de la Cruz, es de un valor infinito para aplicarnos los méritos y las satisfacciones de la Pasión del Salvador.
Es esto lo que explica la práctica de la Iglesia, que ofrece Misas por la salvación del mundo entero, por todos los fieles vivos y difuntos, por el Soberano Pontífice, los jefes de Estado, los obispos, sin limitar sus intenciones. Actuando así, la Iglesia no piensa en modo alguno que la Misa sea menos provechosa para aquél por quien se aplica especialmente.
En la Misa Cristo sigue ofreciéndose por acto teándrico [acto divino-humano], de valor infinito para aplicarnos los frutos de su Pasión. El límite no proviene de Él, sino sólo de nosotros, de nuestras disposiciones y de nuestro fervor. Como dice Santo Tomás de Aquino, igual que uno recibe más el calor de un hogar si se aproxima a él, así nosotros nos beneficiamos tanto más de los frutos de una Misa a la que asistimos con más espíritu de fe, de confianza en Dios, de amor y de piedad.

La Misa facilita nuestra conversión
En tanto que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados; no se dicen en vano estas palabras antes de la Comunión: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. ¡Cuántos pecadores, asistiendo a Misa, han encontrado allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración de hacer una buena confesión de toda su vida!
Por razón de que la Misa facilita el arrepentimiento, se sigue que puede ser ofrecida por pecadores incluso endurecidos e impenitentes a los que no se podría dar la Comunión. El santo Sacrificio puede obtenerles suficientes gracias de luz y de conversión. Incluso puede ser ofrecido, como el de la Cruz, por todos los hombres vivos, incluso por los infieles, los cismáticos, los herejes, siempre y cuando no se ofrezca por ellos como si fuesen miembros de la Iglesia. Con esta idea, el Padre Charles de Foucauld, eremita del Sahara [África], celebraba a menudo la Misa por los musulmanes a fin de preparar sus almas para recibir más tarde la predicación del Evangelio

La Misa neutraliza al demonio
El espíritu del mal nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen a ella con espíritu de fe. Cuando el enemigo del bien choca con un obstáculo insuperable, es que en una iglesia, un sacerdote consciente de su propia debilidad y de su pobreza, ha ofrecido la omnipotente Hostia y la Sangre redentora. Hay que recordar el caso de santos que, asistiendo a Misa, en el momento de la elevación del cáliz, han visto desbordarse la preciosa Sangre y deslizarse por los brazos del sacerdote, y los ángeles venir a recogerla en copas de oro para llevarla a aquellos que tienen mayor necesidad de participar en el misterio de la Redención.

La Misa disminuye nuestro purgatorio
El sacrificio de la Misa no sólo perdona nuestros pecados, sino la pena debida a nuestros pecados perdonados, ya se trate de vivos o muertos por quienes se ofrece el sacrificio. Este efecto es infalible; sin embargo, la pena no siempre es perdonada en su totalidad, sino según la disposición de la Providencia y el grado de nuestro fervor. Así se verifican las palabras: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz.
De aquí no se sigue que los difuntos que han dejado mucho dinero para que se digan numerosas Misas por su intención, sean librados más rápidamente del purgatorio que los pobres que no han podido dejar nada o casi nada; pues esos pobres, teniendo quizá menos deudas con la Justicia divina, puede ser que hayan sido mejores cristianos y participen más del fruto de las Misas dichas por todos los difuntos y del fruto general de cada Misa.
Finalmente, el sacrificio de la Misa nos obtiene los bienes espirituales y temporales necesarios o útiles para nuestra salvación. Así, conviene, como lo recomendó el Papa Benedicto XV, celebrar Misas para obtener la gracia de una buena muerte, que es la gracia de las gracias, de la que depende nuestra salvación eterna.
Conviene que al asistir a Misa, nos unamos, con gran espíritu de fe, de confianza y de amor, al acto interior de oblación que perdura siempre en el Corazón de Cristo. Mientras más nos unamos así a Nuestro Señor en el momento de la Consagración, la esencia del sacrificio de la Misa, mejor será nuestra Comunión, que es una perfecta participación en ese sacrificio.
Ofrezcamos igualmente las contrariedades cotidianas; será la mejor manera de llevar nuestra cruz, tal como el Señor lo ha pedido.
¡Quiera Dios que tengamos el pensamiento y la fortaleza de renovar esta oblación en el momento de nuestra muerte, de unirnos entonces, por medio de un gran amor, a las Misas que se celebrarán, al sacrificio de Cristo perpetuado en el altar! ¡Podríamos hacer así, del sacrificio de nuestra vida, una oblación de adoración reparadora, de súplica y de acción de gracias, que sea verdaderamente el preludio de la vida eterna!
Los fieles que poco a poco, dejan de asistir a Misa pierden progresivamente el sentido cristiano, el sentido de las cosas superiores y de la eternidad. Hay que encomendar las parroquias y las comunidades donde no se celebra Misa sino de tarde en tarde a aquellos santos del cielo que recibieron el carácter sacerdotal, en particular al alma del Santo Cura de Ars, para que desde arriba, vele sobre los rebaños sin pastor, para que interceda y obtenga a los agonizantes que no son asistidos la gracia de la buena muerte. Hay que pensar en ello a menudo al asistir al santo Sacrificio, y puesto que cada Misa tiene un valor infinito, hay que pedir que ésa a la que asistimos resplandezca allí donde ya no se celebra, donde poco a poco se pierde la costumbre de asistir a ella. Pidamos a Nuestro Señor que haga germinar vocaciones sacerdotales en esos medios; pidámosle sacerdotes, santos sacerdotes, cada día más conscientes de la grandeza del sacerdocio de Cristo, para que sean sus celosos ministros que solo vivan para la salvación de las almas. En los periodos turbulentos la Providencia envía innumerables santos; por eso es necesario pedir al Señor que envíe al mundo santos que tengan la fe y la confianza de los Apóstoles.

"El Salvador y su amor por nosotros" - R. Garrigou-Lagrange O.P., (Colección Patmos, ed. Rialp, Cap. XIV).

miércoles, 21 de agosto de 2019

HERMOSA ORACIÓN PIDIENDO LA SALUD


Señor, Jesús, creo que estás Vivo y Resucitado. Creo que estas realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar y en cada uno de los que en ti creemos. Te alabo y a te adoro. Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí como Pan vivo bajando del Cielo. Tú eres la plenitud de la vida. Tú eres la resurrección y la vida. Tú eres, Señor, la salud de los enfermos. Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades porque Tú eres el mismo ayer, hoy y siempre y tu mismo me alcanzas hasta donde estoy. Tu eres el Eterno presente y tu me conoces… ahora, Señor te pido que tengas compasión de mi. Visítame a través de tu Evangelio para que todos reconozcan que tu estas vivo en tu Iglesia hoy; y que se renueve mi Fe y mi Confianza en ti. Te lo suplico, Jesús. Ten compasión de mis sufrimientos físicos, de mis heridas emocionales y de cualquier enfermedad de mi alma. Ten compasión de mi, Señor. Bendíceme y haz que vuelva a encontrar la salud. Que mi fe crezca y me abra a las maravillas de tu amor, para que también sea testigo de tu Poder y de tu Compasión. Te lo pido, Jesús, por el Poder de tus Santas Llagas, por tu Santa Cruz y por tu preciosa Sangre. Sáname, Señor. Sana mi CuerpoSana mi CorazónSana mi Alma Dame Vida y Vida en Abundancia. Te lo pido por intercesión de María Santísima, tu Madre, la Virgen de los Dolores, la que estaba presente, de pie, cerca de la cruz. La que fue la primera en contemplar tus Santas Llagas y que nos diste por madre. Tu nos has revelado que ya has tomado sobre Ti, todas nuestras dolencias y por Ti hemos sido Curados. Hoy, Señor, te presento en Fe todas mis enfermedades y te pido que me sanes CompletamenteTe pido por la Gloria del Padre del Cielo, que también sanes a los enfermos de mi familia y mis amigos. Haz que crezcan en la Fe, en la Esperanza y que reciban la Salud para Gloria de tu Nombre. Para que tu Reino siga extendiéndose más y mas en los Corazones a través de los signos y prodigios de tu Amor. Todo esto te lo pido, porque tu eres Jesús. Tu eres el buen pastor y todos somos ovejas de tu rebañoEstoy tan seguro de tu Amor que aun antes de conocer el resultado de mi oración, en Fe, te digo: Gracias Jesús, por lo que tu vas a hacer en mi y en cada uno de ellos. Gracias por las enfermedades que tu estas sanando ahora, Gracias por los que tu estas visitando con tu Misericordia … Amén

martes, 4 de junio de 2019

EL ÚNICO CULTO QUE DA LA GLORIA DEBIDA A DIOS ES LA MISA CATÓLICA Y NO LA PARÓDIA DE MISA INVENTADA POR JUAN BAUTISTA MONTINI -Alias Paulo VI- , QUE ES INVÁLIDA, ILÍCITA Y NULA...





Fray Calixto
(+1751)

Esta profecía presenta la particularidad de haber sido pronunciada en alta voz el 3 de diciembre de 1751, al fin de la Misa en presencia de todos los monjes de la abadía de Cluny. Fray Calixto murió al día siguiente sin haber pronunciado otra palabra.
“La venganza de Dios se aproxima, el tiempo urge, penitencia, oh pecadores. La iniquidad ha inundado la tierra, que no es sino iniquidad. ¿A qué santos rezaremos nosotros?. La venganza celeste alcanzará todas las clases. Nosotros hemos abusado del sacrificio, el sacrificio cesará. Iglesia de Dios, tu gemirás; ministros del Señor, vos lloraréis por nuevas profanaciones. (…) sangre, se beberá Sangre, sangre, se beberá…”
“La tierra culpable será purificada por el hierro y devorará aquel que se ha sentado en la iniquidad” (M. Servant, pág. 253).

lunes, 6 de mayo de 2019

SANTIFICAR EL TRABAJO, SANTIFICARSE EN EL TRABAJO, SANTIFICAR CON EL TRABAJO



La vocación divina nos da una misión, nos invita a participar en la tarea única de la Iglesia, para ser así testimonio de Cristo ante nuestros iguales los hombres y llevar todas las cosas hacia Dios.
La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía.
El trabajo acompaña inevitablemente la vida del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y de la necesidad de la redención. Pero el trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa.
Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio.
Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas. Es justo que se nos diga: ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.
El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las indicaciones, que San Pablo hace a los de Efeso, sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha supuesto en ellos su conversión, su llamada al cristianismo, encontramos ésta: el que hurtaba, no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con sus manos en alguna tarea honesta, para tener con qué ayudar a quien tiene necesidad.
Si trabajamos con este espíritu, nuestra vida, en medio de las limitaciones propias de la condición terrena, será un anticipo de la gloria del cielo, de esa comunidad con Dios y con los santos, en la que sólo reinará el amor, la entrega, la fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra ocupación profesional, ordinaria y corriente, encontraréis la materia —real, consistente, valiosa— para realizar toda la vida cristiana, para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.

Para servir, servir
Para comportarse así, para santificar la profesión, hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad humana y sobrenatural.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección.
Era José, decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. Y ¿qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Sólo trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar al día siguiente la tarea.
VISTO EN: Formacioncatolica.org

lunes, 2 de julio de 2018

MADRE NUESTRA Y PATRONA DE LA ARGENTINA CORONADA POR EL Tte. Gral. JUAN DOMINGO PERON EL 15 DE NOVIEMBRE DE 1953 EN SU ADVOCACIÓN DE NUESTRA Sra. DE LUJAN








La Oración que el General Juan Domingo Perón, en su carácter de Presidente de la República, le ofrendara a la Santísima Virgen en esa fecha memorable, oración con la que supo expresar el agradecimiento a la Virgen por su amparo a los humildes de nuestra historia patria y el compromiso de luchar por la Paz y la Justicia para cumplir con nuestro destino histórico de Nación.

“Señora Nuestra de Luján: Muchas veces he levantado mis ojos hacia vuestra imagen que ha sido permanentemente compañía de mi fe por todos los caminos de mi vida.
“Pero en esta solemne ocasión extraordinaria se elevan hacia vuestro corazón las miradas y las voces que quieren expresar por mi intermedio los sentimientos y los pensamientos del Pueblo Argentino, que es la Patria, cuya representación humildemente invisto.
“El pueblo argentino, sus hombres y sus mujeres, sus niños y sus ancianos, sus pobres y también sus ricos de buena voluntad, sus obreros y también sus empresarios, sus fuerzas espirituales, sus fuerzas armadas, el pueblo argentino, con todos sus hijos, los que viven en los campos, en los pueblos y en las ciudades de la Patria, los que tienen nuestra Fe y aún los que sin tenerla, os respetan, señora de Luján, como símbolo de la unidad espiritual de la Nación, que vuestra pequeña imagen representa...todo el Pueblo Argentino os agradece, antes que nada, vuestra compañía permanente y humilde, cumplida desde vuestra villa de Luján a través de todas las jornadas y a través de todas las vicisitudes de nuestra historia.
“Os lo agradece como solemos agradecer los hijos, tarde o temprano, esa compañía espiritual que representa la inquietud de nuestras madres siguiéndonos, desde cerca o desde lejos, desde la tierra o desde el cielo, por todos los caminos de la vida.
“Desde la humildad de vuestra imagen, materializada en vuestra pequeñez y en vuestro rostro tostado por el sol de nuestra tierra criolla, y desde vuestra propia historia, que ensalzó la de los humildes y humilló a los soberbios para enseñarles el camino de la humildad, desde vuestra imagen donde fueron grabadas para siempre con divina inspiración, nos llegan vuestras dos consignas maternales: la paz y la justicia.
“En esta fecha extraordinaria os prometemos mantenernos dentro de nuestras posibilidades humanas y con vuestra ayuda, fieles a vuestro mandato.
“Queremos la paz de todos los argentinos, de todos los pueblo de América y de todos los pueblos del mundo. Pero no la queremos si no es justa, según vuestra consigna.
“Precisamente para que se cumpla vuestro anhelo infinito de paz, nos proponemos y os prometemos, madre de los argentinos, a luchar por la justicia entre los hombres y entre los pueblos.
“Os pedimos en cambio, la compañía eterna de vuestra humildad ejemplar, para que humildemente sepamos cumplir nuestro destino sin que jamás nos domine la soberbia”.
“Y os pedimos la ayuda de Dios para que mirando vuestra imagen nunca olvidemos que solamente los humildes salvarán a los humildes, y que para ser fieles a nuestra vocación de paz y de justicia, nos mantengamos todos unidos y en la humildad, la única y tal vez la última fuerza que Dios ha querido dejar sobre la tierra para que volvamos a la Fe, a la esperanza y al amor, donde reside la auténtica felicidad de los hombres y la grandeza fundamental de los pueblos”. Amén.

martes, 19 de diciembre de 2017

HERMOSA REFLEXIÓN PARA LAS ALMAS AMANTES DE JESUCRISTO


"Coraje para sacrificar todos nuestros deseos y nuestras inclinaciones a este Jesús que se sacrificó todo por nosotros. ¡Qué felices seremos si llegamos a morir del todo a nosotros mismos! Reza a María para que nos obtenga un amor ardiente por Jesús; si realmente amamos a Jesús, todo los soportaremos en santa paz y nuestro único objetivo será el de agradarle solo a él y al él solo darle gloria".

Santa María Crucificada de Rosa, fundadora del Instituto de las Esclavas de la Caridad


martes, 25 de abril de 2017

ORACIÓN DE PERSEVERANCIA




¡Madre Inmaculada! ¡Que no nos cansemos!
¡Madre Nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos!
Sí, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie, aunque nos falten el dinero y los auxilios humanos, aunque vinieran al suelo nuestras obras y tuviéramos que empezar de nuevo…
¡Madre amada! ¡Que no nos cansemos!
Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús que está en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha señalado Dios.
¡Nada de volver la cara atrás!
¡Nada de cruzarse de brazos!
¡Nada de estériles lamentos!
Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazón, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies, que puedan servir para dar gloria a Él y a Ti y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos…
¡Madre mía, por última vez!
¡Morir antes de cansarnos!

jueves, 19 de enero de 2017

FUERA DE LA IGLESIA NO HAY NINGUNA SALVACIÓN...


Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc 18:8)

Pocos dogmas de fe han sido tan atacados por la marea modernista como el que reza “Extra Ecclesiam nulla salus” (fuera de la Iglesia no hay salvación). Evidentemente se trata de una de las verdades de fe que menos agradan al mundo moderno. Como dice Garrigou-Lagrange el mundo moderno pretende separarse de la Iglesia
busca, es cierto, poner freno a las bajas pasiones, luchar contra la avaricia, trabajar por las mejoras de la clase obrera; más pretende hacer esto por sus propias fuerzas, sin la ayuda de Dios, nuestro Señor y de la Iglesia; sólo se inspira en su propio juicio, en su propia razón y voluntad. [1]
Pero no es nuestra voluntad la que tenemos que hacer para ser merecedores de gracia, antes bien es la voluntad de Dios quien quiere que todos los hombres le conozcan y por conocerle y obedecerle, se puedan salvar (I Tim 2, 4). Frecuentemente escuchamos, hoy más que antes que hay salvación fuera de la Iglesia Católica. Esta tesis es mantenida por muchos que se basan en el principio de que Dios es misericordioso y bueno:
Carísimos, amémonos unos a otros porque la caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amo r (I Jn 4, 7-8)
Pero estos que malinterpretan esta hermosa frase del Discípulo Amado, olvidan que Dios es justo y que el premia y castiga a cada cual según sus méritos:
Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino y no me alojasteis; estuve desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces ellos responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisión, y no te socorrimos? Él les contestará diciendo: en verdad os digo que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo. E irán al suplicio eterno y los justos a la vida eterna.
Pero ¿Implica esto que existe una contradicción entre la bondad de Dios y su justicia? Algunos podrán decir que Dios es tan bueno que ama y perdona a todos, y que su misericordia es tan grande que por ello el infierno, de existir, está vacío. Huelga decir que esta es la herética proposición de Von Balthasar y de otros varios modernistas que en todo contradicen ad litteram la verdad revelada en las Sagradas Escrituras, muy similar a la del otro gran hereje del siglo XX Karl Barth quien declaró que todos estamos predestinados a la salvación.
Los católicos sabemos muy bien que Dios es justo y es bueno, y como es bueno perdona a quienes se arrepienten. Cualquier pecado puede perdonarse, para ello Dios Nuestro Señor instituyó a los ministros con la potestad de perdonarlos o retenerlos, instituyendo así el sacramento de la Penitencia (Jn 20: 22-23). Pero como Dios es justo bien dijeron los reverendos padres asistentes al Concilio de Quierzy (año 853):
Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven [1 Tim. 2, 4], aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos se salven, es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden. [2]

Para la salvación de los hombres, Nuestro Señor Jesucristo instituyó los Sacramentos y como custodia de esta y de toda su doctrina a la Iglesia que el fundó: la Santa Iglesia Católica
Y yo te digo a ti que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16,18)
Pero hay quienes creen que es posible salvarse fuera de la Iglesia. Que fuera de la Iglesia que Cristo fundó podemos encontrar la Vida Eterna, podemos agradarle al Padre y recibir la gracia del Espíritu Santo. ¿Esto es así? No, claro que no. Todos los Padres de la Iglesia, todos los Doctores, Teólogos y Pontífices han afirmado siempre y constantemente (salvo en los tiempos modernos, como veremos más adelante) que nadie puede salvarse fuera de la Única Iglesia de Cristo:
Y una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva, y en ella el mismo sacerdote es sacrificio, Jesucristo [3]
Pero al mismo tiempo no podemos menos que acordar a todos, grandes y pequeños, como hizo Papa San Gregorio, de la necesidad absoluta de recurrir a esta Iglesia para tener salvación eterna [4].
Esto mismo fue declarado por nuestro Señor cuando indicó que
Él que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha (Lc 10, 16)
Y si no oyere a la iglesia, tenle por pagano y publicano (Mt 18, 17)
Pero, claro, esto es muy duro para el mundo moderno. Sería mucho mejor si cada uno pudiera salvarse en la religión que más le gusta, en aquella que es más flexible, más laxa, en la que le permite hacer lo que quiera sin tener que rendir cuentas a nadie.
Friedrich Hügel sostuvo que la verdad estaba en todas las religiones, Karol Wojtila/Juan Pablo II lo creyó y lo demostró más de una vez cuando habló de ecumenismo; Joseph Ratzinger lo sostuvo en su juventud, lo sostuvo como “Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Conciliar)” y hoy como Benedicto XVI; otros grandes “maestros” del modernismo siguieron esta doctrina de que fuera de la Iglesia hay salvación: Yves Congar, Henri de Lubac, Hans Urs von Baltasar y otros tantos que podríamos llenar páginas. Todos ellos de la “Iglesia Conciliar”. No discutiremos aquí si estos son o eran verdaderos católicos o herejes y usurpadores disfrazados. Nosotros tenemos antes que nada a tenernos a la Verdad que Cristo nos reveló y es que quien no está con Él está en su contra (Mt 12, 30), y es Cristo quien está en la Iglesia y esta vive en Él
Abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, llegándonos a aquel que es nuestra cabeza, Cristo, por quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren según la operación de cada miembro, va obrando mesuradamente su crecimiento en orden a su conformación en la caridad (Ef 4, 15-16)
De nuevo, o se está con Cristo (y su Iglesia) o se está en su contra. Quienes creen que es muy dura esta verdad de fe, deberían recordar que no podemos elegir que creer y que no, sino que estamos obligados a creer con fe verdadera y divina todo lo que la Iglesia ha definido como Verdad, así fue creído siempre, tal como lo demuestra el Credo de Atanasio:
Todo el que desee salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica; pues, a menos que una persona guarde esta fe entera e inviolada, sin duda alguna se perderá para siempre.
San Agustín nos cuenta de que
[...] un tal Retorio fundó una herejía de inaudita vanidad, porque afirma que todos los herejes caminan rectamente y dicen la verdad. Lo cual es tan absurdo que me resisto a creerlo [5].
La Verdad es Una, y la Verdad es Cristo (Jn 14, 6). Para ser libres debemos someternos a la obediencia de Dios, y para obedecerle debemos estar en su Iglesia, debemos creer lo que la Iglesia cree, enseñar lo que la Iglesia enseña y rechazar lo que ella rechaza. No podemos salvarnos fuera de la Iglesia, porque ella es la Única en la que se dan las cuatro marcas:
1. Es Una, porque uno es su Fundador y Cabeza invisible: Jesucristo, el Hijo de la Santísima Virgen María, la Inmaculada Madre de Dios.
2. Ella es Santa, porque Santo es su Fundador y santos son los miembros que están en el Cielo, contemplando a Dios en la felicidad eterna; Santa además porque ella no contiene mancha ni error, no erró y no puede errar porque “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18)”.
3. Es Católica, porque su mensaje es universal, para todos los tiempos y para todos los hombres que quieran recibirlo.
4. Es Apostólica, porque sobre los Apóstoles está fundada, porque ellos transmitieron el mensaje de Nuestro Señor, la Buena Noticia de la Redención, y porque la misma Iglesia, Una, Santa y Católica fue gobernada por los Apóstoles y hoy lo es por sus sucesores, los obispos, sumos sacerdotes que mantienen la sucesión apostólica válida, quienes tienen el deber de defender la fe y combatir las herejías.
La Iglesia se mantendrá a pesar de las dificultades: no pudieron contra ella ni Nerón, ni Diocleciano, ni Juliano, ni Atila, Solimán o Napoleón, no pudo el III Reich, no pudo la Unión Soviética y tampoco la China Comunista. No podrán contra ella las pervertidas herejías de Arrio, Nestorio, Lutero, ni tampoco de los ecumenistas, de los que “aman al mundo” y al Príncipe de este Mundo. Los modernistas no podrán destruir la Iglesia de Dios. Las persecuciones han fortalecido a la Iglesia, porque la purificaron con la Sangre de los Mártires, que sirvieron y sirven de ejemplo para los fieles.


La Iglesia mantendrá siempre la verdad, será la que custodie el Mensaje que Cristo entregó. La verdad no depende de gustos, no depende del tiempo ni de los caprichos de los hombres, sino de Cristo, quien es la Verdad. La Iglesia Jamás se basó en la popularidad para proclamar lo que debía ser creído, sino en el testimonio de Cristo revelado en las Sagradas Escrituras y Transmitido en la Tradición:
En un momento de la historia de la Iglesia, sólo unos años antes de la presente predicación de Gregorio [Nazianzano] (+380 A.D.), tal vez el número de obispos Católicos en posesión de sedes, a diferencia de obispos Arrianos en posesión de sedes, fue nada más que algo entre 1% y 3% del total. Si la doctrina hubiera sido determinado por popularidad, hoy fuéremos todos negadores de Cristo y opositores del Espíritu. [6]
Esta es la Fe Católica. La fe de siempre, la que afirma que solo hay salvación en la Iglesia Católica. Fuera de esta Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica solo hay discusiones, errores y tinieblas porque solo en ella se da el Pentecostés eterno de la influencia del Espíritu Santo.

Laus Deo.
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[1] R. Garrigou-Lagrange OP, Las tres edades de la vida interior,1950.
[2] Dz 318.
[3] Inocencio III, IV Concilio de Letrán, año 1215, Dz 430.
[4] San Pío X, Iucunda sane, 1904.
[5] San Agustín, Las Herejías, 72.
[6] Guillermo Jurgens, La Fe de los Padres Antiguos, II, p., 39.

(Este artículo fue tomado del blog  SURSUM CORDA)