Mostrando entradas con la etiqueta Liturgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liturgia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de julio de 2025

BREVE CATEQUESIS SOBRE EL STO. SACRIFICIO DE LA MISA

Interesante video de Catecismo sobre la Sta. Misa, editado por ediciones Paulinas, antes del Vaticano IIº; si puede bájelo a su computadora no sea que se den cuenta que está en el youtube y lo quiten por católico

lunes, 13 de julio de 2020

EL SACRIFICIO DE LA MISA CONSIDERADO EN SÍ MISMO, TIENE UN VALOR INFINITO... Por: R. Garrigou-Lagrange O.P.



Jesucristo, Salvador nuestro, es el Sacerdote principal del sacrificio de la Misa. La oblación interior, que fue el alma del sacrificio de la Cruz, perdura siempre en el Corazón de Cristo que quiere nuestra salvación. Él mismo ofrece todas las Misas que se celebran cada día. ¿Cuál es el valor de cada una de esas Misas? Es importante tener una idea justa, para unirse cada día al santo Sacrificio y recibir más abundantes frutos.
En la Iglesia se enseña comúnmente que el sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito, pero que el efecto que produce en nosotros es siempre finito, por elevado que sea, y proporcional a nuestras disposiciones interiores. Estos son los dos puntos de doctrina que conviene explicar.
La razón estriba en que, en sustancia, el sacrificio de la Misa es el mismo que el de la Cruz, el cual tiene un valor infinito a causa de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote que la ha ofrecido, pues es el Verbo hecho hombre quien, en la Cruz, era al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. Es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente presente, realmente ofrecida sacramentalmente inmolada. Mientras que los efectos de la Misa inmediatamente relativos a Dios, como la adoración reparadora y la acción de gracias, se producen siempre infaliblemente en su plenitud infinita, incluso sin nuestro concurso, sus efectos relativos a nosotros sólo se extienden en la medida de nuestras disposiciones interiores.
En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, y ello en razón de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, independientemente de las oraciones de la Iglesia universal y del fervor del celebrante.
Es imposible adorar a Dios, reconocer mejor su soberano dominio sobre todas las cosas, sobre todas las almas, que por la inmolación sacramental del Salvador muerto por nosotros en la Cruz. Tal adoración la expresa el Gloria: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos. Esta adoración la expresa de nuevo el Sanctus y aún más la doble Consagración. Es la más perfecta realización del precepto: Adorarás al Señor tu Dios y al Él sólo servirás. Sólo la infinita grandeza de Dios merece el culto de latría. En la Misa se le ofrece una adoración en espíritu y en verdad de valor sin medida.
En el momento de la Consagración, en la paz del santuario, hay algo así como un gran impulso de adoración que sube hacia Dios. Su preludio es el Gloria y el Sanctus, cuya belleza queda subrayada algunos días por el canto gregoriano, el más excelso, el más simple y el más puro de todos los cantos religiosos; pero cuando llega el momento de la doble Consagración, todos se callan: el silencio expresa a su manera lo que el canto ya no puede decir. Que el silencio de la Consagración sea nuestro reposo y nuestra fortaleza.
Esa adoración, que sube hacia Dios en todas las Misas cotidianas, recae, de alguna manera, como fecundo rocío, sobre nuestra pobre tierra para fertilizarla espiritualmente.
Igualmente, es imposible ofrecer a Dios una reparación más perfecta por las faltas que se cometen diariamente, como dice el Concilio de Trento. No se trata de una nueva reparación, distinta de la de la Cruz: Cristo no muere ni sufre más, pero, según el mismo Concilio, el Sacrificio del altar, siendo substancialmente el mismo que el del Calvario, agrada a Dios más que lo que le desagradan todos los pecados juntos. El imprescriptible derecho de Dios, Soberano Bien, a ser amado por encima de todo no se podría reconocer mejor por la oblación [ofrecimiento] del Cordero [Jesucristo] que quita los pecados del mundo.(Dz 940 y 950, S. Tomás, de Aquino, Suma Teológica III, 48 2).
A menudo nos olvidamos de agradecer a Dios sus gracias, como los leprosos curados por Jesús; de diez, sólo uno se lo agradeció. Conviene ofrecer con frecuencia Misas de acción de gracias. Por cada Misa celebrada, por la oblación y la inmolación sacramental del Salvador en el altar, Dios obtiene infaliblemente una adoración infinita, una reparación y una acción de gracias sin límite.
No olvidemos que el más alto fin del Santo Sacrificio es la Gloria de Dios. Sin embargo hay otros efectos que son relativos a nosotros. La Misa puede obtenernos todas las gracias necesarias para la salvación. Cristo, que siempre está vivo, no deja de interceder por nosotros, (Hebreos 7,25).

¿Cuáles son los efectos que la Misa puede producir en nosotros?
Aunque el sacrificio de la Misa tenga en sí un valor infinito, en razón de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, los efectos que produce en nosotros son siempre finitos a causa de los límites mismos de la criatura y de los límites mismos de nuestra disposición interior.
Gran número de teólogos, inspirándose en los textos de Santo Tomás, dicen: El efecto de cada Misa no está limitado por la voluntad de Cristo, sino tan sólo por la devoción de aquellos por los que se ofrece. Una sola Misa ofrecida por cien personas, puede serle provechosa a cada una, del mismo modo que si hubiese sido dicha sólo por una. La razón estriba en que la influencia de una causa universal sólo está limitada por la capacidad de los sujetos que la reciben. Así, el sol ilumina y calienta en un solo lugar tanto a mil personas como a una sola. La influencia de la Santa Misa en nosotros no está pues, limitada más que por la disposición y el fervor de quienes las reciben.
El sacrificio de la Misa, que perpetúa en sustancia el de la Cruz, es de un valor infinito para aplicarnos los méritos y las satisfacciones de la Pasión del Salvador.
Es esto lo que explica la práctica de la Iglesia, que ofrece Misas por la salvación del mundo entero, por todos los fieles vivos y difuntos, por el Soberano Pontífice, los jefes de Estado, los obispos, sin limitar sus intenciones. Actuando así, la Iglesia no piensa en modo alguno que la Misa sea menos provechosa para aquél por quien se aplica especialmente.
En la Misa Cristo sigue ofreciéndose por acto teándrico [acto divino-humano], de valor infinito para aplicarnos los frutos de su Pasión. El límite no proviene de Él, sino sólo de nosotros, de nuestras disposiciones y de nuestro fervor. Como dice Santo Tomás de Aquino, igual que uno recibe más el calor de un hogar si se aproxima a él, así nosotros nos beneficiamos tanto más de los frutos de una Misa a la que asistimos con más espíritu de fe, de confianza en Dios, de amor y de piedad.

La Misa facilita nuestra conversión
En tanto que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados; no se dicen en vano estas palabras antes de la Comunión: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. ¡Cuántos pecadores, asistiendo a Misa, han encontrado allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración de hacer una buena confesión de toda su vida!
Por razón de que la Misa facilita el arrepentimiento, se sigue que puede ser ofrecida por pecadores incluso endurecidos e impenitentes a los que no se podría dar la Comunión. El santo Sacrificio puede obtenerles suficientes gracias de luz y de conversión. Incluso puede ser ofrecido, como el de la Cruz, por todos los hombres vivos, incluso por los infieles, los cismáticos, los herejes, siempre y cuando no se ofrezca por ellos como si fuesen miembros de la Iglesia. Con esta idea, el Padre Charles de Foucauld, eremita del Sahara [África], celebraba a menudo la Misa por los musulmanes a fin de preparar sus almas para recibir más tarde la predicación del Evangelio

La Misa neutraliza al demonio
El espíritu del mal nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen a ella con espíritu de fe. Cuando el enemigo del bien choca con un obstáculo insuperable, es que en una iglesia, un sacerdote consciente de su propia debilidad y de su pobreza, ha ofrecido la omnipotente Hostia y la Sangre redentora. Hay que recordar el caso de santos que, asistiendo a Misa, en el momento de la elevación del cáliz, han visto desbordarse la preciosa Sangre y deslizarse por los brazos del sacerdote, y los ángeles venir a recogerla en copas de oro para llevarla a aquellos que tienen mayor necesidad de participar en el misterio de la Redención.

La Misa disminuye nuestro purgatorio
El sacrificio de la Misa no sólo perdona nuestros pecados, sino la pena debida a nuestros pecados perdonados, ya se trate de vivos o muertos por quienes se ofrece el sacrificio. Este efecto es infalible; sin embargo, la pena no siempre es perdonada en su totalidad, sino según la disposición de la Providencia y el grado de nuestro fervor. Así se verifican las palabras: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz.
De aquí no se sigue que los difuntos que han dejado mucho dinero para que se digan numerosas Misas por su intención, sean librados más rápidamente del purgatorio que los pobres que no han podido dejar nada o casi nada; pues esos pobres, teniendo quizá menos deudas con la Justicia divina, puede ser que hayan sido mejores cristianos y participen más del fruto de las Misas dichas por todos los difuntos y del fruto general de cada Misa.
Finalmente, el sacrificio de la Misa nos obtiene los bienes espirituales y temporales necesarios o útiles para nuestra salvación. Así, conviene, como lo recomendó el Papa Benedicto XV, celebrar Misas para obtener la gracia de una buena muerte, que es la gracia de las gracias, de la que depende nuestra salvación eterna.
Conviene que al asistir a Misa, nos unamos, con gran espíritu de fe, de confianza y de amor, al acto interior de oblación que perdura siempre en el Corazón de Cristo. Mientras más nos unamos así a Nuestro Señor en el momento de la Consagración, la esencia del sacrificio de la Misa, mejor será nuestra Comunión, que es una perfecta participación en ese sacrificio.
Ofrezcamos igualmente las contrariedades cotidianas; será la mejor manera de llevar nuestra cruz, tal como el Señor lo ha pedido.
¡Quiera Dios que tengamos el pensamiento y la fortaleza de renovar esta oblación en el momento de nuestra muerte, de unirnos entonces, por medio de un gran amor, a las Misas que se celebrarán, al sacrificio de Cristo perpetuado en el altar! ¡Podríamos hacer así, del sacrificio de nuestra vida, una oblación de adoración reparadora, de súplica y de acción de gracias, que sea verdaderamente el preludio de la vida eterna!
Los fieles que poco a poco, dejan de asistir a Misa pierden progresivamente el sentido cristiano, el sentido de las cosas superiores y de la eternidad. Hay que encomendar las parroquias y las comunidades donde no se celebra Misa sino de tarde en tarde a aquellos santos del cielo que recibieron el carácter sacerdotal, en particular al alma del Santo Cura de Ars, para que desde arriba, vele sobre los rebaños sin pastor, para que interceda y obtenga a los agonizantes que no son asistidos la gracia de la buena muerte. Hay que pensar en ello a menudo al asistir al santo Sacrificio, y puesto que cada Misa tiene un valor infinito, hay que pedir que ésa a la que asistimos resplandezca allí donde ya no se celebra, donde poco a poco se pierde la costumbre de asistir a ella. Pidamos a Nuestro Señor que haga germinar vocaciones sacerdotales en esos medios; pidámosle sacerdotes, santos sacerdotes, cada día más conscientes de la grandeza del sacerdocio de Cristo, para que sean sus celosos ministros que solo vivan para la salvación de las almas. En los periodos turbulentos la Providencia envía innumerables santos; por eso es necesario pedir al Señor que envíe al mundo santos que tengan la fe y la confianza de los Apóstoles.

"El Salvador y su amor por nosotros" - R. Garrigou-Lagrange O.P., (Colección Patmos, ed. Rialp, Cap. XIV).

domingo, 29 de octubre de 2017

DOMINGO DE CRISTO REY



Hoy 29 de octubre, celebramos la Fiesta Cristo Rey, que se celebra el domingo anterior al día de Todos los Santos (1 de noviembre), según lo promulgó S.S. el Papa Pío XI en la Encíclica "Quas primas" el 11 de diciembre de 1925.
Esta Encíclica fué escrita con motivo del año Jubilar que marcaba el XVI Centenario del Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Nicea, en el cual se definió y proclamó el dogma de la consubstancialidad del Padre y el Hijo, y en el que se añadió al Credo la frase "y su reino no tendrá fin", estableciendo así la realeza de Nuestro Señor Jesucristo.
La Fiesta fue una respuesta al aumento de la secularización, el ateísmo y el comunismo.
Mientras que el mundo les dice cada vez más elocuentemente a los cristianos que deben compartimentar su religión y dar su mayor lealtad al gobierno, el Papa Pío XI escribió sobre la fiesta:
"Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad.
Si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía.
Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo.
Es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos.
Es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido.
Es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo, como armas de justicia para Dios, deben servir para la interna santificación del alma.
Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección".

domingo, 13 de marzo de 2016

PRIMER DOMINGO DE PASIÓN (I clase, morado) Sin Gloria, Tracto, Credo y Prefacio de la Santa Cruz.


«Padre, si es posible, pase de mí este cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Los últimos días que nos separan del arresto de Jesús nos lo muestran objeto constante del odio de sus enemigos; pero ¡qué divina grandeza en ese ir él mismo a su pasión, como dueño de los acontecimientos! Tiene a raya a sus adversarios, seguro de «su hora», en que realizará la redención por su obediencia al Padre y la efusión de su sangre. Avanzan del Rey las banderas y brilla el misterio de la cruz; donde la Vida halló muerte, allí su muerte dio vida.» (Himno de vísperas.) La Iglesia, en el vestíbulo de estos grandes días, nos muestra en Jesús a la víctima inmaculada del sacrificio que se pre­para y también al vencedor de la muerte, al príncipe de la vida. Sólo en Cristo piensa la Iglesia. Continúa ofreciendo a Dios la penitencia cuaresmal de sus fieles; mas su atención se concentra en la Pasión del Señor, de quien nos viene la salud. Lo reflejan particularmente los cánticos de las misas de ambas semanas. Los tex­tos están casi siempre en primera persona de singular: Cristo solo habla. . Él asume la plegaria y los lamentos de todos. Es el justo perseguido, aterrado por la muerte próxima, amenazado por los pecadores, quien pide gracia y justicia.


Se da a esta Domínica en nombre de Domínica de Pasión, porque en ella nos invita la Iglesia a que consideremos de un modo especial los sufrimientos de Jesucristo. El mismo hecho de haber escogido para lugar de la estación la Basílica de San Pedro, uno de los más augustos santuarios de la ciudad de Roma, nos indica claramente la importancia que a tal día atribuye la Liturgia. Estando él consagrado a la memoria de los padecimientos sufridos por Jesucristo, ha procurado la Iglesia que todos sus ritos, las lecciones del Oficio divino, los cantos de la santa, Misa, nos moviesen a dolor, a la penitencia y a la oración. La misma supresión del Gloria Patri que rezamos en el Introito de todos los domingos de Cuaresma, nos muestra los sentimientos de tristeza que embargan a la mística Esposa de Jesucristo. Propio es también de este tiempo el velar las imágenes de los Santos, y la del mismo Crucifijo. Dieron motivo a esto último las palabras que en este día leemos en el santo Evangelio: Mas Jesús se escondió y huyó del templo. En el Introito implora el Mesías el juicio de Dios en prueba de su santidad y como protesta de la sentencia que han de pronunciar contra El los hombres. Declara también su confianza en el socorro de su Padre, el cual, después de las angustias, ignominias y dolores de su Pasión, le admitirá triunfante en la gloria.
Recordando la Iglesia que uno de los fines de la Cuaresma consiste en la completa y espiritual reforma de sus hijos, pide a Dios en la Colecta que se digne atenderles propicio, dirigiendo su cuerpo y guardando que todo mal su alma. En la Epístola nos enseña a qué precio nos rescató Jesucristo de la muerte y del pecado. Todos habíamos, por el pecado original, perdido el derecho a la herencia de Dios y a la promesa de Señor, que acompaña a la gracia; pero, por la muerte expiatoria de Jesús, nos hicimos de nuevo hijos de Dios y capaces de su divina herencia. Cristo es como el testador a quien heredamos. Muriendo y reconciliándonos, nos deja una infinita herencia: la gracia y la gloria. En el Gradual y en el Tracto se nos muestra cuanto haya costado nuestra redención al divino Salvador, cuya santidad, inocencia y virtud nos predica el santo Evangelio, lo mismo que la malicia y el odio de sus enemigos. Ambas circunstancias aumentan el valor del sacrificio. Uniéndonos y participando del inocente Cordero que por nosotros se inmola, conseguiremos vernos libres del pecado y ser objeto de las complacencias de Padre celestial. Esto pide la Iglesia en las Oraciones, especialmente en la Secreta y en la Poscomunión. En la Antífona que se canta a la Comunión, se nos recuerda, con las palabras del mismo Jesucristo, la institución del augusto sacrificio que acaba de celebrarse, y del que la Iglesia quiere frecuentemente participemos en memoria de la Pasión del Salvador, como El mismo nos lo manifestó al quedarse con nosotros en Eucaristía.

miércoles, 24 de junio de 2015

ES LO QUE MÁS DESEAMOS Y HACEMOS VOTOS PARA QUE PRONTO JORGE BERGOGLIO LES DE CARTA DE PLENA CIUDADANÍA, O ESE SELLO QUE TANTO DESEA FELLAY Y QUE EN OTRO TIEMPO EL MISMO MARCEL LEFEBVRE MENDIGABA PARA ESTAR DENTRO DE LA IGLESIA CONCILIAR O MÁS CONOCIDA COMO LA SECTA DEL VATICANO SEGUNDO



EL LEGÍTIMO Y ÚNICO SUPERIOR GENERAL DE LA FSSPX MONSEÑOR BERNARD FELLAY: "LA FRATERNIDAD ESTÁ DENTRO DE LA IGLESIA"




"Y nosotros, sí, hacemos toda nuestra acción -lo digo de nuevo- dentro de la Iglesia. No permitamos a la gente o a los obispos que digan que estamos fuera; no es la verdad. Somos verdaderamente católicos y punto. Que nos den o no el papel, el sello ...bueno ... no digo que no sería importante, no. Es importante el sello pero, si ellos en nombre del falso ecumenismo ponen malas condiciones para recibir este sello, no lo podemos aceptar. Esa es la historia desde hace décadas, y hay que entenderlo bien. Desgraciadamente algunos se han ido y nos han dejado por no entender claramente lo que hacemos. Lo que hacemos es mantener el principio: sí, somos católicos, de modo que es justo y normal el requerir de la autoridad visible, oficial, de la Iglesia Católica, este sello. Así que darnos esto es un acto de justicia.
"Pero sí: hay circunstancias -son sólo circunstancias y no principios- que mientras duren hacen imposible la recepción de este sello Simplemente imposible. Mientras las autoridades romanas requieran de nosotros, para darnos una situación de regularización jurídica, que aceptemos que el Concilio Vaticano II forma parte integrante de la Tradición -esto es, que el Concilio sería tradicional y que, por lo tanto, la misa nueva sería buena- nosotros le decimos a Roma: "Discúlpennos, pero eso no; no lo podemos decir, porque no es verdad".
(Fragmento del sermón de las ordenaciones sacerdotales, Seminario de La Reja, Argentina, 20/12/2014, que publica la revista Iesus Christus en su número 149, Enero-Marzo de 2015)

sábado, 23 de mayo de 2015

¿QUE ES? Y ¿QUIENES SON LOS CATÓLICOS "SEDEVACANTISTAS?


El Sedevacantismo es la posición teológica Católico-Romana que considera la Sede Apostólica de Roma (tanto la diócesis de Roma como el Papado) vacante. Debe su nombre a esta postura.
Los motivos por los cuales se hace dicho planteo refieren a los sucesos acontecidos en la Iglesia Católica Romana a raíz del Concilio Vaticano II, llamado y abierto por Juan XXIII (Angelo Roncalli), continuado y cerrado por su sucesor Paulo VI (J.Baptista Montini). Dicho concilio estipuló en sus actas la libertad religiosa (Ver declaración NOSTRA AETATE y POPULORUM PROGRESSIO), reformas eclesiásticas y eclesiológicas (concibiendo que la Iglesia de Cristo subsiste en -subsistit in- la Iglesia Católica Romana y no es directamente la misma, ofrenciendo legitimidad a las iglesias cismáticas y consideradas heréticas, como ejemplo). Otro de los temas más importantes es la promulgación de MISSALE ROMANUM con su NOVUS ORDO MISSAE. Nuevo rito latino para la liturgia que suplantó al codificado en el Concilio de Trento por el Papa San Pío V.
Se niega como valido el pontificado de Juan XXIII, PAULO VI, JUAN PABLO I, JUAN PABLO II, BENEDICTO XVI y FRANCISCO Iº por haber realizado el concilio y/o mantener las posturas del mismo en vigencia con la consecuente adhesión filosófico-teologica a su doctrina y lineamientos.
Considera heréticos los planteos de los anteriores nombrados.
Declara la Silla de Pedro vacante y por consiguiente la inexistencia de jurisdicción episcopal (dada a los obispos por el Pontífice Romano).

Sus más importantes teóricos y defensores entre otros fueron:
Mons. Piere Martin Ngo Dhin Thuc (Arzobispo de HUE, Vietnam, y Bulla Reggia, Italia). Mons. Moises Carmona (Acapulco México) R.P Joaquín Saenz y Arriaga (S.J) Sacerdote Mejicano. R.P Noel Barbará. Francés. Dr. Eberhardt Heller (director de la revista alemana EINSICHT). Dr. Carlos A. Disandro (Dr en Letras, escritor y filósofo argentino).
Ente otras tantas, las fuentes para las declaraciones del sedevacantismo se encuentran en:
La Bula Cum Ex Apostolatus Offitio - Paulo IV Bula Quo Primum Tempore - San Pío V Código de Derecho Canónico (1917) Promulgado por Benedicto XV (Giaccomo della Chiesa). De Romano Pontífice - San Roberto Bellarmino. Canónigo Jesuíta y Doctor de la Iglesia. Diversos escritos de los Padres de la Iglesia. Encíclica Mediator Dei - Pío XII (Eugenio Pacelli)
Reconoce la doctrina imperante en la Iglesia Romana como Modernismo, herejía reciente denunciada por el Papa San Pío X (José Sarto) como la más peligrosa y horrenda de todas.

Actualmente cuenta con varios religiosos (sacerdotes, obispos, religiosos y religiosas), cientos de miles de fieles alrededor del mundo, capillas, iglesias, seminarios, conventos y monasterios.
Entre los defensores y teóricos del Sedevacantismo en la actualidad se podrían contar a:
Bishop Louis Vezelis http://friarsminor.org/ , OFM. CMRI (Congregación María Reina Inmaculada http://www.cmri.org/ ). Mons. Mark Pivarunas. SSPV (Sociedad San Pío V Mons. Kelly http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_San_P%C3%ADo_V ). SRSLRF (Sdad, Relig. San Luis Rey de Francia en Bs. As. Argentina http://capillavedia.blogspot.com.ar/).  Rama Coomaraswamy. FSVF (Mons. Squetino Mexico http://fundacionsanvicenteferrer.blogspot.com.ar/ ) UST (obispo Dávila http://www.obispoenmisiones.com/) Entre otros.